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Sanidad para los ciegos

Vivir en un hábitat oscuro afectó nuestra visión.

Predica · 2024-12-06 13:01 · 0 claps · 2.4 min read
#vbn #ceguera #juan-9 #evangelio #sanidad
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Los topos no son ciegos. Tienen visión limitada, la cual reemplazan con un excelente olfato, pero no son ciegos. Estos pequeños excavadores están modificados de esta forma por su estilo de vida. Se la pasan cavando bajo tierra, así que no necesitan desarrollar demasiado la vista. Los seres humanos tampoco somos estrictamente ciegos espiritualmente. Sin embargo, el hábitat que elegimos afectó severamente esta capacidad de nuestro espíritu.

En cierta ocasión, Jesús sanó a un hombre que era ciego de nacimiento, lo cual provocó un gran alboroto (Juan 9:1–34). El centro del escándalo fue que Jesús hizo lodo con su saliva el día sábado (Juan 9:14–18). Los fariseos eran lo suficientemente “observadores” para fijarse en este detalle, pero no querían darse cuenta que estaban frente a Aquel que libera a los oprimidos y da vista a los ciegos (Salmo 146:7–8, Isaías 42:6–7, Isaías 61:1, Lucas 4:18). Su ceguera era hipócrita; sí podían ver, pero no querían (Mateo 16:2–3). Ante tal situación, Jesús no se quedó callado.

“Entonces Jesús dijo: — Yo he venido a este mundo para hacer justicia, para que los ciegos vean y los que ven se queden ciegos.

Algunos fariseos que estaban con él, al oírlo hablar así, le preguntaron: — ¿Qué? ¿Acaso también nosotros somos ciegos?

Jesús les contestó: — Si fueran ciegos, no serían culpables de pecado, pero como afirman que ven, su pecado permanece”. Juan 9:39–41, NVI

Jesús vino al mundo para juzgar a los que no quieren ver y sanar a los que reconocen que atrofiaron los ojos de su espíritu. En otras palabras, Jesús es el juez de quienes no quieren reconocer su pecado y arrepentirse. Por el contrario, a quienes reconocen su pésima percepción de la vida y se arrepienten de vivir a su manera para entregarse el señorío de Cristo, Jesús les ofrece perdón y restauración.

Si fuéramos verdaderamente ciegos, no seriamos culpable. El problema, según Jesús, es que nuestra ceguera es resultado de nuestra voluntad (Juan 9:41). Este mismo pensamiento lo desarrolla Pablo, cuando enseña que la humanidad completa, “A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios” Romanos 1:21–22, NVI.

Dios quiere salvarte de tu propia moral. Él no quiere que sigas caminando en este mundo a tu manera, sino bajo Su soberanía. Si todos seguimos viviendo de forma egoísta, cada cual halando para su lado, terminaremos destrozando el mundo. De hecho, es lo que ya está sucediendo. Si, por el contrario, caminamos bajo Su señorío, la historia será distinta. Reconoce que Jesús entregó su vida en la cruz, resucitó y ascendió a lo alto para devolverle la vista a los ciegos, entre los cuales estás tú que no has aceptado el evangelio.

¿Cuándo quiere Dios salvarte? La Biblia dice que, para esto, “Dios volvió a fijar un día, que es «hoy», cuando mucho después declaró por medio de David lo que ya se ha mencionado: «Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones»” (Hebreos 4:7, NVI). Hoy es el día de salvación. Eres tú quien decides si escuchas su voz, o endureces tu corazón; si abres tus ojos, o abrazas la ceguera. Como leímos en Juan 9:39, Jesús vino a este mundo para hacer justicia. Por un lado, vino para que los ciegos vean, por otro, dejará permanentemente ciegos los que están aferrados a sus propias opiniones.

Abandona la vida de topo. Ven a la luz. Ven a Jesús.


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