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¿Y si sí?

Futuros, verosimilitud y bucles de confianza.

Jorge Camacho · 2026-07-05 14:14 · 11 claps · 7.0 min read
#futuro #hiperstición #futbol #mexico
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¿Y si sí?

Futuros, verosimilitud y bucles de confianza.

Futuristas 🤝 Mexicanos: ¿Y si sí?

Futuristas 🤝 Mexicanos: ¿Y si sí?

En medio de la fiebre mundialista, ayer publiqué en Instagram la ocurrencia que copio arriba. La pensé como un chiste local para ese grupo pequeño que se encuentra en la intersección de dos conjuntos: (1) aquellos familiarizados con conceptos básicos de futuros y (2) aquellos contagiados, o al menos familiarizados, con la frase viral que ha expresado la esperanza de los mexicanos de tener éxito en la Copa Mundial de la FIFA 2026. Resulta que ese grupo es un poco más grande de lo que yo esperaba, así que aprovecho la oportunidad para profundizar un poco más en la imagen y regresar a un tema que me ha interesado desde hace tiempo: el poder de las creencias para incidir en la realidad.

Cabe aclarar que este no será un texto sobre futbol, tema del que sé lo poco que se esperaría de alguien que prácticamente solo lo ve cada cuatro años. Además, lo publico hoy, antes del partido entre México e Inglaterra, un poco con la esperanza de que la dinámica que describo abajo siga operando para contribuir con al menos un éxito más. 🤞

Como muchos otros mexicanos, hace una semana apenas había escuchado la frase “¿Y si sí?” en su contexto futbolístico. Según este recuento, tampoco tiene tanto tiempo. Surgió hace apenas dos meses en una entrevista con el entrenador de Pumas en la antesala de la final de la Liguilla del Clausura 2026. Como explican ahí: “A diferencia de otros discursos, no prometía un campeonato ni aseguraba resultados. Solo planteaba una posibilidad.”

La afición mexicana retomó esta idea, “la de creer sin garantías”, en los días previos al inicio de la Copa Mundial, ante las bajas expectativas sobre el desempeño de nuestra selección. “¿Y si sí? ¿Y si Pumas es campeón?” se convirtió en “¿Y si sí? ¿Y si México es campeón?”. Conforme ha avanzado el torneo y, sobre todo, después de la victoria de México ante Ecuador, que le dio el pase a los octavos de final, la frase ha cobrado cada vez más fuerza.

Para mis ojos de “futurista”, la frase es un excelente ejemplo de un escenario futuro altamente deseable (desde luego, para nosotros, mexicanos), a pesar de ser altamente improbable: el mejor resultado de México en los mundiales ha sido llegar a cuartos de final. Por eso la conecté con el famoso cono de futuros.

Para mi post, elegí un dibujo original de Stuart Candy, que apareció originalmente en su tesis doctoral de 2010. Lo elegí por su estética informal, a pesar de que deja fuera una de las cuatro categorías incluidas en la versión del framework visual que Joseph Voros, otro futurista australiano, popularizó en 2001. Dicha visualización (que, a su vez, se basa en otra de Trevor Hancock y Clement Bezold, a partir de una categorización propuesta por Norman Henchey en 1978) expresa con claridad una premisa central de los Estudios de Futuros y de la Prospectiva Estratégica: “el futuro” no existe; lo que existe es un espacio de posibilidades o futuros alternativos. Así, no deberíamos imaginar una línea que se extiende desde el presente hacia el futuro, sino un cono de posibilidades que se abre hacia adelante.

El “cono de futuros” clásico de Joseph Voros (2001).

El “cono de futuros” clásico de Joseph Voros (2001).

En la versión clásica de Henchey/Voros, dividimos ese espacio en cuatro grandes clases de futuros. La clase más grande, que incluye a todas las demás, es la de futuros posibles; incluye todos los futuros que podamos imaginar, sin importar qué improbables o increíbles nos parezcan. Los siguientes, los futuros verosímiles (en inglés, plausible), son aquellos que “podrían suceder” según nuestro conocimiento actual. Estos son, a grandes rasgos, los futuros creíbles. Después están los futuros probables, aquellos que esperamos (en el sentido de expectativa, no de deseo) que ocurrirán si consideramos las tendencias actuales. Finalmente, la cuarta clase es los futuros preferibles, es decir, aquellos que queremos que sucedan.

En los últimos quince o veinte años, el cono se ha convertido en un verdadero meme. Ha surgido un sinfín de variaciones. En una versión más reciente, Voros agregó dos categorías adicionales. Otros han agregado un cono de pasados, algo que a mí siempre me ha resultado un poco absurdo. En respuesta, alguna vez propuse, un poco en serio y un poco en broma, un “cilindro” de futuros. Simone Rebaudengo llegó a una idea similar y la llamó “burrito de futuros”. Y así, como suele ser el caso con otros similares (por ejemplo, el Doble Diamante o el Modelo del Iceberg), un marco visual útil por su simplicidad ha sido abusado de, criticado y modificado hasta el cansancio. El propio Candy, hace algunos años, y haciendo un guiño a Star Wars, habló de un ataque de los conos.

Stuart Candy hablando sobre el “ataque de los conos”. Fuente: My top talks from Interaction 20.

Stuart Candy hablando sobre el “ataque de los conos”. Fuente: My top talks from Interaction 20.

