El tiro libre
Soñé que jugaba un partido de fútbol picante y muy disputado. De esos en los que cada pelota dividida parece definir algo más que el…
El tiro libre
Soñé que jugaba un partido de fútbol picante y muy disputado. De esos en los que cada pelota dividida parece definir algo más que el resultado. Yo jugaba muy bien. Aguantaba los golpes, no me caía fácilmente y, en un momento, daba un pase gol.
Poco después me hacían una falta cerca del área rival y no llegaba a caerme al piso que me levantaba desesperado para patear el tiro libre. No quería que nadie me sacara esa oportunidad.
Le pegaba fuerte, por abajo. La pelota pasaba por un costado de la barrera. Había salido con tanta potencia que el arquero ni siquiera alcanzaba a tirarse: la rozarla con una mano antes de que entrara en el arco.
Gol.
Al despertarme pensé en un recuerdo que llevaba años sin visitar.
Hasta los trece años jugué muy bien al fútbol. Formaba parte del seleccionado de mi colegio y era uno de los mejores jugadores del equipo y goleador de varios torneos entre el 2000 y 2003. Nunca dudaba cuando había que patear al arco.
Pero en 2003 empezamos a jugar un torneo de fútbol once y algo en mí cambió, desde ese entonces hasta el día de hoy.
En un partido me hicieron una falta cerca del área. El entrenador me señaló para que ejecutara el tiro libre. Sin embargo, cuando llegó el momento de patear, ocurrió algo de lo más raro: quise pegarle a la pelota, pero no supe cómo. Fue como si el cuerpo hubiese olvidado lo que venía haciendo de manera natural desde hace tantos años.
Le pegué pésimo. De rastrón. Antes de tocar la pelota, golpeé el piso y la pelota rodo unos metros sin fuerza, no llegó ni hasta la barrera formada por los rivales.
Poco después, dejé el fútbol. Empecé a jugar al golf. Después pasé al boxeo. Quise retomar el fútbol cuando tenía 18 años y estaba en muy buena forma física, pero me había olvidado de cómo jugar. El equipo en el que jugaba era bueno y muy unido. Por mi bajo rendimiento, nunca llegué a formar parte del equipo.
Era suplente y jugaba pocos minutos. Con el correr del tiempo y de los partidos, fui mejorando un poco, aunque no sé si mis compañeros eran conscientes de mi mejoría.
En un partido entré confiado, con decisión -como si fuese el jugador que fui hasta el 2003-. En la primera jugada casi meto un gol. Luego, en una jugada donde me iba sólo para meter el gol, me hicieron una falta cerca del área y pedí patear el tiro libre pero I.G. me dijo le iba a pegar él.
Al día siguiente, hablando por un grupo de Facebook del equipo, le digo a I.G. que me tendría que haber dejado patear a mí y me respondé: “lo tuyo fue caradurísmo puro”. Pasaron diesciséis años de eso pero me acuerdo como si hubiese sido ayer y todavía hoy me da bronca. Quedé enganchado a estas situaciones: mi tiro libre fallido de chico, mi mal desempeño de grande, el tiro libre que I.G. no me dejó patear y su respuesta al día siguiente por el grupo de Facebook.
En mi última sesión de análisis apareció una pregunta que, de algún modo, está contenida estas escenas: ¿por qué algo se interpone entre mi deseo y yo? ¿Por qué, muchas veces (cuando no es I.G., por ejemplo) soy yo mismo quien interfiere entre mi deseo y yo?
No tengo una respuesta pero el sueño parece ensayar otra versión de aquella historia.
En el sueño me levantaba rápido. Nadie pateaba por mí. Nadie dudaba por mí (yo tampoco dudaba). Apuntaba al arco y le pegaba con todas mis fuerzas. La pelota encuentraba un hueco, el arquero apenas llegaba a tocarla y la pelota entraba.
Quizás los sueños no vienen a decirnos la verdad. Quizás, simplemente, nos recuerdan que todavía existe una parte nuestra que sabe cómo pegarle a la pelota.
메타데이터
- post_id
- 20f00b77dfb8
- slug
- el-tiro-libre-20f00b77dfb8
- url
- https://medium.com/@pablodeltuit/el-tiro-libre-20f00b77dfb8
- canonical_url
- https://medium.com/@pablodeltuit/el-tiro-libre-20f00b77dfb8
- author_url
- https://medium.com/@pablodeltuit
- status
- ok
- fetched_at
- 2026-07-24 16:21:47