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“No intento comprenderte, solo quiero amarte”. Capítulo 2.

Transcurren varias horas, y en otra parte de la ciudad, específicamente frente a la Clínica Hospitalaria, Mateo, con premura, se dispone a…

lashistoriasdeisabel · 2024-08-21 15:21 · 0 claps · 13.7 min read
#amor #desamor #golpe #complicidad
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“No intento comprenderte, solo quiero amarte”. Capítulo 2.

Transcurren varias horas, y en otra parte de la ciudad, específicamente frente a la Clínica Hospitalaria, Mateo, con premura, se dispone a ayudar a Adela, en el traslado de Amelia, del coche hacia la silla. Básicamente, Adela se ocupa de bajar y de armar la silla, mientras Mateo toma a Amelia en sus brazos, para con sumo cuidado, acomodarla. Momento, que, de alguna manera, resulta bastante embarazoso, para los tres.

— Gracias, Mateo — Amelia se muestra, algo nerviosa — Tu ayuda para mí, es muy importante.

— No tienes que agradecerme, Amelia. Esto es parte de mi trabajo — su mirada ahora, va dirigida a Adela, pero sigue conversando con ella — Adela, que continúe contigo, mientras yo, estaciono el coche.

Acto seguido, Mateo pone el coche en marcha, pero no se aleja, hasta que no las ve entrar a la consulta, y en esos minutos concientiza una vez más, que su extremo acercamiento con Amelia, puede resultar complejo, para los dos, pero por sobre todas las cosas, no quiere traicionar la confianza, que Guillermo ha depositado en él, con el cuidado de su madre, por lo tanto, tiene que entregarse a ella, en cuerpo y alma, para que sea rápida, su recuperación.

Un rato después, concluye todo el chequeo médico, y los galenos dejan plasmado en su historia clínica, su satisfacción por los notables progresos, que han comprobado. Y de esta manera, se lo hace saber Mateo, a Guillermo.

— Ya voy de regreso a la oficina. Acabo de dejar a tu madre, en casa — Mateo, con notable satisfacción, comienza a explicarle.

— Mateo, no recibir tu llamada, me tenía sobresaltado. Dime, cómo la vieron, por favor — Guillermo se pone de pie, con visible ansiedad — Llevo rato esperando.

Sin importar su reunión, Guillermo pide permiso y se aleja un poco, para hablar con tranquilidad y sin testigos, que, sin remedio, estaban atentos a la conversación.

— Todo va muy bien, Guillermo. Amelia después, te dará más detalles — Mateo suena el claxon, ante un imprudente transeúnte — Lo más importante es, que pronto comenzará con las sesiones de fisioterapia, para empezar a caminar de nuevo. Y también le redujeron bastante, las dosis de sus medicamentos.

— Perfecto. Es la mejor noticia de mi día. Gracias una vez más, Mateo — y aunque hablan dos o tres cosas más, quedan en verse más tarde.

De inmediato, Guillermo se reincorpora a la reunión y comienza a darle indicaciones, a su principal jefe de proyectos.

— Oliver, necesito, que, al terminar esta reunión, me envíes toda la documentación del proyecto de exportación, que firmamos con la empresa dominicana — y se queda mirándolo con atención.

— De acuerdo, Guillermo — pero Oliver no espera, y muy presuroso, toma su móvil, cuando le confirma — Ya lo tienes en tu buzón, de correo electrónico.

— Muy bien. Gracias, Oliver — y a continuación, se enfocan en otros temas de discusión.

Transcurridas par de horas y terminada la reunión, Guillermo, con paso firme y un rostro bastante serio, se dirige hacia su oficina.

— Olga, por favor — mientras él empuja la puerta, se voltea para hablarle — Envíame de inmediato, todos los acuerdos, a los que acabamos de arribar. Necesito revisarlos, uno por uno.

— Enseguida, señor — pero cuando ella, se dispone a cumplir su indicación, se queda atenta a la llegada de Oliver.

Con visible contrariedad, ella lo intercepta, para bloquearle el paso, hacia la oficina de Guillermo.

— Oliver, lo siento. Debes esperar a que le pregunte a Guillermo, si te puede atender ahora — y de inmediato, toma el teléfono en su mano, aunque añade — Está muy ofuscado, y me indicó tareas con urgencia, que le tomarán su tiempo.

— Olga, Guillermo y yo somos amigos desde la universidad — bastante molesto, Oliver resopla — Por consiguiente, te recuerdo, que, para mí, no existen tantos protocolos para llegar a él.

