Vida de alquiler
Fue un paso en tres movimientos. Primero decidirlo, luego decir “ahora”, y finalmente encontrar dónde. Era eso o volverse loca. Eso o…
Vida de alquiler

Imagen de David Clode en Unsplash
Fue un paso en tres movimientos. Primero decidirlo, luego decir “ahora”, y finalmente encontrar dónde. Era eso o volverse loca. Eso o asfixiarse en un ambiente familiar irrespirable. Un día de mayo Heidi se fue a vivir sola, alquilada.
Quizás la historia empezó mucho antes, cuando siendo niña ansiaba — y no tuvo — un cuarto propio, o cuando el preuniversitario becado le enseñó independencia, o cuando ya pudo mantenerse y quiso estar a cargo.
De cualquier manera, en ese momento no podía saber que iba a mudarse cinco veces más, en menos de tres años. “Gitaneo”, le llamaba Heidi al insufrible deja vú de recoger sus bártulos, partir, desembarcar, de nuevo armar el campamento, y así sucesivamente.
Casi ninguno de los caseros tenía licencia para alquilar. Lo suyo era buscarse tranquilos su dinero, sin la complicación de los trámites. Aun con autorizaciones, nunca había un contrato o algo parecido que la protegiera de aquel fatídico “necesito que te vayas”.
Era 2016, y el aluvión de turistas provocó que subieran los precios y disminuyeran los espacios disponibles. Cada mudanza se volvía más y más angustiosa.
Cemento, ladrillo y arena
La vivienda — junto con el transporte y la comida — es de esas cuestiones irresolutas que tienden a la eternidad. “La vivienda es el mayor problema social de Cuba”, afirma el académico Carmelo Mesa-Lago.
En 2020, el fondo habitacional del país abarcaba tres millones 946 747 unidades, de las cuales un millón 452 852 está calificada de regular o mala; mientras el déficit es de alrededor de 863 000 viviendas, según reportes de prensa.
En medio de las carencias, se prioriza a los más desprovistos. Aun con los doce trabajos que había pasado, Heidi no clasificaba como caso social, nunca estuvo albergada, ningún ciclón le voló el techo. Muy a su pesar, comprendía que estaba en lo último de la cola.
El Decreto-Ley 288 de 2011 eliminó las prohibiciones sobre la compra-venta de casas y abrió las compuertas de un incipiente mercado inmobiliario, si es que puede denominarse así. Ricardo Núñez, economista y experto en desarrollo urbano, explica que aquí funciona cierta “espiral especulativa”: el stock de propiedades casi no aumenta, y por lo tanto se sobrevaloran las construcciones y se elevan indiscriminadamente los precios.
Si hubiera que compararla con un lugar, tal vez la burocracia sería un pantano, o un laberinto. Pero su reino absoluto radica en las oficinas de vivienda. Los economistas Roberto Muñoz y Jorge Manuel García precisan que existen 152 normas de rango superior e inferior que regulan esta esfera, lo cual supone paradojas y desencuentros legales.
“Donde hay burocracia hay corrupción. En el sistema de la Vivienda, hay corrupción”, reconoció el presidente Miguel Díaz-Canel, durante la presentación de la Política del área ante los diputados a la Asamblea Nacional, en 2018.
Como otras medidas dentro del sector privado, la liberación de las transacciones inmobiliarias sirvió sobre todo a quienes desde antes se encontraban en mejores condiciones.
“La legalización de compra-venta de casas ha favorecido a un pequeño segmento de la población con alta solvencia económica –concluyen Muñoz y García–. (…) El mercado inmobiliario actual representa un desafío para un ciudadano común en búsqueda de su primera vivienda, porque los precios y valores monetarios practicados, tanto en las permutas como en el sistema de compra-venta, van mucho allá de los ingresos medianos del país”.
Un cachito pa’ vivir
Heidi andaba por la calle goloseando casas ajenas: “mira qué portal más bonito”; “quién tuviera ese balcón”. Imaginaba decoraciones posibles, cuadros, lámparas, la pared del librero, una esquina llena de fotos. Suponía que aquella mezcla de añoranza y obsesión se le quitaría cuando por fin tuviera la suya, su casita.
En realidad, su situación se parece a la de muchos otros (demasiados). De acuerdo con los resultados de varios estudios[1], más de 70 % de los jóvenes encuestados convivía –en diferentes combinaciones– con ambos padres o uno de ellos, también con hermanos y abuelos; incluso personas más alejadas en la línea de consanguineidad.
“La tenencia de una vivienda propia se asocia a la consecución de la independencia, de la identidad, y al logro de la condición de adulto al formar una propia familia”, señala en un artículo la psicóloga Elaine Morales Chuco.
Durante los ratos más amargos Heidi se desesperaba, se enfurecía: “¡Y así quieren que una tenga hijos!”. Tanto pensamiento la llevaba hacia conclusiones terminantes: “Por estas cosas es que la gente se larga de aquí”.
Los amigos de Heidi que vivían solos o con sus parejas habían recibido sus casas de algún familiar. Sin embargo, a ella no le tocó premio en esa rifa. Tener una casa no debería ser cuestión de suerte.
Por tiempo indefinido
Buena parte de los anuncios clasificados indicaba así. “Por tiempo indefinido”, insistía ella y recordaba a Borges. Pues sí, el tiempo no solo existía — entérate, Borges — , sino además costaba. La expresión “llegar a fin de mes” adquirió pleno sentido: qué caro, qué difícil.
Todos los que buscaban alquiler “por tiempo indefinido” deseaban lo mismo que Heidi. Porque el tiempo indefinido es el tiempo de la vida normal. Nadie quiere estar tres meses aquí, dos allá y cuatro en no sé dónde.
Cualquiera de ellos hubiera aceptado abonar cuotas — como mismo pagan la renta — , y así completar algún día el precio de la casa. Pero hasta ahora no hay mecanismos oficiales que amparen esa posibilidad.
En 2018 el Ministerio de la Construcción presentó a la Asamblea Nacional la Política de la Vivienda, según la cual se pretendían construir 527 575 nuevos hogares y rehabilitar 402 120, en un plazo de una década. Pero después vino la “Coyuntura”, la pandemia, otro ciclón…
Dichosos los que lograron su casa en los primeros años; pobres los que se queden de últimos. “Si sigo esperando me pongo vieja”, dice Heidi.
[1] Recogidos en el artículo “Inequidades en la población joven cubana. Desafíos para las políticas de juventud”, Elaine Morales Chuco. En: Retos para la equidad social en el proceso de actualización del modelo económico cubano, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2015.
*La versión original de este texto se publicó en Progreso Semanal.
메타데이터
- post_id
- fba2dfa5afc2
- slug
- vida-de-alquiler-fba2dfa5afc2
- url
- https://medium.com/@eileensosin/vida-de-alquiler-fba2dfa5afc2
- canonical_url
- https://medium.com/@eileensosin/vida-de-alquiler-fba2dfa5afc2
- author_url
- https://medium.com/@eileensosin
- status
- ok
- fetched_at
- 2026-07-13 06:23:13