Entre Familia, Fe y Medicina: La subyugación del cuerpo femenino en Enero de Sara Gallardo
Introducción
Entre Familia, Fe y Medicina: La subyugación del cuerpo femenino en Enero de Sara Gallardo

Introducción
La novela Enero de Sara Gallardo desafía y trasciende la tradición literaria rural argentina con su visión idealizada del campo. A través de la historia de Nefer, una adolescente atrapada en las rígidas normas impuestas, la obra revela cómo la autoridad patriarcal se manifiesta no solo en las figuras masculinas sino también en las mujeres que perpetúan el sistema opresivo. La tensión entre el deseo de libertad de Nefer y las expectativas familiares que la asfixian plantea preguntas sobre la violencia estructural que limita la capacidad de las mujeres para ejercer control sobre sus propios cuerpos y decisiones. La novela también ilustra cómo la moralidad impuesta por la Iglesia actúa como un agente de opresión, sobre todo en el acto de la confesión en la que los fieles revelen sus faltas, pensamientos y acciones consideradas pecaminosas a un sacerdote. Al mismo tiempo, se explora como en el consultorio médico se somete a Nefer a una serie de prácticas disciplinarias, evidenciando cómo el control del cuerpo femenino se convierte en una extensión de la opresión social. En este sentido nuestro objetivo es intentar responder a la pregunta ¿cómo es que las instituciones sociales tradicionales limitan la libertad de la toma de decisiones y ejercen control sobre Nefer?.
Para dicho fin recurriremos a tres textos: El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, de Friedrich Engels; El segundo sexo, de Simone de Beauvoir; Incorporación del hospital en la tecnología moderna, de Michel Foucault.

La opresión de la ley familiar en Enero
La protagonista de Enero es Nefer, una adolescente que se enfrenta a un entorno familiar que limita su libertad para tomar decisiones. La novela plasma las rígidas normas de la comunidad rural, donde las identidades de género están estrictamente delimitadas. Doña María, su madre, opera como la némesis de su hija ya que encarna la autoridad patriarcal y la moral del orden parental establecido.
Friedrich Engels aportó un análisis crucial sobre la familia como institución opresiva. En su obra El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, sostiene que la familia nuclear monogámica llevó a la subordinación de la mujer dentro de esa estructura. La familia se convierte en un medio de control social y económico, la opresión de las mujeres es fundamental para el mantenimiento de dicho orden: “La característica más importante del matrimonio monógamo fue la transformación de la familia nuclear en la unidad económica básica de la sociedad, en la que la mujer y sus hijos pasaron a depender de un hombre” (Engels, 2017, p. 84).
Gallardo subvierte la arquetípica relación hombre opresor-mujer oprimida. La violencia está tan arraigada en esta sociedad que es perpetrada por mujeres hacia otras mujeres. La figura de autoridad dentro de la familia es Doña María y no Don Pedro, el padre, quien se mantiene al margen de los conflictos. Nefer se siente más cómoda con su padre, ya que le transmite tranquilidad y paz. La primera vez que la protagonista llora es tras las palabras de su madre: “–¿Qué te has creído?– va diciendo, y masca las palabras; –pero qué te has creído, atorranta, porquería, largarte en mitad de la siesta sin avisar a nadie…” (Gallardo, 2018, p. 34). Por el simple hecho de transgredir una norma cotidiana recibe estos insultos, nada puede escapar de la vigilancia de la madre. Doña María establece las reglas y recurre a la fuerza cuando estas se infringen.
Nefer atraviesa un embarazo no deseado producto de una violación, su intención de realizar un aborto nunca se concreta ya que es reprimida por la presión social y familiar. La revelación de su embarazo conduce a un matrimonio forzado con su abusador, impulsado por su madre. Doña María cuenta con la complicidad de su patrona, Doña Mercedes, para la organización de dicho casamiento. Ambas mujeres, pertenecientes a dos clases sociales distintas, son las guardianas de la preservación del status quo ante la felicidad y bienestar de la adolescente.
La concreción del matrimonio forzado no solo constituye una forma de dominación patriarcal, sino también una manifestación de la violencia estructural que impide que la mujer pueda ejercer control sobre su cuerpo. Engels sostiene que la violación y la violencia contra las mujeres se iniciaron dentro de la familia, en sus mismos orígenes: “Para asegurar la fidelidad de su mujer y por tanto, la paternidad de sus hijos, es entregada sin condiciones al poder del marido; si él la mata, solo está ejerciendo sus derechos” (Engels, 2017, p. 74).
Gallardo nunca nos revela cómo es que estas dos mujeres llegaron a saber que Nicolás era el padre del hijo de Nefer. La decisión de mantener en secreto este detalle resalta la situación de control que domina a toda la comunidad. En este entorno rural, no hay nada que se pueda ocultar, ya que la red de vigilancia se reproduce en todas partes.
La influencia asfixiante de la madre está presente a lo largo de la obra, sobre todo en una escena en la que su hija espera el tren para ir a casarse: “su madre la empuja y trepa resoplando” (Gallardo, 2018, p. 70). Nefer siente rechazo hacia la idea del casamiento pero sin embargo se resigna ya que su vida no está bajo su control. Su destino depende de las decisiones de su madre. A pesar de que Nefer ansía rebelarse, las normas sociales prevalecen: la obligan a casarse con su violador y frustran su deseo de abortar.

