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Homonacionalismos del capital: El sujeto gay neoliberal y sus fracturas en el escenario posgay

Habitamos un tiempo paradójico donde las victorias aparentes de las luchas por la diversidad sexual coexisten con su captura sistemática…

milo angel · 2025-08-26 17:49 · 0 claps · 9.2 min read
#estudios-cuir #cuir #masculinidad #critical-thinking
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Homonacionalismos del capital: El sujeto gay neoliberal y sus fracturas en el escenario posgay

Habitamos un tiempo paradójico donde las victorias aparentes de las luchas por la diversidad sexual coexisten con su captura sistemática por los dispositivos del capital. El arcoíris, otrora símbolo de resistencia radical, ondea ahora en las corporaciones que precarizan la vida; el orgullo se mercantiliza en festivales que excluyen a quienes no pueden pagar la entrada a su propia liberación. Esta contradicción no es accidental sino constitutiva del modo en que el neoliberalismo metaboliza las disidencias, transformándolas en nichos de mercado y despojándolas de su potencia desestabilizadora.

El texto que sigue propone adentrarnos en lo que podríamos denominar un presentario — ese espacio de exhibición crítica del ahora — donde se despliegan las materialidades y estéticas de la gaycidad neoliberal contemporánea. No es un museo que preserva vestigios, sino un territorio vivo donde se negocian, imponen y resisten los códigos de lo que significa ser un “sujeto gay permitido” en las coordenadas del capitalismo tardío. Un espacio donde el cuerpo masculino gay deviene mercancía, inversión, proyecto de optimización permanente que replica, con inquietante fidelidad, las lógicas mismas del patriarcado que dice combatir.

Este análisis se inscribe en una genealogía crítica que reconoce sus deudas intelectuales y políticas con quienes han cartografiado antes estas tensiones. Particularmente, dialoga con el trabajo fundamental de Marco Chivalán Carrillo y Emmanuel Theumer, cuya conceptualización de la “gaycidad blanca” como dispositivo colonial ilumina las dimensiones raciales y geopolíticas de estas normalizaciones. Su perspectiva nos permite comprender cómo el modelo hegemónico gay no solo reproduce sino que resedimenta — vuelve a solidificar — las estructuras coloniales del poder, exportando desde el Norte Global formas específicas de habitar y entender las disidencias sexuales que arrasan con las resistencias locales, populares, racializadas.

Lo que está en juego en este examen no es menor: se trata de desentrañar cómo una identidad que emergió desde los márgenes para cuestionar el orden sexual dominante ha devenido en muchos casos en su más eficaz reproductor. Cómo el “buen homosexual” — masculino, blanco o blanqueado, consumidor, monógamo, productivo — se constituye en el horizonte aspiracional que disciplina y jerarquiza las formas de vida marica, estableciendo nuevas fronteras entre lo respetable y lo abyecto, lo deseable y lo descartable, lo ciudadano y lo bárbaro.

El cuerpo que emerge de estas coordenadas — musculoso, depilado estratégicamente, eternamente joven, capacitado — no es simplemente una preferencia estética sino un proyecto político que articula clase, raza, capacidad y género en una economía libidinal profundamente excluyente. Es un cuerpo que ha introyectado las lógicas empresariales del neoliberalismo: requiere inversión constante, mantenimiento, actualización, competitividad. Un cuerpo-empresa que debe gestionarse, optimizarse, rentabilizarse en los mercados del deseo.

Frente a este panorama, el texto despliega una serie de interrogantes que no buscan respuestas definitivas sino abrir grietas en lo que parece sólido, fisuras por donde puedan emerger otras formas posibles de habitar las disidencias sexuales. ¿Qué cuerpos quedan fuera del presentario de lo permitido? ¿Qué violencias se ejercen en nombre de la inclusión? ¿Qué futuros se cancelan cuando el único horizonte es la asimilación al orden existente?

La apuesta, siguiendo la potencia de lo que Chivalán Carrillo y Theumer denominan lo “marica” — no como identidad esencializada sino como estrategia de fuga — , es imaginar y construir formas otras de estar juntos que no reproduzcan las matrices de poder que nos oprimen. Se trata de recuperar la capacidad desestabilizadora de las sexualidades disidentes, esa fuerza que no aspira a conseguir un asiento en la mesa del poder sino a voltear la mesa misma y construir otros modos de desearnos, cuidarnos y conspirar por mundos donde la diversidad no sea tolerada como excepción sino celebrada como condición misma de lo viviente.

Este es, entonces, un ejercicio de crítica situada que se sabe parte de las luchas que nombra, que no pretende la distancia aséptica del observador neutral sino que se implica, se compromete, se ensucia las manos en el trabajo colectivo de imaginar y materializar otras formas de vida posibles. Un texto que aspira a ser herramienta para desarmar el presentario neoliberal y construir, con sus fragmentos, caleidoscopios donde brillen todas las formas de la belleza marica que el capitalismo rosa pretende ocultar.

