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La herida, el duelo y el llanto.

La movilización de la vulnerabilidad de los cuerpos a través de los dispositivos de regulación.

Fabiana · 2024-07-05 15:19 · 0 claps · 7.2 min read
#duelo #comunidad #llanto #heridas
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La herida, el duelo y el llanto.

La movilización de la vulnerabilidad de los cuerpos a través de los dispositivos de regulación.

Me permito situar este ensayo desde un cuerpo sentido y feminizado, un cuerpo que ríe, canta y baila, al mismo tiempo sufre, duele y llora. Es importante para mí, reconocer(me) en esta escritura y presentarme ya que, la continua articulación de ideas representa un acto corporal y colectivo desarrollado a partir de las últimas experiencias personales y académicas. Lo desarrollado en estas páginas, deviene de la exploración personal, académica y colectiva de las emociones en el marco del curso “Filosofía del cuerpo” de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, en la sede Rodrigo Facio.

La disposición de escritura de este ensayo, establece la herida, el duelo y el llanto como una forma de ordenar las relaciones y vivencias en los cuerpos desde la emocionalidad, con consciencia, que existen diversas alternativas para entender y comprender las experiencias corporales/emocionales.

Los cuerpos son y pueden ser heridos, y también pueden herir. Según Butler (2009), la herida ayuda a entender que hay otres de quienes depende nuestra vida, mostrando una dependencia a los enlaces. Esta visión de la herida nos permite reconocernos en las otras personas e identificar nuestra condición colectiva, de esta manera, se devela nuestra condición social y humana: la vulnerabilidad.

Ver el cuerpo como espacio que puede ser herido traza una línea con los demás cuerpos que están alrededor, ya sea en la inmediatez o en la lejanía, desde la consciencia o el inconsciente, dando paso al establecimiento del cuerpo y la vulnerabilidad social. Butler (2009) afirma que cada uno se constituye políticamente en virtud de la vulnerabilidad social de nuestros cuerpos. En este lugar se configuran nuestros deseos, emociones y sensibilidades, y nos exponemos y afirmamos con y para el mundo.

Los cuerpos tienen la capacidad de cocrear entre ellos de manera continua y cíclica, configurando y reproduciendo ideas mientras las albergan dentro de sí mismos. Estas configuraciones resultan en estados corporales que, a partir de las ideas albergadas, transitan los mensajes que traen consigo, incluyendo las sensibilidades, emociones, mandatos y roles.

“Los agentes sociales conocen el mundo a través de sus cuerpos”. (Scribano, 2012, p.102) Por esta vía corpórea, se crean un conjunto de impresiones que impactan en las formas de vivir con el contexto. Reconocer que el cuerpo se constituye a través de interacciones abre la puerta para visibilizar la constitución de las emociones y el estado corporal que representan donde son regidas según las disposiciones corporales construidas y aceptadas para los cuerpos. Esto devela que la corporalidad, como espacio de contacto y recepción es construido y vulnerable por su carácter constitutivo y permite ser tocado.

La herida es algo que nos toca, por ende nos moviliza de algún modo y es catalizadora de sensaciones y emociones, comúnmente clasificadas como incómodas y/o dolorosas. Sentirnos tocades por la herida, nos recuerda nuestra vulnerabilidad. El cuerpo se abre al contacto y al ser tocado se expande.

Esta exposición el cuerpo es susceptible y amenazado por la pérdida. “La pérdida y la vulnerabilidad parecen ser la consecuencia de nuestros cuerpos socialmente constituidos sujetos a otros” (Butler, 2009, p.46) ¿Existen heridas que no sean a causa de las pérdidas? La herida toca el cuerpo y se establece en él a partir de una pérdida, existe una movilización por aquello que se ha perdido. Las sensaciones dolorosas que produce y las emociones aparecen al aceptar una pérdida y se transita el proceso de duelo.

No hay un yo, sin antes haber percibido un usted, en el vaivén de la conformación de afinidades puedo reconocer mis diferencias y similitudes con el otre y como estas me tocan y me movilizan. De eso se trata la vulnerabilidad, de ser tocado por otres, por tanto el duelo, se posiciona como el proceso de cambio que atravesamos después de ser tocados, acariciados y/o heridos. (Nancy, 2000)

Ser tocado por un duelo puede ser de las experiencias humanas más comunes, igualmente dolorosas. Pensar en una pérdida descoloca la realidad como la conocemos y al atravesarlo puede sentirse para todas las personas diferente, aun así, nos enlaza a les otres. “La pérdida nos reúne a todos en un tenue “nosotros”. Y si hemos perdido, se deduce entonces que algo tuvimos, que algo amamos y deseamos, que luchamos por encontrar las condiciones de nuestro deseo”. (Butler, 2009, p.46)

Existen diversas formas y causas del duelo, algunas clasificadas como formas reconocidas, mientras que otras son impensables o indoloras (Butler, 2009). No obstante, todas pueden poseer una capacidad movilizadora para y con los cuerpos. Reconocer las posibilidades de la pérdida nos permite entender nuestra pertenencia, tanto en relación con lo que somos como con el otre. “…algo acerca de lo que somos se nos revela, algo que dibuja los lazos que nos ligan a otro, que nos enseña que estos lazos constituyen lo que somos, los lazos o nudos que nos componen”. (Butler, 2009, p.48)

El duelo, por más duro y doloroso que pueda ser, habilita al cuerpo. Esto permite caracterizarlo desde una perspectiva transformadora; es el duelo la movilización hacia el cambio. A partir del duelo se establecen afinidades y, por lo tanto, encuentros. Aunque el duelo es una experiencia común, afrontarlo no es igual para todas las personas, y su accesibilidad varía entre diferentes cuerpos. La permisibilidad y visibilidad del duelo están atravesadas por el cuerpo social y las concepciones predominantes de la vulnerabilidad.

