Infielmente Arreolado
Finado, fulminado, fumigado y concluido, nuestro amor, Teresa, siempre fue una teatrada; con libreto dramático, monólogos narcisistas y…
Infielmente Arreolado
Finado, fulminado, fumigado y concluido, nuestro amor, Teresa, siempre fue una teatrada; con libreto dramático, monólogos narcisistas y destellos interminables de un par de mentes perturbadas por el paso infame de las manecillas amenazantes.
Me han dicho que abuso de los adjetivos, que enreveso la lengua y castigo con la imprecisión y tú, tú más que nadie lo sabes, porque fuiste víctima de mis abrojos con ínfulas de grandeza dariana.
Entiendes la pesadumbre que significa cargar con un escultor tan mediocre como yo, que no nació para amar, pero sí para soñar con ser amado por un ser luminoso como tú, que entiendes más sobre lo que sucede entre telones que las cosas mundanas y soporíferas del planeta tierra.

Juan José Arreola.
Mientras acariciaba tus manos, aquellos ejemplares de firmeza juvenil, sentía que mi incompletitud se extinguía, que las llamas de mi ineptitud se apagaban por completo, dejando paso a una paz igual a la de los campos del interior, donde el aire circula entre los faldones satinados y las canastas repletas de frutas temporales, oriundas de una tierra fértil y abundante en delicias paradisiacas.
Pero a la llegada de mi contrario caballeresco, no tuve más opción que rendirme frente a lo que parecía la mejor respuesta a tu felicidad ¡la ceguera infinita, mi niña; la privación de mis instintos indómitos y cavernarios!
No puedo cuantificar mi pesar, tampoco clasificar mi febril brevedad, pero sí puedo asegurarte, que comprendo tus arranques convulsos, porque he vivido las inclemencias del destino y es necesario que entiendas que estoy satisfecho con ello. A pesar de mi carácter pueril, débilmente instruido en las veredas existenciales, entiendo la magnitud de aquella fuerza histriónica del amor.

Varia Invención, el libro de Juan José Arreola que contiene La VIda Privada. Editado por Tezontle en 1949.
Al parecer nunca estuvimos destinados a perecer entre canas y arrugas malolientes y alzhaimeríticas, pero sí, a vernos evolucionar: yo, a contemplar tu desenvolvimiento mariposario, que provocó, comenzaras a emanar un destello insoportable, mientras que tú, observabas mi incapacidad para estos menesteres de la transformación espontánea.
Soporté la caída de esas rocas con una rarísima textura hipócrita y social (intrusas de esta Vida Privada), La vuelta del cruzado, el novísimo nexo entre tu rumbo y tus deseos más profundos, sinceros, y la desilusión personal, ante mi malograda obra carnal, que vino a ser perfeccionada por un forastero improvisado, perfecta y casualmente diestro en remendar los manchones que la vida le pudiera presentar.
No habrá espadas violentas o muertes poéticas, lo prometo, Teresa. Y será así, simplemente porque estoy fatigado; he entregado todo mi arsenal y tendido las manos hacia mi antiguo camarada, porque sé que es lo correcto (¿verdaderamente lo es?) o lo más cercano a ese sentimiento, pero, sobre todo, porque la vida es así, querida mía; porque los armazones infranqueables solo funcionan en las películas y los embrujos inquebrantables en los libros infantiles.

Juan José Arreola.
Nos encontramos en la última pieza, en la que representa cambio de pareja, en la que se interpreta como despedida y aceptación de nuevos aires. Es un vals, no, mejor, una buena obra jazzística, con un piano taciturno, que desfigura su partitura en el filo de la noche citadina y se recarga en una voz extenuada y completamente entregada al suplicio amoroso, que camina entre nosotros, como la muerte entre las manos del moribundo.
Te dejo y a mi partida, apago la luz de la mesa de noche, que consume tus sueños y el bien de tus pensamientos dirigidos, en los periodos nocturnos más recientes, al amante novedoso que irrumpió en nuestros crueles destinos y configuró mi resignación ante tu partida, en cierta medida, involuntaria.
Me aparto del medio; es mi intento honesto de resolución, y dejo que la marea se vaya de mi vida, siendo testigo acérrimo de tus peripecias e inquietudes. Y así, ametrallado por el amor verdadero, ajeno, camino hacia el oscuro y desdibujado velo de mi porvenir; aliviado, traumatizado, finado, fulminado, fumigado y concluido.
Texto inspirado en las líneas escritas por Juan José Arreola que conforman una historia titulada La Vida Privada.
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