— Lo siento, Oliver. Pero si no lo hago como es debido, es a mí, a la que le llaman la atención — sin importarle su cara de disgusto, Olga hace su llamada.

A los pocos segundos, Oliver logra traspasar la puerta, que le había sido vedada, como nunca antes, y todavía molesto, le comenta a Guillermo.

— No sé, qué tiene Olga, hoy. Pero es realmente fastidiosa, cuando se lo propone — Oliver protesta, mientras toma asiento.

— No seas así, Oliver — Guillermo increíblemente, sonríe — Olga es muy eficiente con su trabajo, y a veces la he requerido, por dejar entrar a personas, mientras estoy ocupado, o hablando por teléfono. No es nada que tenga que ver contigo, específicamente.

— Bueno, en fin, a lo que vine — Oliver lo mira fijamente, pero todavía molesto — Esta noche tenemos una tremenda fiesta en casa de Max, y quería cerciorarme, de que irías. En la reunión te vi muy tenso y con total seguridad creo, que estás necesitando una buena juerga.

— No lo sé, Oliver — su rostro se muestra, algo pesaroso, cuando es interrumpido por su amigo.

— Pero, Guillermo. Después del accidente, no hay manera, de que retomes tu vida — y de forma instintiva, la mirada de Oliver, se queda fija, sobre su brazo — Yo creo, que ya estás totalmente recuperado.

— Lo estoy — Guillermo lo demuestra, moviendo el brazo en círculos — Pero algo en mí murió aquel día, además de mi padre. No sé, qué pasó conmigo, pero hubo un Guillermo que murió también. He decidido cambiar mi actitud, sobre todo con las chicas. No era justo, lo que le hacía a ninguna de ellas, y pensar en eso, hasta me ha cambiado el carácter.

Sin pensar mucho más, Oliver acaba de entender, qué es lo que sucede con su secretaria.

— ¡Ah!, ahora voy entendiendo la actitud de Olga — de muy buena gana, Oliver sonríe — Le diste calabazas, de forma definitiva.

— Oliver, lo que había entre Olga y yo, no es de dominio público; empecemos por ahí. Así que, mira bien lo que hablas — y se le acerca, con bastante seriedad — Y, aunque lo dijiste de forma inapropiada, es realmente así. Ya no tenemos nada que ver, el uno con el otro.

— Bien, Guillermo, conociéndote desde hace tantos años, no sé si creerte. Pero tú sabrás lo que haces — y ya casi en la puerta, le reitera — Te espero esta noche, en lo de Max.

— Ya veremos, Oliver — algo contrariado, Guillermo opta por hundirse en su silla, con la mirada fija, hacia el infinito.

El día transcurre, y como venía ocurriendo en las últimas semanas, a Guillermo lo sorprende la noche, sumergido en el trabajo.

— Guillermo, te traje esta hamburguesa, con un zumo — Mateo, con algo de preocupación, se le acerca — Hoy por lo que veo, tampoco vas a cenar.

— Y tú, ¿comiste algo? — Guillermo, algo apresurado, se incorpora sobre su asiento.

— Lo mismo — Mateo sonríe, pero detrás de su sonrisa, se ve inquieto, cuando decide agregar — Hoy sí, que tu madre nos sermonea. Dos noches seguidas sin cenar en casa.

— Échame toda la culpa a mí, Mateo. Yo resistiré el regaño por los dos — Guillermo se ríe ampliamente, hasta con la boca llena — Pero no te vayas. Siéntate un poco, ya casi termino.

— Guillermo, no me gusta traspasar los límites — apenado, Mateo mira hacia afuera, por si de repente, alguien aparecía.

— Por favor, Mateo, a estas horas, no hay ni un alma, en toda la compañía — y de forma involuntaria, Guillermo mira hacia su reloj.

Mateo, obligado a obedecer, respira intensamente y toma asiento, muy cerca de él.

— Mateo, ¿qué tiempo llevas en mi casa? — sin dejar de mirarlo, Guillermo bebe un poco, de su zumo — Desde que tengo uso de razón, te he visto con nosotros.

— Muchos años, Guillermo — aunque trata de disimular, su pregunta, lo pone algo incómodo — Tus padres y yo, somos del mismo pueblo, pero en realidad mi amistad más profunda es con Amelia. Nosotros estudiamos en las mismas escuelas, hasta que nos fuimos a universidades diferentes.

Totalmente asombrado con lo que escucha, Guillermo se pone de pie.

