Trump ordena la desclasificación de archivos gubernamentales sobre UAPs
Trump ordenó la desclasificación de archivos gubernamentales sobre vida extraterrestre y fenómenos aéreos no identificados. El presidente…
Trump ordena la desclasificación de archivos gubernamentales sobre UAPs
Trump ordenó la desclasificación de archivos gubernamentales sobre vida extraterrestre y fenómenos aéreos no identificados. El presidente estadounidense responde a comentarios recientes de Barack Obama y reactiva el debate sobre transparencia, seguridad nacional y la posible existencia de inteligencia no terrestre.

En vista del gran interés mostrado, ordenaré al Secretario de Guerra y a otros Departamentos y Agencias pertinentes que inicien el proceso de identificación y divulgación de archivos gubernamentales relacionados con vida extraterrestre, fenómenos aéreos no identificados (FANI) y objetos voladores no identificados (OVNI), así como cualquier otra información relacionada con estos asuntos tan complejos, pero sumamente interesantes e importantes. ¡Que Dios bendiga a América!
Washington D.C. | 19 de febrero de 2026 — En una decisión que podría marcar un punto de inflexión en la historia de la investigación gubernamental sobre fenómenos inexplicables, el presidente Donald Trump ordenó este miércoles a las agencias federales iniciar el proceso de identificación y divulgación de archivos relacionados con vida extraterrestre, fenómenos aéreos no identificados (FANI/UAP) y objetos voladores no identificados (OVNI/UFO). La medida, anunciada mediante una publicación en su plataforma Truth Social a altas horas de la noche del 19 de febrero, responde al “gran interés mostrado” por la ciudadanía y reaviva un debate que trasciende lo anecdótico para adentrarse en terrenos de seguridad nacional, transparencia institucional y rigor científico.
“Basado en el tremendo interés mostrado, dirigiré al Secretario de Guerra, y a otros departamentos y agencias pertinentes, para que inicien el proceso de identificación y divulgación de archivos gubernamentales relacionados con vida alienígena y extraterrestre, fenómenos aéreos no identificados (UAP) y objetos voladores no identificados (UFO), así como cualquier otra información conectada a estos asuntos altamente complejos, pero extremadamente interesantes e importantes. ¡Que Dios bendiga a América!”, escribió Trump en su mensaje, que rápidamente se volvió viral y generó reacciones encontradas en redes sociales, medios de comunicación y círculos académicos.
El detonante: las declaraciones de Obama sobre vida extraterrestre
La orden ejecutiva informal de Trump surge como respuesta directa a los comentarios realizados por el expresidente Barack Obama durante una entrevista en el podcast de Brian Tyler Cohen, difundida a principios de esta semana. Cuando se le preguntó si los extraterrestres eran reales, Obama respondió con una frase que ha generado miles de interpretaciones: “Son reales, pero no los he visto, y no los tienen retenidos en el Área 51. No hay ninguna instalación subterránea, a menos que exista una enorme conspiración y se la hayan ocultado al presidente de Estados Unidos”.
Tras la viralización de la entrevista, Obama matizó sus palabras en una publicación de Instagram, explicando que intentaba “mantener el espíritu de la ronda rápida” propia del formato del podcast. Añadió que “las probabilidades de que haya vida ahí fuera son buenas”, pero que las posibilidades de que “nos hayan visitado extraterrestres son bajas”. El exmandatario afirmó categóricamente que, durante su presidencia (2009–2017), no observó ninguna evidencia de que seres extraterrestres hubieran establecido contacto con la Tierra.
Trump, consultado sobre estas declaraciones durante una rueda de prensa improvisada a bordo del Air Force One el 19 de febrero, acusó a Obama de revelar “información clasificada”. “No se supone que deba hacer eso”, afirmó el actual presidente, quien añadió que él mismo no tiene una opinión formada sobre la existencia de vida extraterrestre, aunque reconoció que “mucha gente sí la tiene”. En un gesto característico de su estilo comunicativo, Trump dirigió la pregunta al periodista de Fox News Peter Doocy: “¿Tú crees en ello?”.