El control de la conciencia por parte de la Iglesia en Enero
En El segundo sexo, Simone de Beauvoir identifica las formas en que la religión opera para que las mujeres acepten una posición subordinada: “El hombre goza de la gran ventaja de tener un Dios que respalda los códigos que él escribe; y dado que el hombre ejerce una autoridad soberana sobre la mujer, es especialmente afortunado que esta autoridad le haya sido otorgada por el Ser Supremo. (…) el temor a Dios, por lo tanto, reprimirá cualquier impulso de rebelión en la mujer oprimida” (Beauvoir, 2015, p. 780). Según la filósofa francesa, la religión les enseña a ser sumisas, pero también les hace creer que son iguales a los hombres, ya que tienen el mismo valor ante Dios. Además, la Iglesia se encarga de mantener la autoridad masculina sobre ellas.
En Enero el personaje de Doña Mercedes, patrona y madrina de Nefer, ocupa un lugar de autoridad dado que es la dueña de la estancia. Se la considera intachable, nadie la cuestiona y todos le obedecen. La patrona moldea la vida de sus subordinados y se asegura de que actúen como buenos católicos. Para mantener su control, los dueños de las estancias imponen valores tradicionales y obligan a los habitantes del pueblo a asistir a la misa dominical.
Durante el momento de confesión, Nefer siente miedo de que el sacerdote revele su embarazo y de que todo el pueblo se entere de su situación: “y el cura allí dentro como en jaula, escuchando, tal vez vaya y le cuente a doña María, a don Pedro, o más bien a los ricos de la estancia en la hora del almuerzo, y luego la miren todos” (Gallardo, 2018, p. 38). En la Iglesia se supervisa que los comportamientos sean los adecuados. Nefer entiende que una confesión demasiado larga podría indicar que oculta algún secreto. De hecho, se menciona que lo que más le preocupa dentro de la iglesia es la constante vigilancia: “Teme tanto esta capilla donde cada paso es una señal” (Gallardo, 2018, p. 39).
Ninguna acción pasa desapercibida porque hay un dominio sobre los cuerpos, que deben ser moldeados y corregidos para cumplir con ciertas expectativas. La confesión funciona como un mecanismo de control que determina si una persona sigue las normas o no. En el caso de Nefer, surge un problema de comunicación ya que no entiende lo que le dice el sacerdote ni la duración de la confesión. El sistema de control de la Iglesia se vuelve evidente pues ella sigue mecánicamente lo que todos hacen, sin cuestionar nada.
La idea del castigo eterno está profundamente arraigada en la conciencia de la protagonista. Nefer teme las consecuencias del pecado: “Hay que tener el alma limpia para la comunión; sino, el infierno entero se mete en uno, los diablos vienen y si uno tiene un accidente y se muere, se quema para siempre” (Gallardo, 2018, p. 39). Su percepción de los Borges, una familia marginada por no seguir las normas establecidas, reafirma este miedo. Este temor a ser una mala creyente evidencia el control social que se ejerce sobre las mujeres, poniendo de manifiesto la opresión de su sexualidad.
Simultáneamente, la historia bíblica funciona como un mito que refleja las proyecciones masculinas en la cultura occidental. Según Simone de Beauvoir: “Las mujeres no se erigen a sí mismas como Sujeto y, por lo tanto, no han erigido ningún mito viril en el que se reflejen sus proyectos; no tienen religión ni poesía propias: aún sueñan a través de los sueños de los hombres.” (Beauvoir 2015, 228). Las mujeres internalizan este esquema de género, asumiendo su rol como un “Otro” en una sociedad dominada por hombres. La experiencia de Nefer muestra cómo las expectativas impuestas por la religión no solo controlan su comportamiento, sino que también determinan su valor dentro de la sociedad. El miedo y la opresión se entrelazan en la vida cotidiana de las mujeres, tanto los mitos como las creencias culturales contribuyen a su subordinación, perpetuando un ciclo de opresión que limita su libertad y autonomía.

