Aurora Por Coincidencia
Corta historia de un accidente oportuno.
Aurora Por Coincidencia
Corta historia de un accidente oportuno.
“¡Qué mal por ti!”. Mi colega no duda en revelar que él aborrecería tener que caminar a estas horas de la noche. Yo tengo que hacerlo porque lo que me dijeron me entró por un oído y me salió por el otro, y terminé reservando un hospedaje diferente al de los demás.
Naturalmente, estamos en el restaurante del hotel donde se está quedando la mayoría. Antes de que me vaya, de lo último que hablamos es de que supuestamente esta noche hay probabilidad de ver auroras boreales. En otro tiempo, menos de eso hubiera sido necesario para que me lanzara al punto más obscuro en kilómetros a la redonda, a ver si se dejaba ver doña Aurora. La he visto un par de veces, pero han sido muchas más las veces que la he intentado vislumbrar sin éxito. Hoy solo quiero ir a dormir.
Finalmente emprendo mi camino. Con tan solo unos pasos recorridos, volteo al cielo nocturno. Lo hago con cierta ironía, queriendo burlarme de la supuesta probabilidad, listo para no ver nada más que el negro de la noche. Me tomó unos segundos darme cuenta de lo que estaba viendo, porque no creí que, incluso con tanta luz urbana, la aurora pudiera brillar así.

Foto que tomé y que no le hace justicia.
Duró menos de un minuto, lo suficiente para que le tomara un par de fotos, como si hubiera salido solo para callarme la boca. Después se esfumó. Me quedé allí parado un rato, esperando a ver si volvía a asomarse, pero no lo hizo. No pude evitar pensar en que si yo hubiera salido un minuto antes o un minuto después, no la hubiera visto. Es más, si no me hubiera equivocado al escoger el hotel, no habría tenido que hacer esta caminata nocturna.

Dejen dormir. Foto por mi.
En Cien Años de Soledad, José Arcadio Buendía busca en vano el mar durante años, solo para encontrarlo cuando no lo estaba buscando. El patriarca se siente insultado, como si el Universo le hubiera jugado una mala broma. En mi caso, preferí no tomar ofensa contra el Universo. Como dicen mis abuelos: “cuando te toca, ni aunque te quites; cuando no te toca, ni aunque te pongas”.
메타데이터
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