La docencia como destino: un viaje entre relatos y aulas
Hace 25 años, si alguien me hubiese dicho que mi futuro estaba en la docencia, hubiera sonreído con algo de incredulidad. A los 14, mi…
La docencia como destino: un viaje entre relatos y aulas

Hace 25 años, si alguien me hubiese dicho que mi futuro estaba en la docencia, hubiera sonreído con algo de incredulidad. A los 14, mi mundo era la radio, los relatos desde el techo de un vestuario en “El Rotativo del Deporte” de Emisora Colón, los micrófonos encendidos y las crónicas urgentes. Pensaba en el periodismo y la comunicación como un destino inmutable. La docencia apareció como un atajo. Una necesidad en los meses previos a la crisis del 2001.
Un desvío que tomé con deseo, pero sabiendo que debía pagar los impuestos para seguir subsistiendo.
Pero la docencia no era un atajo, sino un territorio inexplorado. Primero, la cátedra de Televisión como auxiliar docente, luego mi primera vez en soledad frente al curso de Periodismo Televisivo. El vacío de esa primera clase, el vértigo de hablar y no saber si las palabras llegarán, es una sensación que se renueva cada año, un recordatorio de que enseñar es también aprender a habitar la incertidumbre.
Eran épocas de VHS y un incipiente digitalismo con la promesa democrática de Internet. Y así, las aulas se convirtieron en mi nueva cabina de transmisión. Descubrí que reflexionar sobre una historia era tan desafiante como contarla, que un estudiante curioso podía hacerme repensar cada supuesta certeza.

El tiempo pasó y la docencia dejó de ser una alternativa. Mis relatos no solo habitaban los medios, sino también en los pizarrones y en las conversaciones con alumnos que buscaban construir su propia voz. La docencia es como una valija y me llevó lejos, mucho más allá de lo que alguna vez imaginé. Crucé fronteras cargado de apuntes, DVD, cámara de fotos y un grabador.
España, Estados Unidos, Perú, Bolivia, Ecuador, México, Chile, Brasil, Uruguay, Colombia o Cuba fueron los países que me recibieron. Siempre entendí que la docencia es la creación de una red humana en tiempo presente. Recorrí casi todas las provincias argentinas, desde redacciones de medios hasta pequeñas bibliotecas populares donde la comunicación era un acto de resistencia. Salas de cine y auditorios. Aulas de escuela secundaria o clases en el medio de la montaña. Cada encuentro fue un intercambio: yo compartía mi experiencia, pero me llevaba historias nuevas, acentos distintos, otras formas de contar.

Una vez, al finalizar un taller, una estudiante que terminaba su documental me dijo: “Siento que no aprendí nada”. La obra estaba ahí. Reflexionar sobre los procesos de enseñanza y el capital intangible es comprender que el aprendizaje no siempre se traduce en certezas inmediatas, sino en las dudas y en la huella que no siempre permanece.
Hoy, cuando vuelvo la vista atrás, me doy cuenta de que la docencia fue y es el verdadero destino. El periodismo siempre creció. Cada clase, cada taller, cada conversación en los pasillos de una universidad fue una especie de crónica en tiempo real. La docencia me dio algo que el periodismo a veces escatima: la posibilidad de detenerme, de mirar a los ojos y de construir, con otros, el relato que viene. Hoy son muchos los alumnos que son colegas. De ellos aprendí y aprendo. Rostros y manos tendidas con quienes sigo compartiendo el más maravilloso de los oficios.
Para los que ya pasaron. Para los que vendrán, siempre agradecido. Buen inicio de clases.
메타데이터
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