Coordenadas del sujeto gay neoliberal

Pensar en el sujeto gay neoliberal es visitar un presentario[1] que contiene y exhibe las estéticas permitidas y construidas desde una masculinidad gay. Se trata de una subjetividad que, habiendo conquistado ciertos espacios de visibilidad y reconocimiento legal, ha sido simultáneamente capturada por las lógicas del mercado y los dispositivos de normalización que reproducen las estructuras mismas que alguna vez cuestionó.

Este sujeto se articula en torno a un conjunto de prácticas de consumo, estéticas corporales y aspiraciones vitales que lo posicionan como el “buen homosexual”: monógamo, productivo, consumidor, y sobre todo, masculino en los términos hegemónicos del patriarcado. La homonormatividad, como señala Lisa Duggan, opera como un régimen político que no contesta los supuestos e instituciones heteronormativas dominantes, sino que las sostiene y las replica mientras promete la posibilidad de una ciudadanía gay desmobilizada y privatizada. Ser gay y ciudadano de la democracia neoliberal y el capitalismo tardío compromete la existencia identitaria de lo gay y lo vincula con las lógicas de reproducción estética y material del neoliberalismo.

Esto no es una casualidad o una condición aislada, todo lo contrario, pertenece a esencia a la lógica misma de esta identidad, que se reifica así misma con el único objetivo de materializar los valores de dominación, exclusión y exclusividad. El valor y la dignidad de una persona que puede asumirse disidente sexual ya no es comprendida como una característica intrínseca de la misma persona. Más bien es el resultado matemático y simbólico de una serie de características atribuibles a los cuerpos masculinos y neoliberalizados. Este aparato ideológico opera a través de varios mecanismos interconectados:

  1. La blanquitud como norma estética y política: El sujeto gay ideal es codificado como blanco, o al menos aspiracionalmente blanco. Las corporalidades racializadas son fetichizadas o invisibilizadas, pero rara vez ocupan el centro del imaginario gay mainstream. Las apps de citas, los espacios de socialización, la pornografía y la publicidad dirigida al mercado gay reproducen obsesivamente esta hegemonía racial.

  2. El imperialismo cultural del orgullo: La narrativa del “pride” como modelo único de liberación sexual impone una temporalidad lineal del progreso que desconoce las formas locales de resistencia y existencia de las diversidades sexuales en el Sur Global. Se asume que hay un camino único hacia la “liberación” que pasa necesariamente por el coming out, la visibilidad y el matrimonio igualitario.

  3. El capacitismo y el culto al cuerpo gimnástico: El cuerpo permitido es el cuerpo sin marcas de vulnerabilidad, sin discapacidad, sin vejez, sin grasa que exceda los límites del músculo definido. Es un cuerpo que requiere inversión constante: gimnasio, suplementos, procedimientos estéticos, una economía del mantenimiento corporal que excluye a quienes no pueden acceder a estos recursos. Este cuerpo pasa a ser propiedad-objeto, que requiere rentabilidad, sostenibilidad, logística, administración, financiamiento, inversión, capacitación, diversificación y profits, entre tantas otras características asociadas con el neoliberalismo.

  4. La clase como frontera invisible: El gay neoliberal es un sujeto con poder adquisitivo, capaz de consumir en los circuitos del “pink money”. Los bares, las saunas, los festivales, las vacaciones gay-friendly construyen geografías del deseo atravesadas por la exclusión económica. Más aún sin la capacidad para cuestionar la clase, esta misma sirve de soporte ilusorio para el conjunto de prácticas y aspiraciones que el neoliberalismo ofrece a través de visa cuotas a este y otres sujetes.

El ideal corporal gay mainstream — musculoso, depilado estratégicamente, bronceado, con rasgos angulosos — no es sino una hipérbole de la masculinidad hegemónica. El “masc4masc” de las aplicaciones de encuentros revela la profunda misoginia y femefobia que estructura estos espacios. La pluma es castigada, la feminidad es devaluada, y se establece una jerarquía donde el “activo masculino” ocupa la cúspide del deseo.

Este cuerpo ideal — el torso en V, los abdominales marcados, los bíceps prominentes — funciona como un significante de poder, control y dominio. Es un cuerpo que promete penetración más que receptividad, dureza más que vulnerabilidad. La testosterona como fetiche, el “straight-acting” como performance deseada, revelan hasta qué punto el deseo gay hegemónico está colonizado por el mismo patriarcado que lo oprime.

Lo más revelador de este modelo es cómo la masculinidad tradicional permanece incuestionada, simplemente redirigida hacia otros hombres. Los mismos códigos de dominación, competencia y jerarquización que estructuran la heterosexualidad patriarcal se replican en los espacios gay: el tamaño del pene como medida de valor, la juventud como capital erótico depreciable, la penetración como acto de conquista.

Siguiendo a mis colegas Marco Chivalán Carrillo y Emmanuel Theumer quienes articulan en su texto una crítica fundamental a lo que denominan la “gaycidad blanca”, entendida como un dispositivo de poder que no solo reproduce, sino que activamente resedimenta el orden colonial en las geografías del deseo y las políticas de la disidencia sexual. Su análisis desnuda cómo el modelo hegemónico gay del Norte Global opera como una tecnología de blanqueamiento que disciplina y normaliza las sexualidades disidentes bajo parámetros eurocentrados. El “macho alfa gay” reproduce las violencias de la masculinidad hegemónica: la incapacidad para la vulnerabilidad emocional, el terror a lo femenino, la objetificación del otro, la competencia permanente. La barba cuidadosamente recortada, el undercut, los tatuajes tribales o geométricos funcionan como signos de esta masculinidad que se afirma incluso — o especialmente — en el deseo homoerótico.