— Pero, ¿Tú fuiste a la universidad? — con la sorpresa reflejada en el rostro, Guillermo se le acerca bastante — ¿Qué haces entonces, conduciendo un coche?

— ¡Ah! la historia es muy larga — con visible contrariedad, Mateo traga en seco — Yo no conseguía trabajo, y tu madre, temporalmente, me ofreció ser su chofer, pero me acomodé, me pagaban bien y nunca más soñé, con ejercer como maestro.

— ¿Maestro? — Guillermo no sale del asombro — No te lo puedo creer.

— Pues, créelo — sin querer profundizar más, Mateo se pone de pie — Mejor no te entretengo más, y te espero abajo.

— Como quieras — muy aprisa, Guillermo termina con su sándwich y con su zumo, para decirle — Enseguida me uno a ti, solo me falta recoger.

Minutos después, Guillermo baja al estacionamiento, y ya, dentro del coche, revisa su móvil, para comprobar, que tiene más de diez mensajes sin responder, de Max y de Oliver. Pero suspira profundamente, cuando decide no contestarles. Ya mañana los llamaría a su oficina, y les haría comprender su falta de ánimos, para asistir a fiestas; al menos por el momento.

En esos precisos instantes, que ya pasan de las once de la noche, una chica desesperada, corre, tratando de salvar su vida. Sus gritos son aterradores y el delincuente, que la sigue, casi la alcanza. No obstante, a la desesperante situación, ella, con manos temblorosas, logra sacar su móvil del bolso, para hacer, una llamada de emergencia.

— Necesito ayuda con urgencia, estoy a solo dos cuadras del club — aunque grita de forma exasperada, no pudo decir más. El agresor, le arrebata el móvil de sus manos y comienza a golpearla, sin piedad.

Mateo conduce a pocos metros del lugar, y Guillermo interrumpe su lectura, ante su alarmante comentario.

— ¡Por dios! — el tono de voz de Mateo, resulta bastante indignado — ¿Por qué le pegan a esa chica, de esa manera?

Inmediatamente, Guillermo aparta su tableta, y visiblemente irritado, se dirige a Mateo.

— ¡Detén el coche! — y casi abre la puerta, sin aún Mateo, haberse detenido.

— Por favor, Guillermo. Estás convaleciente — la desesperación de Mateo, ante su imprudencia, es evidente.

— No me importa. ¿Cómo voy a permitir que maten a golpes esa chica? — su mirada desprende mucha ira, mientras impulsivamente se dirige hacia el lugar del incidente.

— Guillermo, te puedes buscar un problema. Ese hombre debe ser un delincuente — pero ya él, no lo escucha.

Aprisa y ciego por la furia, Guillermo se vincula a la pelea, entre la chica y el deplorable delincuente, y Mateo, completamente desesperado se une a él, sin medir consecuencias; tiene que protegerlo, de lo que podría resultar una terrible imprudencia.

Al mismo tiempo, la chica grita y se defiende con uñas y dientes, demostrando que no es presa fácil, y estando casi desfallecida, Guillermo y Mateo, logran desprenderla, de los brazos asesinos de su agresor.

— Me las vas a pagar, prostituta de baja monta — le grita el malhechor, mientras corriendo, se aleja.

Guillermo, con toda la ropa ensangrentada, toma en sus brazos a la chica, y a pesar de su cara totalmente golpeada, siente, que ella, no le es, totalmente ajena. Instante, en el que Mateo, preocupado por la extrema palidez en el rostro de Guillermo, sospecha, que se había lastimado el brazo.

— ¿Te sientes bien, Guillermo? — él le pregunta, mientras aprisa, corren hacia el coche.

— ¡¿Qué importo yo ahora, Mateo?!, adelántate y ábreme la puerta — sin dudas, Guillermo va haciendo un gran esfuerzo, con su brazo recién operado — Hay que llevarla a urgencias. Ya siento, que ni respira.

Con total rapidez, Mateo lo ayuda a recostar a la chica en la parte trasera del coche, y a toda velocidad, se dirigen hacia el hospital más cercano.

— No sé, dónde he dejado mi móvil — Guillermo con visible contrariedad, se registra los bolsillos, hasta que lo encuentra.

Es en ese preciso momento, cuando se da cuenta, de que su brazo convaleciente está sangrando, pero para no alarmar a Mateo, lo esconde, bajando las mangas de su ensangrentada camisa. Al tiempo, que, ladeándose un poco, hace una llamada de emergencia.

— Hola, Guillermo — le responde, su amigo Rafael — ¿Qué haces llamándome a estas horas de la noche?