Considerando esa pesadez académica, se siente bien sacarlo de ese contexto para iluminar algo tan aparentemente alejado como la Copa Mundial. De igual forma, es refrescante pensar en lo que ese framework representa desde la pasión por el futbol. En el fondo, es muy sencillo: “¿Y si sí?” representa el punto en el que un futuro pasa de la cuarta a la tercera clase, es decir, cuando una posibilidad se vuelve verosímil.

Al inicio del Mundial, la frase representaba esa creencia sin garantías, una mera fantasía. El 2–0 a Sudáfrica nos enganchó. El gol de Romo, aunque un poco atropellado, y la atajada del “Tala”, ambos ante Corea del Sur, nos hicieron engancharnos aún más. El 3–0 a Chequia nos hizo olvidar el “ya merito” sin caer del todo en el más esperanzador “sí se puede”. Los golazos de Quiñones y Jiménez nos instalaron en el idilio en el que estamos hoy.

Fuente: miseleccionmx

Fuente: miseleccionmx

“¿Y si sí?” no es solo un excelente ejemplo de un futuro posible y preferible que se vuelve verosímil. Es, además, un excelente ejemplo de ese fenómeno interesantísimo que se conoce como las profecías autocumplidas o, en el argot del *Cybernetic Culture Research Unit *(CCRU), “hipersticiones”, un tema que exploré con mayor profundidad aquí:

[embed]Cultivating Hyperstitions On images of the future as cybernetic belief systemsmedium.com

Como explicó hace años el ahora infame Nick Land:

La hiperstición es un circuito de retroalimentación positiva que incluye la cultura como componente. Puede definirse como la (tecno)ciencia experimental de las profecías autocumplidas. Las supersticiones son meras creencias falsas, pero las hipersticiones, por su mera existencia como ideas, funcionan causalmente para generar su propia realidad.

En muchas ocasiones, las profecías autocumplidas o hipersticiones operan a través de pasiones tristes como el miedo. El ejemplo clásico es un pánico bancario: algo sucede que lleva a la población a temer un posible impago por parte del banco; temerosa, la gente acude en masa a retirar su dinero y, dado que los bancos operan con una reserva fraccionaria, ello provoca el temido impago.

Sin embargo, las hipersticiones también pueden operar a través de una pasión alegre, a saber, la confianza. El difunto Mark Fisher, contraparte luminosa del oscuro Land en el CCRU, lo explicaba así:

La confianza es esencialmente hipersticional: aumenta inmediatamente la capacidad de actuar, la capacidad de actuar aumenta la confianza, y así sucesivamente; una profecía autocumplida, una espiral virtuosa.

El motor que ha impulsado la viralización del “¿y si sí?” es un bucle de retroalimentación positiva entre el desempeño de la selección mexicana y la confianza que tienen ellos y el resto de los mexicanos en su capacidad.

Un bucle de refuerzo entre el desempeño y la confianza. (Caual loop diagram hecho en LOOPY).

Un bucle de refuerzo entre el desempeño y la confianza. (Caual loop diagram hecho en LOOPY).

Lo emocionante del caso es que, como en toda hiperstición, este circuito no solo incrementa la verosimilitud (en inglés, plausibility) del futuro preferible, sino que, de verdad, incrementa su probabilidad. Por ejemplo, según las predicciones del periódico El País, que convenientemente permiten al usuario rastrear las probabilidades de cada selección para cada fecha del torneo, México ha pasado de la decimoquinta a la duodécima posición desde que comenzó la Copa Mundial. Aún estamos lejos de Francia o de Argentina, pero… ¿y si sí?

Tabla de predicciones de El País

Tabla de predicciones de El País

Para finalizar, un par de comentarios importantes. Por un lado, a riesgo de caer en una postura irracional o supersticiosa, es importante aclarar algo obvio: el mecanismo descrito arriba es solo uno de los factores que intervienen para lograr el éxito. La capacidad, mucha o poca, de la selección no depende solo de su confianza sino de una larga lista de variables: sus historias y talentos individuales, su historia colectiva, los recursos a su alcance, etc. Además, del otro lado hay rivales con su propio circuito de confianza y desempeño. Más allá están otros factores como la sede, la altitud, el clima, la participación a veces sospechosa de la FIFA, la misma suerte, etc. Diría yo, entonces, que el bucle de refuerzo entre el desempeño y la confianza es un factor necesario, pero insuficiente para alcanzar ese futuro preferible.

Por otro lado, la popularidad del “¿y si sí?” también es una oportunidad para preguntarnos en qué otros ámbitos ya operan o podríamos cultivar hipersticiones positivas o chingonas, como dije en una charla hace ya algunos años, en un guiño a otra famosa arenga futbolística mexicana.

En estos días, en México, se ha discutido mucho sobre la dimensión política del Mundial, sobre los poderes que convoca, sobre lo que oculta y lo que revela de nuestra realidad. Igual que sucede con el éxito de nuestra selección de futbol, hay muchos factores que definirán el futuro de nuestro país: desigualdades y polarizaciones, recursos disponibles, extraños enemigos, retos planetarios, etc. Sin embargo, uno de esos factores, que, como ya dijimos, es insuficiente pero necesario, será la capacidad de algunos para identificar y activar esos circuitos en los que algún logro incrementa nuestra capacidad de actuar y, por lo tanto, la verosimilitud y la probabilidad de mejores futuros.

Por lo pronto, hoy… 💪🤞🇲🇽


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