Frente a este panorama, emergen interrogantes urgentes que buscan fisurar este modelo hegemónico:

¿Qué sucede con los cuerpos que no pueden o no quieren performar esta masculinidad hegemónica? ¿Dónde quedan las maricas, las locas, las que no pasan, las que no quieren pasar? ¿Cómo se construyen espacios de deseo y placer para los cuerpos gordos, viejos, trans, racializados, con diversidad funcional, empobrecidos?

¿Es posible imaginar un erotismo masculino que no reproduzca las lógicas de dominación patriarcal? ¿Qué formas tomaría un deseo que celebre la vulnerabilidad, la ternura, la reciprocidad? ¿Cómo sería una cultura sexual gay que no fetichice la juventud ni castigue el envejecimiento?

¿Cómo descolonizar el deseo gay de las imposiciones del Norte Global? ¿Qué aprendizajes pueden ofrecer las formas locales, indígenas, populares de vivir las disidencias sexuales? ¿Cómo resistir al imperialismo del arcoíris que homogeniza las luchas bajo una sola bandera?

¿De qué manera el capitalismo rosa coopta y neutraliza el potencial revolucionario de las disidencias sexuales? ¿Cómo construir formas de vida marica que no pasen por el consumo, la propiedad privada, la familia nuclear homoparental?

¿Qué alianzas son posibles entre las luchas maricas y otras luchas antisistemicas? ¿Cómo articular la crítica a la heteronorma con la crítica al capitalismo, al racismo, al capacitismo, al especismo?

Hacia Otras Formas de Vida Marica

La crítica al sujeto gay neoliberal no busca establecer una nueva normatividad, sino abrir espacio para la multiplicidad de formas de vivir el deseo entre hombres y personas masculinas. Se trata de imaginar y construir:

  • Espacios de encuentro que no reproduzcan las lógicas de mercado
  • Estéticas que celebren la alteridad corporal
  • Formas de cuidado colectivo que trasciendan la pareja monógama
  • Genealogías maricas que recuperen historias silenciadas
  • Alianzas con otres sujetes precarizades por el sistema

El desafío está en construir una política marica que no aspire a la inclusión en el sistema existente, sino a la transformación radical de las estructuras que producen y sostienen las múltiples formas de opresión. Una política que entienda que la liberación sexual es inseparable de la liberación de clase, raza y género. Que comprenda que no hay orgullo posible mientras persistan las fronteras, las cárceles, los psiquiátricos, todas las instituciones que disciplinan y normalizan los cuerpos y deseos disidentes. Me uno a la propuesta analítica de Marco y Emmanuel, quienes en su texto revelan que lo marica no es un retorno nostálgico ni una identidad esencializada, sino una estrategia de fuga frente a la captura neoliberal y colonial de las disidencias. Es una apuesta por mantener abierta la potencia desestabilizadora de las sexualidades no normativas, resistiendo tanto a la heteronorma como a la homonorma colonial.

Esta perspectiva nos convoca a repensar radicalmente nuestras luchas por la diversidad sexual, interrogando constantemente: ¿A qué precio la inclusión? ¿Bajo qué términos el reconocimiento? ¿Qué violencias reproducimos cuando adoptamos acríticamente los modelos del Norte?

La crítica de Chivalán Carrillo y Theumer no es solo diagnóstico, sino invitación urgente a imaginar y construir formas otras de habitar nuestros cuerpos y deseos, formas que no reproduzcan las matrices coloniales de poder, sino que las fisuran desde una política marica irreverente, situada y profundamente anticolonial. La potencia revolucionaria de lo marica no está en conseguir un asiento en la mesa del poder, sino en voltear esa mesa y construir otras formas de estar juntos, de desearnos, de cuidarnos, de imaginar futuros donde la diversidad no sea tolerada sino celebrada como condición misma de la vida.

[1] Esta palabra fusiona “presente” con el sufijo “-ario” (que denota lugar o repositorio), creando un término que dialoga fonéticamente con “museo” pero marca su diferencia temporal y conceptual.

Bibliografía

Chivalán Carrillo, M., & Theumer, E. (2020). Maricas en un escenario posgay. En M. de Mauro Rucovsky & B. Axt (Eds.), Metafísicas sexuales: Canibalismo y devoración de Paul B. Preciado en América Latina (pp. 163–182). Egales Editorial.

Cornejo, Giancarlo (2013). “La guerra declarada contra el niño afeminado: Una autoetnografía queer”. Iconos. Revista de Ciencias Sociales, (47), 79–95.

Duggan, Lisa (2003). The Twilight of Equality? Neoliberalism, Cultural Politics, and the Attack on Democracy. Boston: Beacon Press.

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Puar, Jasbir K. (2007). Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times. Durham: Duke University Press.


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