Doocy respondió con cautela: “Bueno, si el presidente puede desclasificar todo lo que quiera, entonces si quieren hacer un anuncio…”. Trump lo interrumpió inmediatamente: “Quizás pueda sacar a [Obama] de problemas desclasificando información”. Esta intercambio, aparentemente ligero, encierra implicaciones profundas sobre los protocolos de desclasificación, la responsabilidad de los exmandatarios en el manejo de información sensible y el papel del Ejecutivo en la gestión de temas que rozan los límites entre la ciencia, la seguridad y la especulación pública.
El intercambio Trump-Obama: entre la acusación de filtración y la clarificación pública
La polémica se intensificó cuando, durante una rueda de prensa improvisada a bordo del Air Force One el 19 de febrero, el reportero de Fox News Peter Doocy preguntó directamente a Donald Trump si los comentarios de Obama significaban que los extraterrestres “son reales”. La respuesta del presidente no se hizo esperar: “Bueno, no sé si son reales o no. Puedo asegurarles que dio información clasificada. No debería estar haciendo eso”, afirmó Trump, añadiendo con contundencia: “Cometió un grave error. Lo sacó de la información clasificada”.
Este intercambio no surgió en el vacío. Fue impulsado por un episodio del 14 de febrero del podcast “No Lie with Brian Tyler Cohen”, en el que el presentador formuló a Obama una pregunta directa: “¿Son reales los extraterrestres?”. La respuesta del expresidente, cuidadosamente matizada pero potencialmente explosiva, resonó con fuerza en redes sociales y medios de comunicación: “Son reales, pero no los he visto y no están guardados en el Área 51. No hay ninguna instalación subterránea, a menos que haya una enorme conspiración y se la ocultaron al presidente de Estados Unidos”.
La viraliadad de la entrevista llevó a Obama a publicar una aclaración en Instagram el 15 de febrero, buscando contextualizar sus palabras dentro del formato dinámico del podcast: “Intentaba mantenerme fiel al espíritu de la ronda rápida, pero ya que ha llamado la atención, permítanme aclararlo. Estadísticamente, el universo es tan vasto que hay muchas probabilidades de que haya vida ahí fuera”. Sin embargo, el exmandatario añadió una precisión crucial: “Pero las distancias entre los sistemas solares son tan grandes que la probabilidad de que hayamos sido visitados por extraterrestres es baja, y durante mi presidencia no vi ninguna evidencia de que hayan contactado con nosotros. ¡De verdad!”.
A pesar de esta clarificación, Trump mantuvo su postura acusatoria. Cuando Doocy intentó profundizar en la rueda de prensa del Air Force One, sugiriendo que el propio presidente podría “hacer un anuncio” si así lo deseaba, Trump interrumpió al periodista con una respuesta característica de su estilo: “Quizás pueda sacar a [Obama] de problemas desclasificando información”. Esta frase, aparentemente espontánea, encierra una implicación estratégica notable: la posibilidad de que la orden de desclasificación no responda únicamente al interés ciudadano, sino también a una dinámica política de contraste entre administraciones.
Cabe destacar que Trump ha sido preguntado repetidamente sobre sus opiniones respecto a la “vida no humana” en la historia reciente, incluyendo apariciones mediáticas a lo largo de su campaña presidencial de 2024. En una entrevista de podcast en junio de 2024, el entonces candidato expresó: “¿Soy creyente? No, no puedo decirlo. Pero me he reunido con gente, gente seria, que dice que hay cosas realmente extrañas volando por ahí”. Esta declaración, menos categórica que la de Obama pero igualmente significativa, refleja una aproximación pragmática al tema: ni confirmación ni negación absoluta, sino reconocimiento de testimonios que, por su procedencia, merecen consideración.
La oficina de Obama no respondió a una solicitud de comentarios al momento de la publicación de estas declaraciones, lo que añade una capa adicional de expectativa sobre cómo evolucionará este diálogo público entre dos figuras centrales de la política estadounidense contemporánea. Mientras tanto, la pregunta fundamental persiste: ¿qué información clasificada podría existir realmente sobre este tema, y qué criterios deberían guiar su eventual divulgación?
Este episodio ilustra, una vez más, cómo la cuestión de los fenómenos aéreos no identificados ha trascendido los márgenes de la especulación para instalarse en el centro del debate institucional. Ya no se trata únicamente de avistamientos o testimonios aislados, sino de protocolos de transparencia, responsabilidades presidenciales y el delicado equilibrio entre seguridad nacional y derecho ciudadano a la información. En ese contexto, cada declaración pública — ya sea en un podcast, en Instagram o a bordo del Air Force One — adquiere un peso específico que merece ser analado con rigor, sin precipitaciones ni sensacionalismos.
