El arte de estar
Escribo desde mi lugar seguro: mi hogar.

El arte de estar
Escribo desde mi lugar seguro: mi hogar.
Hace dos noches me recostaba a la par de unas bellas flores, a la orilla del agua. Disfrutaba ese color naranja rojizo de sus pétalos y recordaba, con agradecimiento, el acompañamiento de una madre: aquella que hace posible que tengamos un lugar seguro donde estar.
Hoy, por la mañana, contemplaba el rojo del amanecer antes de salir a correr en ruta. Sé que estoy a distancia de mi madre, pero también sé que aún la tengo con vida; por eso, cuando la tengo cerca, trato de aprovechar su presencia al máximo, aunque a veces me canse, porque también hay momentos de desesperación junto a ella — hay que admitirlo — .
Mientras corría, recordaba a aquellas mamás: la mamá deportista, la mamá dentista, la mamá doctora, la mamá asistente dental, la mamá vendedora de helados, la mamá de la lavandería, la mamá que vende gasolina en la estación… Recordaba a todas las mamás trabajadoras. Es grandioso encontrarse con esa madre trabajadora, cuidadora, delicada y divertida. Agradezco por todas esas vidas.
Sé que me hace falta estar cerca de mis familiares, sobre todo en estas fechas en las que el cariño y el amor se hacen presentes. Sin embargo, esto me llevó a reflexionar sobre dos historias que encontré en el camino: la de un señor cercano que no tuvo la oportunidad de conocer a su madre, pues ella los abandono a temprana edad y fue criado por su abuela; y la de un compañero que cuenta que su esposa se fue a otro país, y ahora él asume el rol de madre y padre para su querida hija.
Así es la vida: historias compartidas y complementarias. Pongo la mirada en aquellas personas que no tuvieron esa presencia materna, que han sentido la ausencia de ese afecto, lo que quizá haya sembrado miedos o cierto caos a largo plazo; pero que, a pesar de ello, han logrado salir adelante. Me conecto con esas personas, pues también ellas deben ser amadas.
La vida es una y hay que vivirla. Recuerda hacer las cosas mientras tu corazón siga palpitando, porque más tarde puede que ya no tengamos tiempo. Contemplo todos esos rostros diversos que le dan color a la maternidad, que le dan brillo, existencia y estabilidad a un hogar.
Gracias, mamá, por ser luz de una verdad eterna. Gracias por cuidar. Gracias por amar.
메타데이터
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