Cómo Compartir el Evangelio con Personas LGBTQ | Pt. 2
Compartir el evangelio con personas de la comunidad LGBTQ puede sentirse difícil para muchos cristianos. Las conversaciones sobre…
Cómo Compartir el Evangelio con Personas LGBTQ | Pt. 2
Compartir el evangelio con personas de la comunidad LGBTQ puede sentirse difícil para muchos cristianos. Las conversaciones sobre sexualidad e identidad suelen llevar consigo emociones fuertes, y puede ser fácil responder con temor o dureza. Pero como seguidores de Cristo, somos llamados a hablar la verdad con humildad, gracia y amor.
Al acercarnos a estas conversaciones, nuestro enfoque principal no debería ser simplemente la sexualidad de alguien, sino su necesidad de Jesucristo. Aquí hay varios principios importantes para tener en cuenta al compartir el evangelio de manera fiel y compasiva.
[embed]Aquí puedes ver el video sobre este artículo, con subtítulos en español
Recordemos que todos somos pecadores
Una de las actitudes más importantes que podemos tener al compartir el evangelio es la humildad. Muy a menudo, los cristianos se acercan a las personas de la comunidad LGBTQ con un espíritu duro o condenador, como si el pecado sexual colocara a alguien en una categoría completamente separada del resto de las personas. La Escritura no nos permite pensar de esa manera. La Biblia enseña que cada uno de nosotros es culpable delante de Dios aparte de Cristo. El cristiano no es alguien moralmente superior, sino alguien que ha sido salvado por gracia.
Pablo escribe:
“Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.” — 1 Timoteo 1:15
Esa perspectiva cambia la manera en que hablamos con las personas. No nos acercamos a otros como jueces mirando desde lejos. Somos pecadores salvados por gracia compartiendo la esperanza del evangelio con otros pecadores que necesitan esa misma gracia. Sin importar la identidad sexual de una persona, su mayor necesidad sigue siendo Jesucristo.
No los evites
A veces los cristianos actúan como si las personas LGBTQ fueran intocables o demasiado controversiales como para relacionarse personalmente con ellas. Pero cuando observamos la vida de Jesús, vemos exactamente el enfoque opuesto. Cristo constantemente se acercaba a las personas quebrantadas en lugar de alejarse de ellas. En Lucas 7, Jesús permitió que una mujer conocida públicamente por su vida pecaminosa se acercara a Él mientras los líderes religiosos lo criticaban por relacionarse con ella. Los fariseos creían que la santidad significaba separarse de los pecadores. Sin embargo, Jesús demostró que la verdadera santidad se acerca a las personas con compasión y verdad.
Compartir el evangelio requiere relaciones, conversaciones y un interés genuino. Eso significa que los cristianos no deberían evitar a las personas LGBTQ por miedo o incomodidad. Debemos estar dispuestos a escuchar, construir confianza y tratar a las personas con dignidad como seres creados a imagen de Dios.

En el video, Caleb aclara mas en cuanto a como compartir el evangelio con el LGBT
No intentes “arreglar” su sexualidad
Al compartir el evangelio, nuestra meta principal no debería ser modificar el comportamiento. El objetivo no es simplemente hacer que alguien sea heterosexual, sino dirigir a las personas hacia Cristo. La verdadera transformación comienza con la salvación. El evangelio llama a las personas al arrepentimiento y a creer en Jesús, y luego el Espíritu Santo comienza el proceso de santificación que dura toda la vida. Pablo escribe en 2 Corintios 3:18 que los creyentes están “siendo transformados a su imagen” por medio de la obra del Espíritu. Esa transformación es obra de Dios, no nuestra.
Las conversaciones sobre la sexualidad bíblica siguen siendo importantes, pero nunca deberían reemplazar el mensaje central del evangelio. Los cristianos deben evitar tratar el cambio externo como el objetivo principal mientras descuidan el problema más profundo de la reconciliación con Dios.
Mira a la persona completa
Para muchas personas dentro de la comunidad LGBTQ, la identidad sexual se ha convertido en una parte importante de cómo se ven a sí mismas. Pero cada persona es mucho más que una etiqueta. Las personas tienen miedos, sueños, luchas, intereses, familias e historias personales. Los cristianos deberían interesarse genuinamente por la persona completa porque cada individuo fue creado a imagen de Dios.
Jesús modeló esto perfectamente. En Juan 8, cuando la mujer sorprendida en adulterio fue llevada ante Él, no la redujo a su pecado. Vio a alguien necesitado de misericordia y perdón. Pero al mismo tiempo, no ignoró la realidad del pecado. Jesús mantuvo juntas tanto la gracia como la verdad, y los cristianos están llamados a hacer lo mismo.
Busca los problemas más profundos
La identidad sexual muchas veces está conectada con luchas más profundas del corazón. Muchas personas luchan con soledad, rechazo, confusión, ansiedad, depresión o un deseo de propósito y pertenencia. La identidad externa puede convertirse en un intento de responder al dolor interno.
Por eso, las conversaciones sobre el evangelio deberían ir más allá de debates superficiales. Los cristianos deberían procurar entender las preguntas más profundas que las personas están haciendo acerca del significado, el valor, el amor y la satisfacción. El evangelio habla directamente a esas preguntas.
La Escritura enseña que la verdadera identidad y la satisfacción duradera se encuentran en Cristo, no en circunstancias cambiantes ni en identidades definidas por uno mismo. Todo corazón humano fue creado para tener una relación con Dios, y aparte de Él, las personas continuarán buscando algo que llene ese vacío.
Ámalos, ora por ellos y sé paciente
El evangelismo fiel siempre toma tiempo. Requiere paciencia, oración y amor constante. Los cristianos son llamados a reflejar la compasión de Cristo mientras comparten fielmente la verdad de Su Palabra.
A veces, una de las cosas más poderosas que puedes hacer es simplemente preguntar: “¿Puedo orar por ti?” La oración nos recuerda que la salvación es, en última instancia, obra de Dios. El Espíritu Santo es quien abre corazones y trae convicción y fe.
Eso significa que no deberíamos rendirnos con las personas ni tratarlas como proyectos que hay que arreglar. Debemos continuar amándolas, orando por ellas y guiándolas hacia Jesús con humildad y gracia. El evangelio es poderoso, y nadie está fuera del alcance de la misericordia de Dios.
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