El peligro de la estupidez.
Debo comenzar diciéndote que la palabra estupidez o estúpido, dependiendo el contexto en el que sea usada, es recibida como una ofensa vil…
El peligro de la estupidez.
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Debo comenzar diciéndote que la palabra estupidez o estúpido, dependiendo el contexto en el que sea usada, es recibida como una ofensa vil y por supuesto es una mala forma de llevar una conversación con alguien si le has calificado así. Porque además siempre para alguien mas seremos estúpidos, pero nunca para nosotros mismos. Así que lo mejor sería comenzar entendiendo que es una estupidez o estúpido y cuando nos encontramos ante ellos. Si continúas leyendo te lo diré y después te explicaré porque lo considero ya un peligro.
Ha sido coincidente entre libro y artículos que he leído que un estúpido deambula entre la definición de:
“Alguien cuya inteligencia se considera reducida y cuyo horizonte mental es limitado”.
Se que dirás que esto es ambiguo, y hasta para mi lo es, pero es un principio para acercarnos a una guía practica que al aplicarla te ayude con una baja probabilidad de error en su identificación.
Mira, imaginemos a cualquiera amigo, coloca aquí el nombre que mejor te parezca. Este amigo realiza un acto del cual podemos evaluar su resultado y entonces indagar si es o no una estupidez, y de no serlo entonces que es. Vamos allá.
· Si el producto de lo que consideramos estupidez realizada por tu amigo, resulta en beneficio de otro, pero en perjuicio de el, entonces estamos ante un incauto o inocente, no un estúpido.
· Pero si entonces el resultado es benéfico para el, así como para los otros. Evidentemente no es un estúpido, sino una persona inteligente. De esos que ya escasean.
· Ahora, si el resultado es algo benéfico para tu amigo, pero en perjuicio del otro. Cuidado. Estamos, no ante un estúpido, sino ante un ser malvado o malintencionado.
· Y entonces, finalmente si el resultado es tanto en perjuicio propio como ajeno, es que quizá si sea un estúpido o una estupidez.
Tengo que aclararte, que todos podemos cometer actos estúpidos, pero no significa que seamos estúpidos. La estupidez no es lo contrario a la inteligencia. De hecho, decía Carlo M. Cipolla que “La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona”. Esto es, hay estupideces o estúpidos con inteligencia innegable que pueden transitar por ese calificativo, pero no permanecer ahí.
Con lo anterior, fundamentalmente una estupidez puede ser también el acto carente de lógica y probable falta de raciocinio.
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Steve Jobs, reconocido por todos como una persona revulsiva en el mundo de la tecnología, fue diagnosticado con cáncer pancreático en octubre de 2003. Jobs era afectado por tumores neuroendocrinos que se forman en las células del páncreas que producen hormonas como la insulina o el glucagón. Sin embargo, al no causar regularmente síntomas, dificulta su detección, siendo la única ventaja que sus células malignas se diseminan mas lentamente y se tienen mas opciones de tratamiento.
Pero Jobs que era practicante del budismo desde su juventud, viajo incluso a la india para su iniciación, creía que la espiritualidad y una dieta sana podrían curarle. Se sabe que su biógrafo oficial explico que este habría rechazado operarse durante mas de medio año, y en lugar de esto apostó por terapias alternativas como la acupuntura a pesar de no tener evidencia científica alguna de que ayudaran a combatir su patología. Y todo, aun cuando su mujer y su entorno más cercano le sugerían apegarse a las recomendaciones médicas. El líder de Apple ignoró todos estos consejos y se considera que el tiempo perdido fue clave en el desenlace de su enfermedad. Sin duda, una estupidez.
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El Titanic se creía era insumergible. Bruce Ismay, el presidente de la compañía propietaria del buque, convenció al capitán Edward John a que ignorara las alertas y continuara navegando mas a prisa. La decisión, precipitó el hundimiento del buque. Los muertos se contaron por cientos y aunque Ismay logro sobrevivir, el resto de su vida dicen que la llevo bajo una severa depresión. Su decisión parece haber sido una estupidez.
Y así en la historia te encontraras estupideces realizadas por personas de indudable capacidad cognitiva pero que en el momento deciden sin lógica y razón alguna.
Quizá uno de los disparadores de los actos estúpidos, es que tenemos un sesgo que nos faculta a sobrevalorarnos. El efecto Dunning y Kruger señala que las personas con alguna habilidad tienden a sobrestimar sus competencias, y al mismo tiempo podrían dejar de reconocer las competencias ajenas, llevándonos a desoír recomendaciones que se nos presentan, aunque tengan fundamento.
