capital de Colombia, Estocolmo
No, no es porque Colombia sea la Suecia de Latinoamérica, no es por nuestro sistema de salud y educación “dignos del primer mundo”; pero…
capital de Colombia, Estocolmo

No, no es porque Colombia sea la Suecia de Latinoamérica, no es por nuestro sistema de salud y educación “dignos del primer mundo”; pero si por la indolencia que se refleja en la apatía de quienes se arropan con la bandera de la ignorancia y la indiferencia en este “platanal” llamado “polombia”.
Cuando leí por primera vez hace años sobre el síndrome de Estocolmo, pensé para mis adentros sin exteriorizarlo alguna vez: hay que estar realmente loco, para experimentar algo así. Hoy a lo lejos veo mi patria y me doy cuenta que mas que la locura es el trauma del constante abuso, y del sesgo con venda color negro mate que genera la desinformación, el desconocimiento, la guerra y la falta de educación.
Es de no creer como pueden los hombres estrechar lasos de amor fanático sobre aquellos que los oprimen. Pero visto de otra manera quien no amaría a alguien que no solo se toma el tiempo de contarte un fantástico cuento no solo antes de irte a la cama, sino durante todo el día, y de diferentes maneras, en ocasiones el mismo cuento, pero como elemento novedoso el cambio de nombre en los personajes principales. Los medios de comunicación se han convertido en cuenteros que cuentan cuentos dependiendo de cuanto les cuesta a los que los financian, y aunque parezca un juego de palabras es más un conflicto de intereses. Donde los intereses del vulgo común o sea nosotros los ciudadanos de a pie, o los que compraron un carro cuyo modelo es de los 80’s no importan.
Pero, tampoco es que tenga porque importar, por lo menos no mientras el esclavo ame a quien lo esclaviza. Y es nuestra triste realidad. Existe en las mayorías el padecimiento del “síndrome de Estocolmo” en un estado agudo que a veces parece crónico, tocando la canción de “te salvamos de la guerra” han creado una fabula donde en un universo paralelo son las ratas quienes tocan la flauta para ahuyentar a el flautista.
Durante décadas nos hicieron creer que el único problema en la patria boba era la guerra y del terrorismo interno, con el fin de ella llegaría la solución a todos los problemas. Pero cuando la guerra silencio su voz por unos instantes nos dimos cuenta de que más que una canción era un concierto, y no solo un concierto para delinquir, sino un concierto para entretener al incauto que ve en su verdugo el mesías prometido. Que va feliz por la vida preso del nefasto “síndrome” que lo obliga a amar y defender a quien lo trata de forma despiadada. Ya ha cursado en su estado mas puro todas las fases del trastorno, pues se niega a reconocer, se adapto y como si fuera un párrafo de guion de comedia asegura que estamos mejor, porque, aunque estamos peor, el que está al lado no está mejor y al parecer la meta de estos no es avanzar sino no retroceder lo suficiente. Y mientras unos buscan internacionalizar la protesta otros quieren nacionalizar la mentira, la barbarie y el terror.
es que todo se ve diferente cuando las masas se unen a propósito para brindarnos una recreación vivida del escenario. es ahí donde nos damos cuenta que por cosas de geopolítica psicológica, con los índices de la psiquiatría respirándonos en la nuca; por si le preguntan: capital de Colombia, la respuesta es… Estocolmo.
메타데이터
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