Antecedentes institucionales: de la UAPTF a la AARO
Para comprender la magnitud de la orden de Trump, es necesario retroceder a agosto de 2020, cuando durante su primer mandato se estableció el Grupo de Trabajo sobre Fenómenos Aéreos No Identificados (UAPTF, por sus siglas en inglés). Según un comunicado oficial del entonces Departamento de Defensa (DOD), esta unidad fue creada para “mejorar la comprensión del departamento sobre la naturaleza y los orígenes de los UAP”, con una misión operativa clara: detectar, analizar y catalogar aquellos fenómenos que pudieran representar una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
El comunicado subrayaba que “el Departamento de Defensa y los departamentos militares se toman muy en serio cualquier incursión de aeronaves no autorizadas en nuestros campos de entrenamiento o espacio aéreo designado y examinan cada informe”. Esta declaración institucional buscaba desmontar narrativas conspirativas, al tiempo que reconocía la legitimidad de investigar fenómenos que, inicialmente reportados como UAP, podrían deberse a limitaciones tecnológicas, errores de percepción o, efectivamente, a capacidades aéreas de actores hostiles.
En 2021, la UAPTF presentó ante el Congreso un informe exhaustivo que evaluaba tanto la amenaza potencial representada por estos fenómenos como los avances logrados en su comprensión. Sin embargo, el documento admitía una limitación fundamental: la falta de información de “alta calidad” impedía afirmar de manera concluyente si los UAP eran de origen extraterrestre o cuál era su naturaleza e intenciones reales. Aunque algunos casos exhibían “características de vuelo inusuales” — como aceleraciones bruscas, maniobras sin superficies de control visibles o desplazamientos a velocidades hipersónicas sin firma térmica aparente — , el informe señalaba que estas podrían explicarse por “errores de sensores, falsificación o percepción errónea del observador”.
El debate se intensifica: transparencia, Congreso y opinión pública
La cuestión de los ovnis volvió a cobrar protagonismo en 2023, durante la administración Biden, cuando miembros de la Cámara de Representantes acusaron al gobierno federal de ocultar información relevante al Congreso y al pueblo estadounidense. En una audiencia celebrada el 26 de julio de ese año, el representante republicano Glenn Grothman (Wisconsin), entonces presidente del Subcomité de Seguridad Nacional, Frontera y Asuntos Exteriores, expresó una preocupación compartida por legisladores de ambos partidos: “La falta de transparencia con respecto a los UAP ha alimentado la especulación y el debate durante décadas, erosionando la confianza pública en las mismas instituciones que se supone que deben servirlos y protegerlos”.
En respuesta, la Casa Blanca reconoció públicamente la existencia de fenómenos aéreos inexplicables reportados por pilotos de la Marina y la Fuerza Aérea. John Kirby, entonces portavoz de seguridad nacional, declaró en rueda de prensa: “En algunos casos, estos fenómenos han afectado a nuestros campos de entrenamiento y a la capacidad de nuestros pilotos para volar, entrenar, operar y mantenerse preparados. Solo por eso, es un asunto de seguridad nacional que vale la pena analizar. No sabemos; no tenemos las respuestas sobre qué son estos fenómenos”.
Esta admisión institucional marcó un cambio de paradigma: lo que durante décadas fue tratado con escepticismo o relegado al ámbito de la cultura popular, pasaba a ser reconocido como un tema legítimo de investigación gubernamental, con implicaciones directas en la defensa, la inteligencia y la política científica.
Datos recientes: la Oficina de Resolución de Anomalías (AARO)
Según un comunicado de prensa del Departamento de Defensa fechado el 24 de noviembre de 2024, la Oficina de Resolución de Anomalías de Todos los Dominios (AARO, por sus siglas en inglés) recibió 757 informes de UAP entre el 1 de mayo de 2023 y el 1 de junio de 2024. De estos, 485 incidentes ocurrieron dentro del período reportado, lo que refleja un aumento significativo en la notificación de casos, posiblemente impulsado por protocolos mejorados de reporte y una mayor concienciación entre el personal militar.