Hay que ser cuidadoso de cómo actuar una vez que identificamos encontrarnos frente a una situación estúpida o un estúpido. No intentes razonar con el ni cambiarlo. Porque si pretendes hacerlo, entonces ahora el estúpido serás tu al creer como debería de pensar y comportarse.
Recuerda que el estúpido toma sus creencias como verdades talladas en mármol, olvidando que la construcción del conocimiento se realiza en arena. Sus hábitos de pensamiento están siempre al servicio de la acción y muy pocas veces al de la reflexión pura.
“Mientras menos conocimiento, mas convicciones, y mientras mas conocimiento mayores dudas”. Boris Cyrulnik.
Como has leído, la estupidez camina con nosotros desde las primeras civilizaciones, hay numerosos ensayos y libros que han abordado la estupidez como tema principal tratando de entender los motivos que seducen al hombre para comportarse ocasionalmente ajeno a su capacidad intelectual y sosteniendo decisiones de consecuencias inexplicables. Por ello se dice que la inteligencia califica a las personas y la estupidez solo a los hechos que estos realizan.
Pero el momento en el que vivimos, bien haríamos en reflexionar como la estupidez ha pasado de ser una fisura en la inteligencia, a una forma hasta particular de ejercerla. Hoy considero que la estupidez juega en nuevos terrenos, por llamarlo de alguna manera, y solo citare dos que de verdad me preocupan y considero un peligro.
1.- Las redes sociales.
Es como la democratización de los medios de comunicación, y por eso son llamadas el quinto poder porque justo “empoderan” o habilitan a todo ciudadano quien con un teléfono en mano se vuelve lo mismo reportero, que director técnico de futbol, critico de cine y hasta columnista político y económico. No hay problema irresoluble para el comunicador detrás de un pequeño aparato y utilizando como megáfono las redes sociales actuales.
Mira, números rápidos. El 64.4% de los habitantes del planeta tiene acceso a internet, y de ese porcentaje, solo el 5% no tiene alguna identidad en redes sociales, pero esto no tarda en equipararse. Es decir, por ahora, casi todos estamos en alguna red social.
El problema no es la tecnología, ni que todos tengan acceso a ella. El problema es que estamos extraviando su utilidad y uso. Hablo de nosotros y del algoritmo que busca captar nuestra atención en redes sociales y llevarnos a realizar estupideces.
Las redes sociales, que no estaría mal llamarles redes banales, nacieron como plataformas de conexión y contenido entre usuarios, y han pasado de ser un espacio donde poder encontrar publicaciones de amigos y familiares cercanos, al consumo de contenido viral de personas que en la mayoría de los casos desconoces.
Hoy las redes sociales, utilizan distintas métricas en sus algoritmos teniendo como propósito principal el que pases mas tiempo “enganchado” en su plataforma. Veras que casi todas han tratado de seguir el patrón de consumo de su competidor chino (tiktok), el cual presta mucha atención al contenido creativo, y entre mas viral mejor.
Y es esta atracción por ser viral que nos ha lanzado a retos o desafíos que no en pocas ocasiones arriesga la vida. El grupo objetivo de esto retos son mayormente los adolescentes, que adicional a que tienden ser impulsivos, la parte racional de su cerebro aun esta en desarrollo y suelen no medir consecuencias. Esto es, los adolescentes por la etapa que transitan son proclives a cometer mas estupideces.
· “El reto de la ballena azul”. Un desafío de tareas diarias que llevaba a los participantes a incrementar el riesgo hasta concluir en suicidio.
· “Desaparecer 48 horas”. Irte de casa sin avisar a familiares ni conocidos para provocar la mayor alarma posible.
· Quien duerma hasta el final gana. Un reto donde los jóvenes son desafiados a tomar el ansiolítico rivotril y ver quien es mas resistente a sus efectos y evitar caer dormido.
· El juego de la muerte. Consistente en asfixiar a otra persona hasta que cae inconsciente.
· Vodka en el ojo. Desafío de embriagarse lo mas rápido posible al depositar este licor en el ojo bajo la creencia de que el alcohol llega mas rápido al torrente sanguíneo por medio de las venas oculares.
La lista puede ser mayor pero no perdamos de vista la conexión entre hechos que bajo cualquier juicio, menos el de los participantes, son actos ilógicos y alejados de razón. Estupideces.
2.- Manipulación de la realidad.
La estupidez, no es un monopolio de los medios tradicionales de comunicación, es ahora hasta una pandemia en redes sociales, donde su difusión masiva los convierte en una especie de nueva fuerza política.
