Del amor y el mango
Ella me dijo que le agobiaban mis abrazos, le asfixiaban mis besos y le atragantaban mis mordidas.
Del amor y el mango
Ella me dijo que le agobiaban mis abrazos, le asfixiaban mis besos y le atragantaban mis mordidas.
Y aunque me culpó, después descubrí que uno es reflejo de sus aprendizajes.
Crecí viendo a mi abuelo cumpliendo todos y cada uno de los antojos, caprichos y deseos de mi abuela.
Aunque estos fueran en contra de la razón, las leyes, la salud física o mental de ambos.
Crecí viendo a mis padres bailar las canciones más románticas de Eddie Santiago, Rubén Blades y Héctor Lavoe sin razón aparente.
Sólo por el placer de disfrutar un caluroso domingo común y silvestre de verano.
Crecí en una familia extensiva donde muy pocas veces se dibujaba la línea de la propiedad privada; reías hasta orinar y en el juego de las luchitas se escondían bruscos abrazos grupales.
Disculpa mi intensidad.
Pero nunca aprendí ni quiero aprender a comer mango con tenedor, cuchara o cuchillo.
Pa´quitarle la piel al mango uso dientes, lengua y manos.
Y cada que termino uno me queda el nectar amarillo en los pelos de la nariz, cejas y pestañas.
메타데이터
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