Vigilancia médica del cuerpo en Enero
Michel Foucault introdujo el concepto de biopoder, el cual se ejerce a través de dos formas principales: el poder disciplinario, que considera el cuerpo individual como una máquina, y la biopolítica, que gestiona el cuerpo colectivo o la población. Esta última regula aspectos como la reproducción, natalidad, mortalidad, salud pública y esperanza de vida. En la era del biopoder, se implementan diversas técnicas para controlar y administrar a las poblaciones, tales como la coordinación de la atención médica y la normalización de conductas. Estas prácticas buscan gestionar eficazmente los cuerpos y la vida mediante métodos científicos y constantes.
La visita al consultorio se percibe como un acto mecánico e inevitable, que provoca en Nefer una sensación de confrontación y rechazo. En cambio, su madre manifiesta una actitud de sumisión, incapaz de sostener la mirada del médico: “Nefer cree que el mundo se acaba y que sus piernas no responderán, pero el cuerpo la lleva tras de la madre, que saluda al doctor con muchas inclinaciones de cabeza” (Gallardo, 2018, p. 55).
En la consulta, el médico da órdenes: le indica a Nefer que se siente, se desvista y luego le pide que salga del cuarto para hablar a solas con su madre. No hay lugar para el diálogo, la figura de autoridad masculina dicta los tiempos y las acciones. Mientras Doña María se limita a obedecer y responder a sus preguntas, Nefer siente una profunda humillación y un impulso de agredir al médico durante la revisión.
Para poder sobrellevar el tacto vaginal, la protagonista se escapa mentalmente: “Nefer ve que el doctor unta con vaselina el índice del guante, y el alma se le espanta y repliega hacia otros mundos: se encuentra recordando la tela de un vestido de infancia, las florecitas blancas de centro rojo, el doctor se acerca y le habla, ella obedece pero piensa en su caballo,(…)” (Gallardo, 2018, p. 56).
El médico se presenta como la autoridad sobre el cuerpo de Nefer, aunque ella ya sabe que está embarazada. A pesar de su sufrimiento, acepta la revisión en esta situación desigual. La consulta es humillante e incómoda. El doctor impone su voluntad y se adueña de un proceso natural en la vida de Nefer, confirmando lo que ella ya sabía. La intervención de la medicina le da al embarazo un reconocimiento oficial.
En Incorporación del hospital en la tecnología moderna, Foucault asegura: “Con la aplicación de la disciplina del espacio médico y por el hecho de que se puede aislar a cada individuo, instalarlo en una cama, prescribirle un régimen, etc., se pretende llegar a una medicina individualizante. En efecto, es el individuo el que será observado, vigilado, conocido y curado” (Foucault, 1978, p. 33). El poder médico, entonces, se manifiesta en la capacidad de definir la verdad del cuerpo de Nefer, apropiándose del conocimiento y control sobre su embarazo. La consulta no solo busca curar o tratar, sino también disciplinar su cuerpo, sometiéndolo a un régimen de control que lo convierte en objeto de vigilancia.
De acuerdo con Foucault las relaciones de poder continúan ejerciéndose, pero también emergen resistencias. Mientras haya libertad de acción, las personas tienen la posibilidad de oponerse al poder. En la novela, Nefer emplea distintas estrategias de resistencia: intenta abortar, lo cual representa un desafío tanto para con la familia como para con la Iglesia. Se enfrenta a su madre, la figura de poder más cercana, con actitud rebelde. Aunque su madre le inspira temor, Nefer se atreve a cuestionar sus ideas. De manera similar, no se rinde completamente ante figuras de autoridad como el doctor, el cura o su patrona. Aunque estas personas le provocan miedo y un profundo sentimiento de inferioridad, Nefer evita mostrar señales claras de sumisión.

Conclusión:
El ámbito rural planteado por Sara Gallardo está condicionado por instituciones como la familia, la Iglesia y el hospital. La primera actúa como el espacio de socialización principal, moldeando las conductas de sus miembros. Es Doña María, como cabeza de familia, quien se encarga de imponer las normas. En segundo lugar, la Iglesia interviene en el control de las conciencias, donde el concepto de pecado, aunque no siempre comprendido en su totalidad, se asocia con el infierno y la desviación del orden divino. Esto convierte el embarazo de Nefer en un estigma. Por último, el saber científico, representado por el médico y el control sobre los cuerpos, funciona como una tercera institución influyente en la vida de la adolescente.
A pesar de las limitaciones impuestas, Nefer muestra momentos de resistencia que evidencian su deseo de desafiar las normas que la oprimen. Su historia resuena como un llamado a cuestionar y desmantelar las estructuras de poder que perpetúan la opresión de las mujeres, subrayando la necesidad de una conciencia crítica en la lucha por la libertad y la autonomía personal. La obra de Gallardo no solo expone la realidad de su protagonista, sino que también invita a la reflexión sobre la perpetuación de la opresión y la urgencia de reconfigurar las relaciones de poder en la sociedad.
Bibliografía:
Beauvoir, S. (2015). El segundo sexo. Madrid: Ediciones Cátedra.
Engels, F. (2017). El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. Madrid: Akal Editorial
Foucault, M. (1978). Incorporación del hospital en la tecnología moderna. Educación, Medicina y Salud, 12(1).
Gallardo, S. (2018). Enero. Epub Libre.
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