Buscamos en redes sociales la información que nos actualice la realidad de lo que pasa en el mundo, pero hemos dejados de ser racionales para no dar credibilidad a los hechos y datos duros. Es decir, ya no es tan relevante si los números me dicen que en el país la economía, la seguridad o la salud no caminan correctamente. Ahora nuestra interpretación esta sujeta al contador de historias que, apelando a nuestras emociones, crea una narrativa paralela a la realidad y lo peor, le creemos. Una autentica estupidez.
Bajo nuestro consentimiento, se ha instalado la era de la posverdad: Corriente donde la información o datos objetivos tienen menos importancia que las opiniones o emociones que suscita. Es distorsionar intencionada y deliberadamente la realidad. Manipular creencias o emociones con el fin de influir en la opinión pública y el manejo de grupos sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad. Y nosotros inocentes creyentes.
“No somos seres racionales, sino seres emocionales que ocasionalmente razonamos”.
En la era de la posverdad, quien la practica se encarga de repetir su narrativa hasta permearla entre sus seguidores, incluso si medios de comunicación o expertos independientes demuestran que sus afirmaciones son falsas.
Así, un practicante de la posverdad sabe que puede incluso manipular hechos del pasado, ir hasta atrás en la historia, regodearse entre datos y convertirlos en una nueva historia que creas y sientas que te duele como si hubieras estado ahí. Y de ese modo, puedas hasta ondear banderas o movimientos que te fueron ajenos.
No es la razón, es la emoción, lo que guía ahora la opinión pública. Y no hay evidencia que pueda ante una creencia por mas ilógica e irracional que parezca (estupidez). Así, por ejemplo, muchos se convencieron de que ingerir cloro eliminaría el COVID-19 de su cuerpo, aunque esto generara una ola de intoxicados, y a pesar que las autoridades sanitarías salieran a alertar de esta incorrecta información, y que el autor de ella haya dicho que era un sarcasmo y que no debían tomar la recomendación de forma literal. Ya sabes de quien hablo.
La consecuencia de despojarnos de nuestras herramientas de razonamiento, es que vamos moldeando nuestras creencias y se exacerban gracias a que en la era de internet y redes sociales, la facilidad de compartir contenido y la rapidez de su difusión se alinea con estas creencias. Con esto, moldeamos un nuevo estilo en los medios de comunicación, donde se preocupan mas en darle a cada quien su verdad que la verdad de manera objetiva.
¿Hay esperanza frente a la estupidez?
Bueno, para concluir, aunque no se si esta advertencia debí haberlo escrito al principio. Recuerda que identificar a alguien como “estúpido” es un término subjetivo (hasta que no tengas pruebas) y puede ser perjudicial, ya que juzgar a las personas de esa manera no promueve un diálogo constructivo ni el entendimiento mutuo. En lugar de etiquetar a alguien como “estúpido”, asegúrate de que lo es, y no es tan difícil porque su pensamiento siempre es cuadrado, todo es blanco o negro. No hay matices.
Siempre hay esperanza, sobre todo para las cosas que consideramos una amenaza a la continuidad de nuestra civilización o al menos para el estado de bienestar que hasta ahora hemos alcanzado de manera general.
Pero si deseamos ser positivos ante lo negativo, aunque con un toque de realidad. Lo menos que puedes haces frente a una estupidez o al propietario de ella es, practicar:
· Empatía- Entiende el punto de vista ajeno. La falta de entendimiento puede deberse a diferencia entre experiencias, conocimiento o valores.
· Comunicación clara- Exprésate de forma clara, pero asegúrate de escuchar con atención la idea de los demás.
· Preguntar reflexivamente- Que tus preguntas fomente el pensamiento critico en lugar del juicio. Esto puede ayudarte a identificar el fondo de las causas y la lógica del otro.
· Respeto — Aunque sientas necesidad de jalarte los cabellos. Un día podrías ser tu el necio o el estúpido, así que ante todo mantén respeto para lograr un dialogo constructivo.
· Enfocarse en las ideas — Discute eso, las ideas no las personas. Te aseguro que esto te evitara confrontaciones innecesarias.
La estupidez existirá hasta el final de nuestras vidas, pero se trata que como la corrupción, la mantengamos alejada de muchos y que sea una practica de pocos. Evitemos la formación de una “estupidocracia” y atrevámonos a disentir con argumentación y sustento. Un poco de irrespeto a tanta jerarquía y la falsa ilusión de los consensos nos haría mas reflexivos y cercanos al sentido critico.
Mira, al final el propósito de la discusión y el argumento no es el triunfo individual sobre el otro, sino el progreso colectivo. Cuesta trabajo, pero no queremos que la estupidez nos lleve a que cada vez se construyan mas islas de pensamiento, antípodas alimentando conflictos. Pero sobre todo fracturas sociales que costará décadas sanar. ¿Qué piensas?
메타데이터
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- 2026-09-07 07:29:03