Los 40 todo cambia
Hace 10 años, cuando tenía 29, escribí un texto sobre todo lo que no había logrado durante mis 20. El título era “Los 30… Panta Rhei”, todo…
Los 40 todo cambia
Hace 10 años, cuando tenía 29, escribí un texto sobre todo lo que no había logrado durante mis 20. El título era “Los 30… Panta Rhei”, todo estaba en pleno cambio y acababa de vivir un hito en mi vida que me hizo replantearme cómo veía todo. Hoy a mis 39, casi 40, vuelvo a leerlo, y sí lo único permanente en nuestras vidas es el cambio. Unos meses después me tatué la frase a manera de recordatorio.
Sí, todo cambió, tanto así que hoy no soy capaz de recordar si escribo como antes. Siento que antes las palabras brotaban más fácil, siento que antes las letras eran una parte esencial, creía más en mí en ese aspecto. Los últimos 4–5 años se han encargado de borrar/cambiar un poco mi percepción y la habilidad que por tanto tiempo creí que tenía, pero heme aquí escribiendo, forzándome hasta cierto punto a hacer algo que antes solía llenarme tanto, algo que me hacía tener la necesidad de hacerlo tanto como respirar.
Hay ocasiones en que la necesidad brota como antes, pero no hay espacio, no me lo doy. Diez años despues de Panta Rhei, le puedo decir a Ross del Aura que empecé a conocer el mundo, construí sueños imposibles, sí hice casi todo lo que no pude a mis 20.
Seguí escribiendo, terminé mi primera novela, empecé muchas, muchas historias. En mi vida muchas, muchas historias se extinguieron, unas así de cruel como suena la muerte, dejaron de existir y volvieron a la vida cuando las re leía, cuando recordaba. Por esto mismo quizás esté aquí ahorita sacando el tiempo de escribir, de contestarle al texto de hace 10 años que creo que una de las pocas personas que me ha leído, leyó.

Todos mis muertos están en este blog.
Algo que aprendí en mis 30 es que uno nunca supera un duelo. El duelo es una emoción más que se suma a las que ya llevamos dentro, se activa o se desactiva, descubrí lo cruel e insensible que puede ser que nos digan que superemos emociones como estas. Es cierto no hay que hundirse, pero no está mal dejarnos sentir y dejarlo pasar.
En mis 30 soñé y convertí muchos de esos sueños en realidad. A mis 30 conocí Italia e Irlanda (en realidad más países de los que jamás creí iba a visitar), terminé una Maestría, pero nunca hice la tesis, igual que con la Licenciatura, sí Ross del Aura, sos vos a los 39 otra vez sin haberla terminado aún. En mis 30 he tenido 3 trabajos estables y en todos aprendí muchísimo y recibí tanto cariño. Estoy muy agradecida.
En esta década, cuando mi mejor amiga Armito, estaba apenas empezando, la perdí, se perdió. Hoy la releo, porque creo que soy fuerte y puede leer lo poco que la tecnología me deja ver. También papá se fue. Muchos amigos volvieron y se volvieron a ir, justo como su constante. Me casé, no, no tuve más hijos pero sí al menos 5 gatos más que en mis 20.
Ya hacia el final, viajé por primera vez sola y abrí mi horizonte de expectativas. También saqué finalmente mi licencia de manejo y me operé las cordales. Me convertí en profesora de cine y es mi trabajo estable actual.
Muchos de mis dolores y viejos traumas viven aún conmigo. Unos se han intensificado, otros casi están inactivos. Me convertí en una persona más relisiente, mi memoria parece seguir intacta, aunque ha tenido que abrir espacio a muchos nuevos recuerdos. Me dejo olvidar más cosas que antes, es un permiso que aprendí a darme.
En esencia puedo sentir a todas las que viven dentro de mí, todas mis versiones. Las quiero y las abrazo, a pesar de que aún resiento algunas de sus acciones. Me toca vivir con todo lo que hemos escrito, solo que creo que ahora estoy intentando hacer más pausas antes de actuar, otra enseñanza de los 30, gracias a tomar el tiempo para ir a terapia por más de 5 años, empezar a meditar y aprender sobre Budismo.
Y quizás esta puede ser la forma de cerrar este texto que podría ser larguísimo si fuera una carta que realmente mi yo de casi 30 fuera a leer, pero el universo cuántico no es algo que viva ahora, al menos en forma fragmentada, en buena teoría esto también lo está escribiendo ella, porque ella también soy yo.
Volviendo y cerrando con citas cómo hizo mi yo, hace 10 años, los 40, igual que los 30 son una oportunidad que no es ni buena ni mala. Es como la historia oriental del caballo y el hombre.
“Un hombre perdió su caballo y sus vecinos le dijeron que qué mala suerte tenía. Él respondió que tal vez. A la mañana siguiente otro caballo apareció y todos le dijeron que qué buena suerte tenía a lo que él contestó: tal vez. Unos días después su hijo tuvo un accidente cabalgando el caballo y le volvieron a decir que qué mala suerte, el hombre una vez más contestó: Tal vez. Finalmente unos días después no se llevaron a su hijo a la guerra porque estaba renco o herido por la caída.” ¿Buena suerte? Tal vez :)
Estoy llegando a los 40 y sí tengo nuevas cuestiones que me atribulan, me duelen… ¿tienen solución? Tal vez. También tengo instantes a los que vuelvo a ver atrás y los atesoro, me hacen sonreír, porque he sido feliz. Veo posibilidades de ser feliz, de estar bien e irlas construyendo, ojalá lo viera con esa claridad siempre.

Tal vez :)
메타데이터
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