Jon Kosloski, director de la AARO, subrayó en su informe que “solo un porcentaje muy pequeño de los reportes son potencialmente anómalos, pero estos son los casos que requieren un tiempo, recursos y una investigación científica enfocada por parte de la AARO y sus socios”. Asimismo, Kosloski fue categórico al afirmar que, “hasta la fecha, la AARO no ha descubierto ninguna evidencia verificable de seres extraterrestres, actividad o tecnología. Ninguno de los casos resueltos por la AARO ha apuntado a capacidades avanzadas o tecnologías revolucionarias”.
No obstante, el director reconoció ante el Senado de EE. UU. el 19 de noviembre de 2024 que el Pentágono carece de explicaciones para algunos de los casos no resueltos. Esta admisión de incertidumbre, lejos de ser una debilidad, representa un compromiso con el método científico: reconocer lo que no se sabe es el primer paso para avanzar en el conocimiento.
Implicaciones políticas, éticas y científicas de la orden de Trump
La orden de Trump de desclasificar archivos relacionados con vida extraterrestre plantea preguntas complejas que trascienden lo meramente informativo. En primer lugar, surge la cuestión jurídica: ¿qué documentos existen realmente? ¿Están clasificados por razones de seguridad nacional legítimas, por protección de fuentes y métodos de inteligencia, o por consideraciones políticas? La Ley de Libertad de Información (FOIA) establece mecanismos para solicitar documentos gubernamentales, pero la desclasificación proactiva por orden presidencial representa un nivel superior de transparencia, siempre que se realice con rigor y sin comprometer operaciones en curso.
En segundo lugar, está la dimensión ética. Como pintor y documentalista de fenómenos complejos, entiendo la responsabilidad que conlleva presentar información sensible al público. La ufología, cuando se aborda con seriedad, requiere un equilibrio delicado entre el derecho ciudadano a la información y la protección de datos que, mal interpretados o sacados de contexto, podrían generar pánico infundado o desinformación. Trump ha señalado que su objetivo es responder al “interés mostrado”, pero corresponde a las agencias especializadas filtrar, contextualizar y presentar los datos de manera responsable.
En tercer lugar, la dimensión científica. La búsqueda de vida extraterrestre es un campo legítimo de investigación, impulsado por disciplinas como la astrobiología, la radioastronomía (proyectos SETI) y el análisis de exoplanetas. Sin embargo, la afirmación de que “nos han visitado” requiere evidencia extraordinaria, tal como estableció Carl Sagan. La desclasificación de archivos podría aportar datos valiosos para la comunidad científica, siempre que se acompañen de metodologías transparentes y revisión por pares.
Reacciones y perspectivas de futuro
La orden de Trump ha generado reacciones diversas. Defensores de la transparencia celebran la medida como un paso histórico hacia la rendición de cuentas gubernamental. Escépticos advierten sobre el riesgo de alimentar teorías conspirativas sin base empírica. Científicos piden cautela y rigor en la interpretación de cualquier documento desclasificado. Y ciudadanos de todo el mundo esperan, con legítima curiosidad, qué revelaciones podrían emerger de los archivos.
Es probable que el proceso de identificación y divulgación de archivos no sea inmediato. La revisión de documentos clasificados requiere tiempo, coordinación interagencial y, en muchos casos, la redacción de información sensible. Además, algunos archivos podrían estar fragmentados, dispersos en múltiples agencias o, en casos extremos, haber sido destruidos o alterados con el paso del tiempo.
Lo que sí parece claro es que el tema de los UAP ha dejado de ser un tabú para convertirse en un asunto de política pública. La combinación de testimonios creíbles de pilotos militares, imágenes de sensores avanzados y declaraciones de altos funcionarios ha obligado a instituciones tradicionalmente reticentes a abordar el fenómeno con seriedad.
Entre la curiosidad humana y la responsabilidad institucional
La orden de Donald Trump de desclasificar archivos sobre vida extraterrestre y fenómenos aéreos no identificados representa más que un gesto político: es un reflejo de una sociedad que exige transparencia, que valora el conocimiento basado en evidencia y que no teme explorar preguntas fundamentales sobre nuestro lugar en el cosmos.
Como investigador que ha documentado durante décadas fenómenos aéreos no identificados, he aprendido que la verdad no siempre es espectacular, pero siempre es valiosa. La posible existencia de vida más allá de la Tierra no disminuye la importancia de la experiencia humana; al contrario, la enriquece, nos invita a la humildad cósmica y estimula la innovación científica.
