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Ya tengo las gafas que no necesito

Hay un cajón de una óptica en NYC en la que guardan la montura de mis gafas. Descubrimos este esquinazo de Lower East Side hace años y…

Ícaro Moyano Díaz in viejomoeb · 2022-09-29 06:56 · 0 claps · 3.3 min read
#bourne #somos #mision
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Ya tengo las gafas que no necesito

Hay un cajón de una óptica en NYC en la que guardan la montura de mis gafas. Descubrimos este esquinazo de Lower East Side hace años y periódicamente compruebo que siguen teniendo el modelo en su inventario. También vigilo las existencias de otra montura de una marca inglesa que fundaron en Londres dos optometristas en los años 60 por si acaso me quedan mejor una vez puestas. Lo más curioso es que yo no llevo gafas. A ver, no llevo gafas todavía.

Hay un momento los domingos en los que interrogo a mi agenda de la semana para que confiese sus amenazas contra mis rutinas. Busco entre las reuniones y los zooms todos los peligros que acechan a mis rituales para poder encontrar un acomodo imprevisto, un hueco que no existía para un café y un dulce o un rato juntos que no estaba pero que puedo construir entre dos citas en mi calendario que han dinamitado nuestras liturgias.

Aquí está el podcast de esta semana

Igual que un judoka orienta constantemente su cuerpo para anticiparse al rival y aprovecharse de su impulso para hacerlo caer, yo imagino situaciones simultáneas de riesgo para derribarlas. Estoy siempre alerta para anticiparme y reaccionar. Soy una especie de Jason Bourne de las pequeñas cosas: detecto algo que puede meter ruido y hago correr un modelo de pruebas hasta que encuentro una solución para un problema que todavía no existe.

Por eso ya sé la montura que llevaré cuando se me canse la vista. Por eso, desde que me dijeron que veía bien “para mi edad”, y que todavía podía estar un año sin llevar gafas, me puse a buscar el par ideal. No sabría gestionar una precipitación tal y he tenido tiempo suficiente para elegir, comparar, medir y tomar una decisión tranquila. Soy un muermo. Pero no imaginas la cantidad de malas sorpresas que me ahorro con esta rutina de esfuerzos que suceden a la previa de la realidad.

A estas alturas creo que no sé ser de otra forma y tengo que reconocerte que me preocupa un poco mi tendencia a levantar la vista y mirar lo que puede suceder poniéndome siempre en lo peor. Quizá no en lo peor, pero sí en lo malo posible. Soy un poco como un cenizo precog y le he achicado mucho los espacios a la sorpresa. Tengo que mejorar mil esfuerzos y el 1.001 debería ser el de anticipar también lo bueno. Por empatar, vaya.

O al menos aprender a relajarme, cambiar de profesión un segundo y no querer ser siempre el relojero. Porque no puedo ordenar todas las piezas y no todos lo que nos pasa tiene engranajes o ruedas que yo pueda ajustar. Me vas a decir que no sé dejarme llevar y tienes razón, sólo sé hacerlo cuando la hora suena en el segundo que yo había previsto.

Te vas a reír, pero tengo la cabeza llena de un millón de momentos de peligro perfectamente pulidos que no han sucedido jamás. Es otoño, el momento perfecto para que se caigan estas hojas del calendario de los días malos que no nos sucedieron.

En el río y en las letras

Me gusta la forma en la que Fitz vigila su calle frente a OSOM. Pasea por la acera con el hocico alerta y acompaña a los paseantes que entran a por un café. Hace ya año y pico que nos conocemos y el otro día estuve tomando medidas por Huertas para comprobar que Fitz también podrá escoltar a los paseantes de la nueva cantina que sus dueñas han abierto en Madrid.

OSOM ahora son dos: acaban de inaugurar su nuevo local en Moratín y allí hay más espacio, unos ventanales enormes en los que tomarle el pulso al otoño y más olor a cocina con el café. También está todo lo que nos gusta: el batch de aroma siempre fresco y los alfajores de bocado justo para seguir de paseo después de saludar.

Misión también crece y desde Plaza de España se ha ido caminado al río. El nuevo café del equipo de Hola está en la Cuesta de San Vicente. Se han acomodado en uno de los hoteles de la zona y se han llevado hasta allí su forma elegante de manejar la cafetera y los filtros.

Aquí se desayuna y se toman cócteles. Hay un espresso martini que tengo que probar pronto, cuando encuentre la hora adecuada para beber algo no sé si es de día o de noche. Y yo soy muy cuadriculado, ya me conoces.


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