Resucitar es Comprometerse: El Evangelio No Permite Indiferencia
Resucitar es Comprometerse: El Evangelio No Permite Indiferencia

Juan 20, 1–9: El Sepulcro Vacío
Hermanas y hermanos, hoy proclamamos con gozo: ¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!
Pero esta no es una noticia para ser celebrada con indiferencia o encierro litúrgico. Esta es una verdad que debe sacudir nuestras conciencias y resucitar nuestra humanidad. El Evangelio de Juan nos presenta a María Magdalena que va al sepulcro cuando aún estaba oscuro. Y en ese momento de oscuridad y desconcierto, descubre que la piedra ha sido removida. El sepulcro está vacío. Pedro y el discípulo amado corren. Ven, creen… y entonces comienzan a comprender.
Hermanas y hermanos: también hoy vivimos en la oscuridad. La piedra de la violencia, del odio, del exterminio, parece sellar nuestras esperanzas. Hoy, mientras muchos celebran con flores y cantos, en Tierra Santa el sepulcro está lleno: lleno de niños asesinados, de madres mutiladas, de ciudades destruidas por los mercaderes de la muerte.
Genocidio no es una palabra lejana: es la carne rota de un pueblo crucificado por la codicia, el fanatismo y el silencio cómplice del mundo.
Sepulcros Llenos, Templos Vacíos: ¿Dónde Está la Vida? ¿Dónde está la Resurrección en medio de tanta muerte?
Está en quienes no han cerrado los ojos. Está en quienes resisten. Está en quienes denuncian. Está en quienes se niegan a aceptar la muerte como destino.
Cristo ha resucitado no solo para vencer la tumba, sino para resucitar nuestras convicciones: la convicción de que la justicia aún es posible, de que la verdad no muere bajo las bombas, de que el amor tiene la última palabra, y que la vida, esa vida plena que brota de Dios, no será derrotada por el imperio del pecado.
La Piedra del Silencio Cae: Cristo Resucita en los Que No Callan
Hoy, Cristo quiere salir de la tumba de nuestras comodidades, de nuestros templos vacíos de compasión, de nuestras liturgias desconectadas del dolor del mundo.
Hoy, Jesús resucita en los corazones de quienes luchan por la paz con justicia, en las madres que lloran pero no callan, en los jóvenes que marchan por la vida y por la verdad.
Pero también es tiempo de muerte necesaria: Que muera en nosotros la indiferencia. Que muera el odio disfrazado de nacionalismo. Que muera la codicia que justifica crímenes. Que muera la estructura del pecado que deshumaniza y divide.
Quienes están cegados por el fanatismo religioso, por la ignorancia, por la arrogancia de la violencia, por el oro de la industria armamentista, deben mirar al Cristo resucitado y elegir: seguir encadenados a la muerte o liberarse por la luz del Evangelio.
Cristo venció a la muerte para decirnos que la vida es más fuerte. Pero si lo aceptamos, debemos actuar en consecuencia. Porque quien cree en Cristo, no puede callar ante la injusticia, ni cruzarse de brazos ante el dolor humano.
El discípulo que ama, corre. Ve. Cree. Y resucita en compromiso.
¡Resucitemos con Cristo! Resucitemos la esperanza. Resucitemos la compasión. Resucitemos la fuerza para decir: ¡No más genocidio! ¡No más muerte! ¡Sí a la vida, sí al amor, sí a la paz!
Que en esta Pascua, no seamos sepulcros vacíos, sino templos vivos del Cristo resucitado. Amén.
- +++ Ob. Martin ignacio díaz velásquez .·.

Evangelio según san Juan 20, 1–9:
1 El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro; y vio quitada la piedra que tapaba la entrada. 2 Entonces se fue corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, aquel a quien Jesús quería mucho, y les dijo:
— ¡Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde lo han puesto!
3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Los dos iban corriendo juntos; pero el otro corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro. 5 Se agachó a mirar, y vio allí las vendas, pero no entró. 6 Detrás de él llegó Simón Pedro, y entró en el sepulcro. Él también vio allí las vendas; 7 y además vio que la tela que había servido para envolver la cabeza de Jesús no estaba junto a las vendas, sino enrollada y puesta aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado, y creyó. 9 Pues todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar.
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