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Un día que volvimos al Jalisco…

Jorge Briseño · 2026-05-28 04:04 · 0 claps · 4.5 min read
#chivas #liga-mx #futbol #fútbol
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Un día que volvimos al Jalisco…

El sol apabullante, un calor árido como pocos en el occidente del país, una tarde caliente donde se respira algo de impaciencia y celeridad. El tráfico lento pero fluido de Guadalajara dejaba ver camisetas del equipo que lleva por nombre el nombre de esta ciudad. Observo determinación de la gente que porta esos colores, un convencimiento como sólo una gran ilusión y experiencia puede brindar.

Esas caminatas célebres con pisadas firmes tienen un motivo: Club Deportivo Guadalajara se juega el pase a una final de liga frente al Cruz Azul.

Lo que bien podría considerarse uno de los enfrentamientos clásicos dentro del fútbol mexicano tendrá lugar, para su partido de vuelta, el monumental Estadio Jalisco. Ese coliseo de viejas batallas del Guadalajara se viste de rojo y blanco para ser testigo de lo que podría llegar a ser poco menos que una hazaña.

Chivas no tiene 6 jugadores titulares para este partido, mientras tanto, el Azul a pesar de sus reciente tropiezos y su baja en la dirección técnica tiene un fútbol abundante, como pocos en el país. El rojiblanco ha sorprendido a extraños con la voltereta a Tigres de la U de Nuevo León y le ha confirmado a propios de lo que está hecho: de mucho fútbol y de duros aguacates en cada uno de los que conforman el equipo.

El partido de ida así lo confirmó ofreciendo, quizá, el mejor enfrentamiento que el menú de la LigaMX trae a sus consumidores. Partido de fútbol en su máxima expresión. Con calidad técnica, duras patadas, grandes goles, errores propios del nervio de jugar un partido de esta envergadura, y por supuesto, polémicas arbitrales que le agregan un ácido picante a la conversación.

Avanzan las manecillas del reloj y así va creciendo también el nervio y la expectativa. La Calzada Independencia es testigo del peregrinaje de decenas de miles de personas que manifiestan la ilusión de tantas maneras como pueda imaginarse: seriedad, sentido sensible del humor, sed, prisa, gritos, etcétera.

Las afueras del estadio congregan estas emociones que son explotadas a manera de cantos y de nerviosismo hasta para encontrar la puerta correspondiente y entrar a la cancha. No pareciera que han sido muchos años desde que Chivas no es local en el Jalisco. La gente lo rodea con naturalidad, el que tiene hambre va por una torta ahogada, el que tiene sed destapa una cerveza y el que no puede contenerse más decide cantar con la porra. Es un sentimiento parecido al de volver a casa.

Volver a casa cuyos escalones quizá no extrañabas, pero que al llegar a tu zona se abre una ventana a tu costado. Un oasis soleado, de alfombra intensamente verde dilata tu pupila y acelera tu corazón. Ahora escuchas los tambores y cantos al unísono: definitivamente estás en casa.

Desde el calentamiento te tienes que hacer sentir y hacer sentir a los tuyos que tienen respaldo, que estás con ellos y que juntos van por la victoria. Es un hambre de ganar que nunca debe ser saciada, que reseca la boca y las gargantas y en una de esas hasta intimida al rival. Para terminar de convencer a propios y rivales no puede faltar un buen mosaico y una manta que determine la intención de los sentimientos: “te quiero como nunca, te aliento como siempre”. Ahora que ya tenemos las cartas sobre la mesa podemos empezar a jugar.

Toques de balón, intensidad de juego, gritos, entradas duras pero limpias, reclamos, choques, silbidos, insultos, cantos, cabeceos, indicaciones: definitivamente estás en casa.

Gol tempranero del rival que aunque hiere sólo aumenta el hambre y la fe. Un sólo gol necesitamos para seguir tratándonos de tú a tú. No tarda en llegar. Fuerte impacto raso y colocado al ángulo inferior de la portería contraria hace explotar al estadio en una colección sin fin de gritos y abrazos con amigos y desconocidos. Son abrazos de fraternidades profundas e instantáneas, de desahogo y del primer bocado para saciar el hambre.

El resto del juego es de tensión, de presión y de cronopatía pura. Nunca pasa el tiempo tan lento como cuando esperas que acabe ya un partido de fútbol. Recuerdo al medio tiempo expresar mi nerviosismo cuando un colega como le diría un padre a un hijo me dice: “sí pasamos a la final, vas a ver que sí”. No se que tan convencido estaba de decirlo pero yo terminé estándolo.

Sin embargo, para fortuna de unos y desgracia de otros, la pelota es impredecible. No hay fórmula perfecta ni exacta para tener la fortuna a favor y cuando te echas para atrás concedes permiso a ser atacado. Gol feo, de desvío, machucado, pero que vale igual. El rival con fútbol se ha puesto por delante y el hambre provoca desesperación ahora. Cada pelota es fugaz, cada oportunidad es insuficiente, cada ataque es una esperanza de gol y cada acción en el área es penalti a favor.

¿Era mano y penal para Chivas? No puedo mentirme y negarlo. Claro penal para mí.

Minutos finales y el estadio aprieta aún más, voces ya resecas se escuchan en la grada. Los tiros de esquina se festejan como penales y cada falta se reclama como roja para el rival. Pero cuando no te toca, ni aunque te pongas. Un cabezazo en falso pudo ser la sentencia para la alegría, pero terminó siendo el final de las esperanzas.

Pitazo final.

La garganta comienza a hacer estragos después de 90 minutos de gritos al aire y sin parar, las ilusiones han sido sepultadas de golpe después de una esperanza que parecía eterna y no queda más que aceptar la derrota. Cabe recordar con recelo una mano que no se marcó para un penal, recordar las acciones que fallaron, las que acertaron y las que “hubieran” hecho para ganar.

Lo cierto es que percibo un convencimiento que el Guadalajara volverá y volverá fuerte. Porque este equipo merece más, esta afición merece más. Además, viéndolo de otro ángulo y quitando los insuficientes “merecimientos”, la realidad es que Chivas llegó a semifinales con 6 titulares ausentes. Dudo que otros equipos lo consiguieran jugando el fútbol que juega el rebaño.

En fin, es una tarde hermosa, inigualable y fraterna la que presenciamos en el coloso de la Calzada Independencia, que aunque faltó su cereza del pastel, avivó el hambre de más, hambre que no deberá ser saciada nunca. Si las transferencias de verano dejan un balance cualitativo positivo el equipo tendrá el techo que el mismo equipo se ponga.

Se viene un semestre de doble competición: nuevo desafío, más hambre, necesitamos más determinación.


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