En las próximas semanas y meses, observaremos con atención cómo se desarrolla el proceso de desclasificación. Esperamos que las agencias involucradas actúen con rigor, que los medios comuniquen con responsabilidad y que el público reciba información verificada, contextualizada y útil. Porque, al final, más allá de las siglas, los expedientes y las declaraciones políticas, lo que está en juego es algo profundamente humano: nuestro deseo de comprender el universo que habitamos.
La verdad como acto de valentía colectiva
La orden de desclasificación que hoy nos ocupa trasciende lo político para adentrarse en lo esencialmente humano: nuestra necesidad ancestral de saber quiénes somos y si estamos solos en este vasto universo. Durante décadas, la ufología ha navegado entre dos extremos peligrosos: el escepticismo dogmático que niega sin investigar, y el sensacionalismo que afirma sin demostrar. Cuando el presidente de los Estados Unidos ordena abrir archivos, no asistimos simplemente a un gesto administrativo, sino a un reconocimiento institucional de que la pregunta por lo desconocido merece ser abordada con rigor, no con silencio. Como investigador que he documentado avistamientos desde 1968, he aprendido que la verdad rara vez llega envuelta en luz dramática. Más bien, se construye pieza a pieza, con testimonios contrastados, datos verificables y paciencia metodológica. La desclasificación no es un final, sino un comienzo: el inicio de un proceso colectivo de interpretación que requerirá la colaboración de científicos, historiadores, periodistas y ciudadanos informados. Hay algo profundamente ético en la transparencia. Cuando las instituciones ocultan información, incluso con buenas intenciones de seguridad, generan un vacío que inevitablemente se llena con especulación. La confianza pública no se recupera con declaraciones, sino con hechos accesibles. Por eso, la medida de Trump, más allá de sus motivaciones políticas, representa una oportunidad histórica para que la ufología madure como campo de estudio serio, despojado de estigmas y abierto al escrutinio académico. Pero también debemos ser cautos. La desclasificación no garantiza claridad inmediata. Los documentos pueden estar fragmentados, redactados o contextualizados de manera que requieran interpretación experta. Aquí radica la responsabilidad de quienes tenemos voz pública: comunicar sin distorsionar, contextualizar sin simplificar, y recordar siempre que la ausencia de explicación no equivale a confirmación de lo extraordinario. En mi experiencia personal con el avistamiento de 1985 sobre Montserrat, comprendí que lo más valioso no fue la visión en sí, sino la disciplina que exige documentarla: hora, coordenadas, condiciones atmosféricas, testigos. Esa misma disciplina es la que debe guiar ahora el análisis de los archivos gubernamentales. No buscamos sensaciones, buscamos comprensión. Además, este momento nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del conocimiento. En una era de sobreinformación y desinformación, la capacidad de distinguir entre evidencia y rumor se ha convertido en una habilidad cívica esencial. La ufología, abordada con seriedad, puede ser una escuela de pensamiento crítico: nos enseña a preguntar “¿cómo lo sabemos?”, “¿quién lo afirma?”, “¿qué pruebas existen?”. Finalmente, hay una dimensión filosófica que no podemos ignorar. Si algún día se confirma que no estamos solos, la humanidad enfrentará no solo un desafío científico, sino una transformación cultural profunda. ¿Cómo redefiniremos nuestra identidad como especie? ¿Cómo integraremos esa realidad en nuestras creencias, nuestras artes, nuestras relaciones? La preparación para esa posibilidad comienza hoy, cultivando la humildad intelectual y la apertura al misterio sin renunciar al rigor. Por todo ello, celebro esta orden de desclasificación no como una confirmación de teorías, sino como una invitación a pensar mejor, a investigar con integridad y a comunicar con responsabilidad. La verdad, cuando se busca con honestidad, siempre nos hace más libres. Y en ese camino seguiré, con los ojos en el cielo y los pies en la tierra.


José A. Galán ha investigado fenómenos aéreos no identificados. Ex-Miembro del Centro de Estudios Interplanetarios de Barcelona. Corresponsal de investigación en UFO-SVERIGE. José A. Galán.
Barcelona 21 de Febrero de 2026
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