Escolástica y Nuevo Renacimiento
Rechazar una disciplina filosófica solo porque nos parece árida es un mal camino para las humanidades
Escolástica y Nuevo Renacimiento
Rechazar una disciplina filosófica solo porque nos parece árida es un mal camino para las humanidades

Laurentius de Voltolina (1350)
En estos momentos estoy preparando un artículo acerca de la posibilidad de un nuevo renacimiento. Fue así que me topé con un texto del Dr. Adam Walker en *Substack* que me pareció interesante, aunque también terminaba por arrojar algunas sombras acerca de lo que podríamos entender por renacimiento en el siglo XXI.
El texto del Dr. Walker tiene razón, pero al mismo tiempo se equivoca. Esto porque plantea una posición muy negativa respecto de la escolástica medieval, haciéndola responsable de una situación universitaria comparable a la que vivimos en los departamentos de humanidades, hoy tomados por las ciencias sociales.
Contra la escolástica
Entiendo que existe un tópico muy extendido entre algunos historiadores (la mayoría no católicos), el que terminó por considerar a la escolástica como una escuela de pensamiento que para el siglo XV y XVI se encontraba anquilosada, impidiendo el crecimiento creativo en las universidades. El método escolástico, según ellos, habría terminado solo en discusiones bizantinas, sin aportar nada a la filosofía.
El Dr. Walker se toma de la historia de Marsilio Ficino para reproducir este tópico. Según cuenta, Ficino estaba trabajando en la traducción de las obras de Platón, cuando se encontró el manuscrito del Corpus Hermeticum. Su mecenas le solicitó de inmediato que abandonara la obra platónica para concentrarse en el nuevo manuscrito. Esta historia serviría como metáfora para esbozar lo que sucedió.

Marsilio Ficino por Alfred Gudeman en Imagines philologorum (1911)
Como se suponía que una obra como el Corpus Hermeticum no llegaría a las universidades (por su carácter espurio, esotérico y pagano), su traducción y estudio se llevó a cabo por fuera de la institucionalidad académica. Fue este impulso el que llevó a los intelectuales del renacimiento a rechazar la cultura de la cristiandad, para lanzarse a trabajar los textos clásicos paganos. De ahí nacería el humanismo y el renacimiento posteriores.
Aunque sí es cierto que grandes autores medievales (Petrarca, por ejemplo) no lograron la consagración de manera oficial, y aunque también es cierto que las limitantes de la institucionalidad universitaria llevaron a la creación de las academias, es difícil culpar de todo eso a la escolástica. Al menos a mi parecer, existe una idea equivocada al intentar plantear que el renacimiento en su conjunto se propuso acabar con la civilización cristiana. Es cierto que muchos de sus intelectuales se volvieron a concentrar en el paganismo, especialmente en el neoplatonismo y en otras formas de esoterismo, pero la escolástica fue la principal responsable del rescate de gran parte de la obra más relevante del mundo pagano.
Propaganda anticatólica
La discusión que subyace aquí es, al final, una muy diferente. El rechazo visceral de una disciplina filosófica que parece excesivamente esquemática, racional y árida. El historiador francés Jacques Heers se enfrentó con fuerza a parte de esta interpretación, criticando tanto a los humanistas del renacimiento como a los ilustrados de la revolución francesa.
Según Heers, en ambas oportunidades se trabajó intencionadamente por crear una imagen tergiversada de la Edad Media, haciéndola equivalente con el oscurantismo por motivos netamente ideológicos. En Hispanoamérica vivimos nuestra propia versión de ese trabajo propagandístico después de las independencias.
La proliferación de este tópico terminó por eliminar a la escolástica, y todos sus avances filosóficos, de la historia de la filosofía. Donde sea que miremos, pareciera que la escolástica nunca existió. Aunque a nivel académico podemos dar fe de que existe el neoescolasticismo y que su legado se sigue estudiando y cultivando, lo cierto es que para el mundo ajeno a la academia la escolástica sencillamente no existe.
Nuevamente, el problema de la tradición
Si existe entre algunos intelectuales y académicos la pretensión de que vivamos un nuevo renacimiento de las humanidades, entonces esta es una situación que debe ser corregida. No podemos considerar completa una renovación de los estudios clásicos que rechaza una tradición tan rica y completa.
Efectivamente, no se puede entender la filosofía sin la escolástica que le dio su forma casi definitiva. En múltiples ocasiones he tenido que escuchar críticas al escolasticismo que se basan solo en apreciaciones subjetivas referidas a su aridez y excesiva racionalidad. No cabe duda de que, si pretendemos revivir a las humanidades, comenzar por descartar a uno de sus miembros ilustres por esos motivos es un muy mal inicio.
La posición tradicionalista, se supone, no puede darse el lujo de establecer líneas rojas respecto de dónde comienza y termina la tradición. No se puede rechazar al cristianismo como parte de la tradición, así como tampoco a lo que los autores paganos nos enseñaron antes de la revelación. Homero no puede ser rechazado, porque su fuerza como fundamento de la tradición literaria occidental es transversal a la historia de nuestra civilización. Tradición y progreso se alimentan mutuamente y permiten que aquello que estaba unido no se aisle y destruya. De lo contrario, aquello que se quiere conservar (o hacer renacer) morirá ahogado por nuestros propios esfuerzos.
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