— Hola, Rafael. ¿Estás en el hospital? — su voz es perceptiblemente, agitada.

— Sí, estoy de guardia, ¿Pasa algo contigo o con Amelia? — Rafael, al escucharlo, se preocupa enormemente.

— No, no. Estamos bien — muy rápidamente, él dirige su mirada hacia la chica, que llevan detrás — Estamos a cinco minutos de tu hospital, llevamos a una chica, que recogimos en el camino, y va muy mal herida.

— ¡Por dios, Guillermo! Vengan directo por la entrada de emergencias — corriendo, más que caminando, Rafael pone alerta a sus colegas — Estoy activando todo el mecanismo, yo los esperaré, por la puerta principal.

Minutos más tarde, Mateo estaciona el coche, donde avizoran a Rafael, haciéndoles señas. Y con prontitud, Rafael y sus colegas, comienzan a darle los primeros auxilios a la chica, que, con toda premura, van trasladando sobre una camilla, hacia el interior del hospital.

— Guillermo, no puedes irte, sin que te revise — de inmediato, Rafael, aunque lleva mucha prisa, se da cuenta de su ensangrentada camisa.

— Rafael, ocúpate de la chica, después ya veremos — Guillermo, visiblemente exaltado, se aparta, para dejar trabajar al personal médico.

Con total premura, Rafael se ocupa de revisar los signos vitales de la chica y realmente comprueba, que está bastante golpeada y mal herida. No obstante, todavía tiene tiempo para alertar a Mateo, cuando desde la distancia le grita.

— Mateo. Lleva a Guillermo para mi consulta — y tomando aire, enfatiza — Debo revisarlo.

Mateo, con notable seriedad, busca la mirada de Guillermo.

— Debes obedecer a Rafael — y sin esperar la reacción de Guillermo, comienza a caminar — No creas, que no he visto, cómo sangra tu brazo.

Sin ofrecer resistencia, Guillermo lo sigue, y apenas entran a la consulta de Rafael, se descubre el brazo, para comprobar, que, en efecto, la sangre brota sin detenerse. Pero para su asombro, no precisamente, por su reciente operación, es por lo que parece ser, una nueva lesión.

— Ven, Guillermo. Vamos a lavar un poco tu brazo, hasta que llegue Rafael — de inmediato, Mateo se dispone a auxiliarlo.

— Mateo, la sangre no emerge por mi operación. Es algo nuevo y de forma redondeada — con atención, Guillermo observa su nueva lesión — No sé si será un disparate lo que pienso, pero parece una mordida.

Pero su palidez se afianza, por el dolor que siente, con los apretones que Mateo le propina, mientras le enjabona el brazo, al extremo, que hasta se marea un poco.

— No te comportes como un crio, por favor. Déjame lavarte bien todo el brazo — aunque siente pena por él, Mateo logra, hasta sonreír, cuando le comenta — Parece que la chica te tatuó la piel, para que no la olvides fácilmente.

— Ahora que mencionas a la chica… — si bien Guillermo, hace un gesto de dolor, se queda callado para intentar pensar — Tengo la impresión, de que su rostro no me es totalmente ajeno.

— Guillermo, es que tú, has roto tantos corazones… — y con extremo cuidado, Mateo comienza a secarle el brazo — Tantos, que no creo, que puedas recordarlas a todas. Pero en este caso, lo dudo mucho, porque la chica parece extranjera, y no creo, que tu poder de seducción haya transgredido también, nuestras fronteras.

— Mateo, me avergüenza oírtelo decir de esa manera — un suspiro profundo, acompaña su confesión — Pero quiero que sepas, que realmente estoy muy arrepentido de mi desorden amoroso, previo al accidente — y todavía algo consternado, se sostiene el brazo, con una venda, que le improvisó Mateo — Pero ten la seguridad, de que estoy trabajando enérgicamente, en enmendar mis antiguos errores.

Aunque Mateo iba a expresar sus dudas al respecto, se ve obligado a callar, ante la llegada de Rafael.

— ¿Cómo ves a la chica? — es la primera pregunta, que Guillermo le hace, desde que lo ve entrar.

— Muy delicada — mientras Rafael se dirige a lavarse las manos, añade — Tiene que quedarse ingresada, varios días. Está muy golpeada y hasta con costillas fracturadas.

— ¡Por dios, qué situación tan desagradable y penosa! — Guillermo se siente aturdido, cuando le dice — Siento mucha pena por ella. Y menos mal, que pudimos llegar a tiempo, si no, la historia fuera más desastrosa — no obstante, a su pesar, de inmediato, reacciona — Rafael, dudo mucho que la chica pueda asumir sus gastos médicos. Por favor, ponlos todos, a mi cuenta.

