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La esperanza y la paz

Según Nietzsche, la esperanza se trata del peor de los males, ya que es un consuelo cobarde de quien no acepta el presente. Según Marx, la…

Marc in ILLUMINATION · 2026-07-11 14:47 · 0 claps · 3.5 min read
#esperanza #paz #aquí-y-ahora #pacifism #virtud
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Wiki topics: PHI · Philosophy

La esperanza y la paz

Según Nietzsche, la esperanza se trata del peor de los males, ya que es un consuelo cobarde de quien no acepta el presente. Según Marx, la esperanza tolera la injusticia mientras se espera la recompensa posterior y, según Sartre, la esperanza contradice el mito de Sísifo, en el cual, en vez de tener esperanza, se debe vivir el momento trabajando y aceptando el absurdo de la vida, rebelándose contra el futuro en el aquí y ahora.

Pero más allá de lo que dicen los grandes pensadores sobre la esperanza, hay una perspectiva actual del «aquí y ahora» que la contradice. Esperanza proviene de esperar y, concretamente, de esperar una cosa: que el futuro será mejor. Aunque el objetivo sea bondadoso, la parte de la espera lo echa todo a perder. Sea lo que sea que esperes, te ubica fuera de la realidad, en un lugar donde ya no estás en el aquí y ahora, sino esperando el futuro. Por lo tanto, también desde una perspectiva budista, la esperanza es contraria a alcanzar la iluminación.

A nivel cristiano también existe la idea de que «Cristo vendrá», pero esta idea ha sido puesta en duda por el paso de los miles de años. Por lo tanto, haciendo un acto de inducción, podemos comprobar que si no ha venido ya, muy probablemente no vendrá. También lo podemos ver en un refrán que dice «el que espera, desespera». El «punto exacto» donde esta esperanza se vuelve desesperanza depende de la capacidad de cada persona para no volverse loca de tanto esperar, tal como explica la canción de Maná En el muelle de San Blas.

Pero podemos entender la esperanza como status viatoris, tal como lo hacía santo Tomás de Aquino, que significa «el estado del que está en camino», «el viaje» o «estar en el camino», aunque, según mi punto de vista, esto es opuesto a lo que significa la esperanza originariamente. Se trata de una interpretación opuesta ya que, según entiendo, en esta interpretación no estás esperando llegar al final del camino, sino que el camino se convierte en todo lo que hay.

Esta perspectiva del status viatoris la podemos ver en santo Tomás de Aquino cuando habla de que: «El estado del viajero es un estado de imperfección; el estado del que ya ha alcanzado la meta es un estado de perfección». Así pues, santo Tomás habla también del status comprehensionis, que es cuando ya se ha alcanzado la perfección.

Difiero aquí de santo Tomás de Aquino en cuanto a que «el estado del que ya ha alcanzado la meta es un estado de perfección», pues entiendo que el estado de perfección es cuando la meta se fusiona con el viaje y no cuando se llega al fin del viaje. Así pues, entiendo que la perspectiva de la esperanza como «imperfección viajera» es incorrecta, y que lo correcto es un estado autotélico: que el fin sea el propio medio, y así se convierte la esperanza en un estado inmanente y no en un estado trascendente.

Si lo entendemos así, esta sí es una perspectiva virtuosa, pues desde este punto de vista hay una conexión directa con la paz. Es decir, esta se alcanza cuando somos capaces de llevar a cabo una actividad que se convierte en su propio fin. En este sentido, podemos hablar de la ética de la acción y de la política prefigurativa, que implican este mismo concepto de que para llegar al fin se debe empezar a practicar el fin en el aquí y ahora. Algo que también es promovido por el anarcopacifismo.

Supongamos que quiero conseguir la paz, ¿he de esperar que algún día se realice o debo empezar a practicar el pacifismo? Entiendo que la respuesta es más que obvia: practicando el pacifismo se está, mediante la acción directa, alcanzando aquello que proyectas en el futuro y materializándolo sin esperar una futura «perfección».

Podemos ver como colofón de la paz el juego, como un fin en sí mismo, donde la diversión y la abstracción de la realidad es un estado de éxtasis lúdico y el entorno constituye una «isla separada» donde se pueden cometer las mayores barbaridades o las mayores proezas sin que haya una implicación en la realidad, en la línea de Schiller, Huizinga, Caillois, Suits o Scheines. En este sentido, podemos entender también el juego desde una forma ontológica, donde «Lalita» es la deidad hindú que crea el mundo jugando, en un sentido parecido al de Fink o Axelos.

También podemos entender este viaje permanente como la máxima realización dialéctica, pues el devenir dialéctico se puede convertir en el propio fin de la dialéctica, en el sentido del wu wei taoísta, que implica «fluir con el momento». Así pues, desde esta perspectiva, la vida pasa de ser una sala de espera a convertirse en vivir el momento, tal como también anunciaba la frase carpe diem, concebida por el poeta romano Horacio en su libro Odas.


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