La sabiduría del Libro Rojo de Carl Gustav Jung
El Liber Novus –también conocido como el Libro Rojo– es quizá la obra de Carl Gustav Jung más profunda y reveladora de las “imágenes…
La sabiduría del Libro Rojo de Carl Gustav Jung
El Liber Novus –también conocido como el Libro Rojo– es quizá la obra de Carl Gustav Jung más profunda y reveladora de las “imágenes internas” del psicoanalista suizo, de aquella “materia originaria” de la que después se serviría para elaborar gran parte de sus heterodoxas teorías. De difícil categorización, esta obra –un manuscrito encuadernado en cuero rojo– contiene, de forma semejante a los manuscritos iluminados, numerosas ilustraciones de las visiones de Jung que, según algunos, no serían más que el resultado de un brote psicótico. En palabras de Jung, “si ingresas en el mundo del alma, entonces estás como loco, y un médico te tomaría por enfermo”. No obstante, estas visiones fueron para Jung una suerte de premonición del estallido meses después de la Primera Guerra Mundial.

Credit: Carl Jung
En esta obra, Carl Jung emplea el método de la imaginación activa, mediante el cual dialoga con las imágenes inconscientes de la psique, accediendo así al inconsciente. De ahí que gran parte del libro consista en una mezcolanza de ideas abstractas e inconexas, imágenes varias y un discurrir de la palabra que resulta a veces extravagante, y de ahí precisamente que el resultado sea una variedad de temas y motivos tan diversos, de los cuales examinaremos aquí solo una ínfima parte.
En cualquier caso, el Libro Rojo contiene reflexiones y semillas de sabiduría que animan a meditar y que reflejan problemas del día a día, pese a tener esa dimensión casi mística y espiritual. Y es que como dijo en esta obra su autor, “también las estrellas eternas son cotidianas. La cotidianeidad es la gran ama y la esencia de la divinidad”.
Frente a las burlas
Jung dibuja una oposición entre la astucia y la candidez. Esta oposición resulta fundamental para entender la actitud vital que se debe adoptar frente a un tipo de adversidad que quien es lo suficientemente valiente para crear y ser vulnerable encontrará en su camino: la burla.
Es sabido popularmente que la persona cándida es, en ocasiones, el blanco de burlas debido a su carácter crédulo o inocente. Cuando no es objeto de burlas, sufre grandes desilusiones al descubrir la verdadera naturaleza destructora del mundo, como el protagonista de la novela homónima Cándido de Voltaire. Sin embargo, Jung parece hacer un elogio de esta cualidad, asociándola a la sabiduría: “la sabiduría es cándida, no sólo simple”. Este es el motivo, según él, por el que “el astuto se burla de la sabiduría, pues la burla es su arma”.
Pero, además de vincular la candidez a la sabiduría, también la relaciona con la profundidad, o en sus propias palabras, con “el espíritu de la profundidad”. Así, mientras que el espíritu de este tiempo es cambiante –cada época tiene uno– y se sirve de la astucia, el espíritu de la profundidad es, en cambio, cándido. Y esta candidez perdura con carácter universal y vence, sin importar las peculiaridades de cada tiempo, pues “la astucia conquista el mundo, mas la candidez conquista el alma”.
Por otra parte, la persona astuta o con cierta picardía –la que se burla de la vulnerabilidad– es censurada por Jung, y podemos inferir que esta es más débil que la persona cándida, puesto que necesita hacer uso de armas para destruir su candor: “Emplea el arma aguda y envenenada porque está afectado por la cándida sabiduría. Si no lo afectara, no necesitaría el arma”.
Podemos trasladar estas ideas a un ámbito más concreto, más cotidiano, y hablar de cómo la creación artística o la expresión individual genuina suponen exponer una parte vulnerable de nosotros a la crítica –a veces despiadada– de otros. Podemos, también, ensalzar la valentía de quien se atreve a mostrarse de un modo tan personal y cándido a un mundo que se rige por el ardid y el artificio (en definitiva, la astucia).
Y es que quien recibe burlas y críticas, a menudo lo hace precisamente porque está aproximándose a la individuación –aquella encomiable tarea de convertirse en quien se está destinado a ser– y alejándose de su máscara social o persona. Sólo aquel que se ha atrevido a crear –a dejar una huella personal en un mundo tan impersonal– es criticado por los que no se han aventurado a hacer lo mismo. En efecto, asevera Jung lo siguiente:
“cada paso más cercano a mi alma provocaba las risotadas burlonas de mis diablos, de aquellos cobardes murmuradores y envenenadores. Para ellos era fácil reírse, pues yo tenía algo maravilloso que hacer”.
Según Jung todos poseemos cierta candidez e ingenuidad: “recién en el desierto nos percatamos de nuestra espantosa candidez, sin embargo, rehuimos admitirla”. Como no estamos dispuestos a reconocer que somos también vulnerables, “nos reímos en forma burlona” de aquellos que sí lo hacen. Sin embargo, “la burla no alcanza lo cándido. La burla cae sobre el burlador y, en el desierto, donde nadie escucha ni responde, la burla se asfixia en la propia risa lisonjera”. En última instancia, la actitud vital que recomienda Jung frente a la burla es la siguiente: “habéis de burlaros de vosotros mismos y así podréis elevaros por encima de ello”

Credit: Carl Jung
El saber del corazón
Frente a la erudición, Jung plantea la existencia de otro ámbito de conocimiento diferente: la sabiduría del corazón. Según el psicoanalista, “el saber del corazón no se puede encontrar en ningún libro ni en la boca de ningún profesor, sino que crece desde ti, como el grano verde de la tierra negra”. Mientras que esta sabiduría del corazón –del alma– pertenece al espíritu de las profundidades, “la erudición pertenece al espíritu de este tiempo”. No obstante, “este espíritu de ninguna manera capta el sueño, pues el alma está donde quiera que no esté el saber erudito”. Jung recalca que la procedencia de este saber es uno mismo, el propio corazón. Así, asevera que “lo que vosotros necesitáis viene de vosotros mismos, a saber, el significado de las cosas”.

Credit: Carl Jung
La necesidad de vivir
En última instancia, si hay algún mensaje que rescatar del Libro Rojo es que hay que vivir la vida. La experiencia plena es precisamente condición sine qua non para la adquisición del mencionado saber del corazón: “Mas, ¿cómo puedes obtener el saber del corazón? Sólo puedes obtener este saber si vives tu vida por completo”.
En palabras de Jung, “hay que vivir esta vida. Esta vida es el camino, el camino largamente buscado hacia lo inasible, que nosotros llamamos divino. No hay ningún otro camino”. Esta idea está en consonancia con el tópico literario homo viator, que concibe la vida como un camino que ha de ser recorrido y el hombre como su peregrino. A lo largo de este trayecto, el hombre adquiere conocimientos imposibles de obtener de otro modo.
Joseph Campbell describió en El héroe de las mil caras el patrón que seguían los relatos épicos a lo largo de la historia, y todos ellos solían comenzar con una llamada a la aventura. Esto es lo que en cierto modo hace Carl Jung: nos incita a tomar acción, a tomar las riendas de nuestra vida a pesar del miedo, a embarcarnos y ser el héroe de nuestra propia aventura: “Sombras flotan alrededor mío. El miedo me atrapa, pero sé que tengo que entrar”.
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