Las colas del hambre
San José de las Lajas, al igual que otras urbes cubanas, sufren el desabastecimiento de alimentos de primera necesidad y el aumento de los…
Las colas del hambre
San José de las Lajas, capital de la provincia Mayabeque, sufre el desabastecimiento de alimentos de primera necesidad y el aumento de los precios
Lidia Mendoza es una señora de 65 años, pensionista y, sobre todo, maga; capaz de hacer que 270 pesos al mes, unos 10 euros, le alcancen para pagar los medicamentos por la diabetes, la comida que le corresponde por la cartilla de racionamiento y, con el resto, que es bastante poco, comprar algo de pan adicional o lo que se pueda. “Mis días, como los de muchos otros, son bastante apretados: unas veces se toma sopa, otras algo de verdura o un poco de arroz con frijoles, y así hasta que se acabe. El resto de los días, se inventa”. A las 5:00h de la mañana ya está en pie, se inyecta la insulina y espera media hora para desayunar. Lleva casi un año ingiriendo solo la mitad de los nutrientes que debería: “hace meses que no hay huevos ni aceite con qué freírlos, y el pollo, que viene tres días a la semana es tan escaso que, si no eres de los primeros en la cola, no alcanzas a comprar”.
El desabastecimiento alimenticio afecta, como a Lidia, a casi los 11 millones de cubanos. La isla es incapaz de autoabastecerse. Ha dejado de producir y mantiene la mayoría de sus industrias cerradas. “Ahora solo vive del turismo”, informa Tamara Valido, presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular. San José de Las Lajas, que antes era el municipio más industrializado de la región, ya no puede surtir a sus miles de habitantes y les obliga a desplazarse a La Habana para conseguir los productos básicos. “Primero se abastecen las capitales turísticas. Las sobras se reparten al resto de la población”, plantea Tamara González, coordinadora del Grupo Alimentario de Mayabeque.

Cola a la entrada de la tienda Samurai tras la llega del pollo / Olivia Martín
Cuba está envuelta en deudas con otras naciones y no tiene con qué pagarlas. El gobierno señala como único culpable de la situación al recrudecimiento del bloqueo económico y comercial, así como a las delimitaciones financieras por parte de los Estados Unidos. El país puede entrar en un segundo periodo especial “silencioso”, según alerta el primer secretario del partido, Raúl Castro. Desde el ministerio declaran que este es un tema de constante ocupación del Estado, de los comerciantes y los productores: “Estamos tomando medidas para reorientar los mercados de productos de primera necesidad, pero esto no es un problema que se resuelve a corto plazo”, declara Betsy Díaz Velázquez, Ministra de Comercio Interior.
“Antes había comida pero no con qué pagarla, ahora tenemos algo de dinero pero no qué comprar”, plantea Mendoza
“Llevo escuchando sobre el bloqueo desde que tengo cinco años y creo que va siendo hora de dejar de justificarse con eso”, confiesa Sara Medina, una joven trabajadora. En San José de las Lajas falta aceite, huevos, pollo, picadillo, salchichas, carne de cerdo entre otros. En las tiendas no hay leche en polvo, y esta es una carencia sensible porque es un producto restringido, es decir, solo asequible por la cartilla de racionamiento para niños de hasta siete años y personas dependientes de dieta médica. “Estoy pasando un apuro con mi madre, ya está por cumplir 80 años y siempre ha desayunado café con leche y pan, pero el pan de la libreta (de racionamiento) no hay forma de que se lo coma, y leche no hay”, lamenta la joven.
Conseguir pan fuera de la cartilla normada es muy difícil, y comérselo, sabiendo que está horneado con harinas de inferior calidad y dudosa procedencia, resulta inseguro. Son muchas las panaderías cerradas en San José por falta de pan: “La harina no sirve y es poca”, denuncian los trabajadores del sector. Aunque ya queda lejos aquel 26 de julio de 2007, cuando el general Raúl Castro habló del “vaso de leche” para “todo aquel que quiera tomárselo”, la realidad es que, 12 años después, para alimentar a los seres queridos, muchos cubanos tienen que emprender un verdadero viacrucis.
Ha aumentado el precio de todo, el huevo, por ejemplo, ahora cuesta el doble y solo se pueden comprar cinco al mes de forma racionalizada. El gobierno anunció en el último informe de marzo del 2019 que la producción de este alimento mejoraría, pero dos meses después la situación persiste. “Empezaré a rellenar botellas de agua, no porque anuncien sequía, sino por si en unos meses tenemos que empezar a freír los huevos con ella. Pero bueno, tampoco sé de qué huevos hablo”, comenta Medina con tono jocoso, y agrega: “Es más fácil sacarse la lotería que conseguir alimentos en este pueblo”.

Libreta de abastecimiento de Lidia Mendoza / Olivia Martín
En las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), la carne ha desaparecido de las neveras y los anaqueles. Sin embargo, sobreabundan las cajas de pulpo, sardinas y calamares a precios desorbitados. Estos productos son conocidos como ociosos y de reserva y se sacan de vez en cuando para aparentar plenitud en las tiendas. Finalmente, terminan caducando porque la población “ni puede pagarlos ni tiene cultura de comerlo”, replica Valido. También son desbordantes las colas en los comercios los tres días a la semana en los que está establecido que llegará el pollo. Desde la madrugada, la población se planta en la puerta a la espera de un camión, que, muchas veces ni aparece, o viene tan escaso que no cubre la demanda.
“Una minoría pudiente compra lo de una mayoría y luego infla los precios”, informa la ministra Díaz
“Escasean los alimentos de primera necesidad, pero sobran los políticos, la policía, la corrupción y el trapicheo”, aclara Alberto Méndez, oficial del Ministerio de Interior. La necesidad y precariedad laboral han inducido a la población a crear sus propios negocios, en su mayoría restaurantes. Los dueños de las conocidas como “paladares” consiguen el producto a través de un acuerdo ilegal con los encargados del establecimiento. El cajero del supermercado, o bien les guarda la mayoría de las cajas de alimento que llegan y luego se las reparte en el cierre, recibiendo un suplemento por encima o, de lo contrario, le facilitan información sobre el itinerario del camión para que lo intercepten por el camino antes de llegar a la tienda. Ahí mismo lo recogen todo y le pagan al chófer, que se queda con una parte del efectivo y el resto se lo traslada al encargado del comercio. Esa es una de las razones de peso por las cuales el transporte de comida llega tarde o prácticamente vacío.
A causa de estas indisciplinas reiteradas y la coexistencia de negocios no estatales que demandan productos básicos como materia prima, el ministerio decidió proponer medidas de carácter comercial para la regulación y el control: la racionalización. Una persona solo puede comprar un litro de aceite y dos paquetes de pollo “para que todos alcancen”, comenta Yuniel Espina, empleado de tienda. Pero, “ni con el racionamiento se resuelve el problema, porque la demanda supera con creces la muy menguada oferta”, aclara Alberto Méndez.
Ni siquiera la policía puede controlar el desorden y la corrupción desbordante que existe. La barbarie y el maltrato acechan por un poco de comida; por la supervivencia. “Los trabajadores están descontentos y los mayores deprimidos”, denuncia Mendoza mientras saca de un estante de su cocina, casi vacío, el poco de arroz que le queda para volver a hacer su magia.
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