— Eso mismo te iba a preguntar, Guillermo — Rafael, mostrando algo de preocupación, comienza a secarse las manos — Coincido contigo, plenamente. A las claras se ve, que la chica es extranjera, y hasta puede que esté en el país, de forma ilegal. Y con las características físicas que tiene, si tuvo ese altercado, no dudo, que viva de su cuerpo.

Pero sin perder más tiempo y de forma inmediata, Rafael comienza a revisarle el brazo.

— Es muy bueno saber, que el sangramiento no es por la operación, pero evidentemente, es una mordida, lo que tienes en el brazo — y todavía alarmado, Rafael lo revisa con esmero, sin obviar ningún detalle.

Mateo, que estaba casi seguro del diagnóstico, recuerda la escena, en la que se habían visto involucrados y comenta.

— La chica es guapa de verdad — mirando hacia Guillermo, agrega — Se defendía con uñas y dientes.

— Sí, pero esto, es una contrariedad importante para Guillermo, en su brazo lesionado — Rafael visiblemente preocupado, lo mira con atención — Tendremos que curarte y cubrirte con antibióticos, de manera urgente.

Después que Rafael termina de examinar exhaustivamente a Guillermo, lo cura, le venda el brazo y le hace las indicaciones correspondientes. No obstante, su preocupación va más allá, de lo que ha ocurrido con su amigo.

— Guillermo, tenemos que darle parte a la Policía, de lo sucedido — y suponiendo, que puede resultar una contrariedad para él, agrega — Es lo estipulado, en estos casos.

— De eso mismo, quería hablarte — pero lejos de parecer preocupado por él, Guillermo le comenta — Esa chica requiere protección, porque el tipo, que casi la mata, no se va a quedar tranquilo, hasta lograrlo.

— Guillermo, esto es más complejo, de lo que imaginas, y lo peor, estos casos son muy frecuentes. Y si como pienso, la chica, no está legal en el país, seguramente la deportan — Rafael, lamentándolo, se pone de pie — Ahora debo irme para emergencias. Me quedaré con tu tarjeta, y ya la Policía te citará, para que declares.

— De acuerdo, Rafael — Guillermo, también se pone de pie — Gracias por todo.

Transcurren unos minutos, y ahora, Mateo conduce hacia la casa, mientras Guillermo se recuesta hacia atrás, esperando a que los calmantes, hagan su efecto y minimicen el dolor, que lleva en el brazo.

— No quiero que mi madre, se entere de nada — convencido de lo que dice, busca la mirada de Mateo, mientras estaciona el coche frente a la casa — Bastante tiene ya, con todo lo que nos ha pasado últimamente.

— Yo no le diré nada. Pero a no ser, que te pases el día entero, con camisa de manga larga, ella lo va a descubrir de inmediato — sin decir más, Mateo lo ayuda a salir del coche.

— Ya me las arreglaré — con notable seriedad, comienza a alejarse.

Pero no habían pasado muchos segundos, cuando de repente, Guillermo le hace a Mateo, una pregunta inesperada.

Photo by Zohre Nemati on Unsplash

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— ¿Crees que la chica sea dominicana? — y se queda absorto, en sus pensamientos.

— Por sus características, pudiera ser. Aunque realmente entre la oscuridad y los golpes, no lo podría garantizar — Mateo, aunque su pregunta lo intriga, no cree prudente indagar más.

Todavía pensativo, Guillermo retorna sobre sus pasos y sin hacer mucho ruido, sigilosamente, se dirige hacia su habitación. Pero Amelia, aunque tiene la luz apagada, no duerme, y lo siente llegar. Por consiguiente, como no cree lógica la llegada de su hijo, pasadas las dos de la madrugada, de inmediato, toma el móvil, y hace un mensaje «Ven a mi habitación, por favor. Estoy muy preocupada por Guillermo».

Mateo, que ya venía de regreso del garaje, lee el mensaje, pero decide no responderle. A esas horas, no era apropiado entrar, en su zona más privada. Estaba consciente de su preocupación, pero también sabía, que ella intentaba buscar un acercamiento, que no propició, en más de treinta años. Por lo tanto, no la complacería, en algo, que no entraba dentro de su contenido de trabajo. Y ella, al no recibir contestación, lo comprende todo y no insiste. No obstante, maldice una y mil veces estar baldada sobre una cama, que le impide moverse con libertad.


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