← Back to list

El temor ante el adiós

Por: Boris Luis Alonso Pérez Foto: Julio César García

Revista Pueblo Nuevo · 2025-09-30 14:13 · 3 claps · 3.9 min read
#cuba #emigración #emigrante #pérdida #extranjero
Open on Medium ↗

El temor ante el adiós

Por: Boris Luis Alonso Pérez Foto: Julio César García

Fotografía: Julio César García

Fotografía: Julio César García

Cuando recién cumplía los doce, choqué por primera vez con la emigración. A los padres de Luis, uno de mis mejores amigos, les habían entregado un apartamento en la ciudad de Matanzas por su trabajo. A esa edad, los cuarenta kilómetros que separaban la cabecera provincial del pequeño pueblo donde vivía fueron más que suficientes para perder el contacto.

Para un niño resulta muy difícil asumir que una persona tan cercana se esfume así, por razones que ni siquiera entendía del todo. Tampoco imaginé que ese sentimiento de pérdida iba a ser tan recurrente con el paso de los años.

Cuando cursaba el preuniversitario, Mandy, otro amigo, llegó con la noticia de que sus parientes en el yuma habían terminado el papeleo necesario para sacarlo del país. Eran los mismos familiares que le regalaron, años antes, el PlayStation 2 en el que jugábamos por las tardes, y le traían los discos de anime que luego circulaban de mano en mano por todos los compañeros del aula.

Mandy siempre fue aplicado. Quería ser arqueólogo. Años después, un primo suyo me contó que había estudiado algo relacionado con economía y que trabajaba para un banco en Kentucky. Todavía me pregunto si es feliz, aunque nunca pudo desenterrar un dinosaurio.

Más tarde le tocó el turno a Dalia. Nos pasábamos canciones de rock de un teléfono a otro por Zapya y estudiábamos juntos para las pruebas de ingreso. A ella le llegó la carrera de Medicina y a mí Periodismo. Mantuvimos el contacto durante la universidad, hasta que un día sin más se me apareció en una publicación de Facebook: Dalia está feliz en Estados Unidos con tres personas más. De fondo se observaba la imagen primermundista de un centro comercial. Cuando asistió por primera vez a un concierto de Simple Plan, me etiquetó en Instagram.

El golpe de verdad llegó con mi hermano mayor. Poco importó que llevara como cinco años diciendo que se quería ir. Nadie en la familia lo mentalizó del todo; ni siquiera en eso últimos días de espera, donde la despedida era inminente.

Había viajado par de veces al extranjero, entre invitaciones de amistades y parejas que conocía en el hotel donde trabajaba. Turisteó en Serbia, en Montenegro, en Austria y luego en Alemania, hacia donde finalmente emigró. Allí se casó con una eslava y tuvieron dos hijas preciosas de tez morena. A las niñas les salió la cubanía por todos lados.

He compartido personalmente con mi hermano solo en dos ocasiones en los últimos cinco años. Hablo menos de lo que quisiera con él por videollamada, vía WhatsApp. Sus problemas me son extraños: que si subió el precio de la calefacción, que si el seguro del carro, que si la cuenta de Netflix, que si los papeles de la residencia. Yo evito contarle los míos. Le digo que todo está normal, sin novedad en el frente, aunque las balas vuelen a ras de suelo.

De todos modos, el país del que se alejó dista mucho del que vivo yo. ¿Cómo le explico que hace quince días no me llega a la casa una gota de agua, que tengo servicio eléctrico apenas un par de horas al día o que treinta huevos equivalen a la mitad de mi salario? ¿Cómo le cuento que, pese a todo, la vida sigue?

Me dice que muere de ganas porque la familia esté más cerca. España sería un buen lugar para empezar de nuevo. Recientemente un primo emigró a Málaga y ya consiguió trabajo. Quisiera tenerme a dos horas de viaje, para poder tomarnos unas cervezas alemanas, mientras fumamos tabacos cubanos.

La lista de familiares y amigos fuera del país, a mis 29 años, ya es larga. Otros tantos esperan impacientes en la línea de salida. Daba igual que sea por visa, mar y aire, con beca o sin beca, acompañados o solos. El destino no les importa, porque la decisión está tomada. Bebamos nosotros entonces, hoy por el que mañana puede que no esté.

Alcanzamos el punto donde asumimos la separación con naturalidad. Naces, creces y emigras, ya luego te desarrollas y mueres. El tiempo en Cuba para gran parte de los jóvenes se vuelve una especie de curriculum vitae: aprende idioma, estudia algo que sea práctico en el yuma. Haz todo lo que quieras hacer el tiempo que te queda, porque en el extranjero “sí hay que trabajar de verdad” si pretendes levantar cabeza.

La última despedida fue la de Javier. Lo conocí apenas par de años atrás, pero el tipo es de los buenos. Hicimos la costumbre de jugar fútbol con un grupo de amigos una vez a la semana para engrasar los huesos, aunque siempre terminábamos dando muela y bebiendo cerveza dispensada en la pizzería que queda al lado del terreno.

El Javi estaba cien por ciento seguro de que se iría. Llegó a ese punto de ruptura, muy semejante a la desesperación, en el que ya no le queda más remedio que marcharse. Nos avisó de su viaje con una semana de antelación: “Me voy el jueves, así que aprovéchenme”. Vino el último café, el último partido, el último trago, como mismo sucedió con Mandy, con Delia, con mi hermano.

Cada vez que alguien emigra, algo se rompe y parece que al final todos se van. La Isla entonces se siente más sola, más pesada. Perdemos al amigo, al amante, al informático que te arregla la PC, a la dentista maga en eso de poner empastes, al periodista que leías cada semana.

¿Quién diría que la soledad podría ser acumulable? Da lo mismo si el que la padece está en una playa en Dubái o pidiendo el último en la cola para apagar el Morro. En un punto extrañar se vuelve un acto cotidiano y se acumulan las llamadas pendientes, y el país se siente extraño, más ajeno.


메타데이터
post_id
27abe8a8d254
slug
el-temor-ante-el-adios-27abe8a8d254
url
https://medium.com/@revistapueblonuevo/el-temor-ante-el-adios-27abe8a8d254
canonical_url
https://medium.com/@revistapueblonuevo/el-temor-ante-el-adios-27abe8a8d254
author_url
https://medium.com/@revistapueblonuevo
status
ok
fetched_at
2026-06-23 19:38:28