El Tiempo
Desde hace ya muchos años tengo la sensación de que me puedo ir al otro lado tranquilo, de que la vida ha merecido la pena, de que todo ha…
El Tiempo
Desde hace ya muchos años tengo la sensación de que me puedo ir al otro lado tranquilo, de que la vida ha merecido la pena, de que todo ha tenido sentido, de que lo he intentado, me he arriesgado, he vivido cosas extraordinarias, he conocido personas increíbles, he amado, he perdonado, he perdido, he ganado, ha sido algo mágico, he sido un privilegiado, he vivido una vida bien vivida y estoy preparado.
Eso no quiere decir que tire la toalla, que lo mejor a pasado, que me quiera ir rápido, todo lo contrario. Ahora soy más consciente y trato de prestar más atención a lo importante, trato de cuidar las relaciones, trato de estar ahí para las personas, vivo más agradecido, y sigo más motivado que nunca para arrancar nuevas aventuras por el camino.
En varias conversaciones recientes me han preguntado que qué necesito, y después de reflexionar unos segundos, he respondido que lo que necesito es tiempo. Nada más, nada menos, solo tiempo, porque la hipótesis que deseamos validar en el rural, requiere de muchos años de trabajo por delante, de pasar horas en el bar, de una inmersión real en la comunidad, de lograr legitimidad, de una integración y aceptación de verdad, de horas de vuelo, de equivocarnos por el camino para volver a intentarlo, de afinar, de precisión, de afilar el hacha como decía *Covey*, de estar preparados para cuando vengan las oportunidades a buscarnos.
Es cierto que en muchas ocasiones estamos pensando en recursos que necesitamos, a veces financieros, a veces de personas o equipo que nos apoye, a veces emocionales o de soporte, a veces de capacidad o espacios, pero la verdad es que siento que eso es parte del proceso, que si no llega podemos seguir sin ello, que lo importante lo tenemos. Siento que al escuchar esta respuesta, la persona que está al otro lado se sorprende un poco, parece que estamos tan acostumbrados a fijarnos en lo que nos falta en lugar de lo que tenemos, que probablemente se repita la respuesta de “necesito dinero”, como si nos programasen desde pequeños.
Después de reflexionarlo con más calma, creo que en mi caso tengo la sensación de que lo estamos haciendo, lo estamos logrando, estamos viviendo el sueño, estamos creando un nuevo proyecto, es algo extraordinario y necesito escribirlo para que la rutina no pueda borrarlo. Siempre veo el vaso medio lleno, este optimismo no es mío, creo que ha venido de nacimiento, pero me ayuda a confiar y tirarme a la piscina de vez en cuando, puedo arriesgar más y no tengo más mérito por ello, al igual que hay personas que tienen un umbral del dolor mayor, yo he nacido con este super poder, este cóctel genético, esta habilidad que me trae paz, que me permite ver la vida de otro color, que nunca agradezco lo suficiente y en muchas ocasiones lo doy por echo, aunque no lo merezco.
Esta perspectiva me permite disfrutar el presente y controlar la ansiedad por el futuro, por el mañana. No siento esa necesidad o visión que muchas personas persiguen convencidas de que las traerá la felicidad, creo que uno puede ser feliz donde esta, salvando las distancias, y consciente de mi privilegio, me refiero a que no soy amigo de crear ilusiones para engañarme, sino que trato de buscar la felicidad en el servicio, en el tiempo de calidad con personas, en lo social pero también en lo ambiental, dejando el pasado atrás, también en lo espiritual. No quiere decir que no tenga planes, ideas, proyectos, por supuesto que sigo soñando cada día desde que me despierto, algunos sueños son grandes, otros más domésticos, pero me refiero a que no me engaño pensando que seré feliz al lograrlos. No pienso que cuando tenga más dinero, un equipo, nueva oficina, levante una ronda, o venda una compañía, entonces lograre llegar a la meta, todo se alineará, llegaré a un estado de iluminación o nirvana.
Tiempo, solamente necesito tiempo, cocinar a fuego lento, tiempo que se pase despacio, para poder atesorar los momentos, como contemplar una fogata, como ver amanecer o atardecer desde la playa, como una buena sobremesa con un tinto en la mano, como saborear un buen plato, como coger una ola en verano, como un viaje en coche con un buen amigo conversando, como un concierto de Marta Gómez en un teatro, como ser conscientes de un pequeño milagro, como la celebración de una pequeña victoria en el día a día, como ver un partido de fútbol con mi padre, como hacer un viaje con mis sobrinos, como tomar un Gin con mi hermano hablando de cosas sin importancia, como unos días con mi madre en casa, como escuchar a Lucía contar una historia en inglés, como salir a caminar con mi mujer.
Creo que en 10 años podré ver la vida de otra manera, y también nuestro trabajo. Con un poco de fortuna en 20 años quizá veamos algunos resultados. Si estos es así, si vamos aprendiendo y las cosas van cuajando, quizá como *Satish*, cuando tenga algo más de 60 años, podremos empezar algún proyecto todavía más extraordinario, y si la vida me da salud y longevidad como algunas personas que admiro, con algo más de 80 años podré irme sintiendo que lo hemos intentado, que lo hemos logrado, que hemos sembrado y tratado de dejar algo, que ha merecido la pena el viaje y la compañía, que nos veremos al otro lado del charco, que todo ha sido un milagro.
Y tú … ¿Alguna vez has pensado como te gustaría irte al otro lado?

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