Butler (2009) sugiere que un duelo se elabora cuando aceptamos que vamos a cambiar a causa de la pérdida sufrida, y que este cambio probablemente sea para siempre. Reconocer la capacidad transformadora del duelo nos permite reflexionar sobre su privación y los dispositivos de regulación establecidos para él. Como Butler señala, “no es que el duelo sea la meta de la política, pero sin esa capacidad para el duelo perdemos ese sentido más profundo de la vida…”. (p.48)

Colectivizar y politizar los duelos nos moviliza, mientras que no empatizar con nuestros duelos inhabilita el compartir con el otro, una estrategia individualista que limita la cohesión y el colectivo. Como señala Saenz (2018), los primeros reconocimientos de la opresión se dan a partir de la emocionalidad, por tanto, no vivir nuestros duelos se convierte en otro mecanismo de dominación sobre los cuerpos.

La vivencia de los duelos, así como la diversidad de cuerpos, presenta una variedad de formas de atravesarlos. ¿Están los cuerpos contemporáneos habilitados para atravesar el duelo? ¿existen maneras de atravesar el duelo desde el cuerpo social?

Cambia el cuerpo, se siente diferente. Algo se apodera de ti. ¿De dónde viene? Retención de respiración, arden los ojos, pausas profundas, contención lagrimal, sensación nasal pesada, garganta hecha un nudo, más respiración, caen lágrimas. ¿Qué se afirma en esos momentos en que no somos dueños de nosotros mismos? ¿A qué estamos sujetos? (Butler, 2009, p.47)

El llanto, es una experiencia corporal directamente sentida e involuntaria la mayoría de veces, reconfortante pero retadora. ¿Cómo es posible que el cuerpo sea capaz de sentir tan profundamente que llora? Las lágrimas y el llanto son acompañantes de la herida y el duelo, formando parte integral del proceso. Sin embargo, algunos tipos de llanto son más aceptados socialmente que otros, y están mediados por categorías como el género, la edad y el tipo de duelo. En las sensaciones individuales se elabora un “trabajo desapercibido” de la incorporación de lo social hecho emoción.(Scribano, 2012, p.102)

Nos encontramos en una sociedad precaria emocionalmente, que no permite la aparecibiidad de las emociones y los sentimientos de duelo. Estas emociones suelen estar encapuchadas dentro de la idea de vergüenza y prudencia, como parte del control de los cuerpos que sienten y se encuentran en su sentir. Los mecanismos de soportabilidad social se estructuran alrededor de un conjunto de prácticas hechas cuerpo, “Los dispositivos de regulación de las sensaciones consisten en procesos de selección, clasificación y elaboración de las percepciones socialmente determinadas y distribuidas”. (Scribano, 2012, p.102) La regulación implica la tensión entre sentidos, percepción y sentimientos que organizan los cuerpos.

La construcción de dispositivos de regulación emocionales atribuyen a la construcción de una sociedad individualista y precarizante. Los mecanismos de soportabilidad social tienen una característica indiscreta, no actúan ni directa ni explícitamente como intento de control o persuasión puntual. “Dichos mecanismos operan “casi-desapercibidamente” en la porosidad de la costumbre, en los entramados del común sentido, en las construcciones de las sensaciones que parecen lo más “íntimo” y “único” que todo individuo posee en tanto agente social”. (Scribano, 2012, p.103)

Por tanto el llanto ha sido atrapado en la esfera privada como una cuestión débil y vergonzosa. El duelo por ende, apolítico. Se han construido políticas de los cuerpos desde una performatividad (no)emocional donde las condiciones de aparición son escasas, privadas e individualizantes. En este vaivén entre lo público y lo privado, emergen limitaciones y permisos sobre quién, cómo y dónde puede llorar.

Limitar el llanto y la vivencia del duelo en los cuerpos, se convierte en una estrategia cruel para separarnos de los otres y alejarnos de la idea de la codependencia. Sabernos parte de otres, que puede ser tocados y tocar; ser vulnerables, nos permite visualizar nuestras opresiones, empatizar con las afinidades y sentir responsabilidad con les otres, Butler (2009) destaca que el duelo permite elaborar en forma compleja el sentido de una comunidad política, comenzando por poner en primer plano los lazos sobre nuestra dependencia fundamental, nuestra responsabilidad y visión ética.

Repensar el llanto y los procesos que acompañan permite encuentros de afinidades, heridas y duelos. Construir cuerpos que se apoyan y acompañan en el llanto, en las vulnerabilidades, cuerpos que tocan para acariciar, la ternura en su expresión más íntima y corporal, para atravesar los dispositivos de regulación desde la compasión.

Abrazar nuestras vulnerabilidades y permitirnos sentir y expresar nuestras emociones de manera colectiva nos fortalece tanto como cuerpos individuales y comunitarios. Es a través de la colectivización de nuestras heridas y duelos que podemos construir sociedades más empáticas, comprensivas y respetuosas con nuestros cuerpos. Construir cuerpos que abracen la vulnerabilidad es una acción política, la posibilidad de una comunidad en base a la vulnerabilidad, la herida de la pérdida y la aceptación de los duelos, nos habilita.

Referencias Bibliográficas

Butler, Judith. 2009. Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Editorial Paidós,

Nancy, Jean Luc. 2003. Corpus. Madrid: Arena Libros S.L.

Sáenz Benavides, Laurencia. 2021 Instrumentos de poder: El rol de las emociones en la opresión. San José: Editorial Costa Rica.

Scribano, Adrian. “Sociología de los cuerpos/emociones.” Revista Latinoamericana de Estudios sobre Cuerpos, Emociones y Sociedad 4, no. 10 (2012): diciembre de 2012‐marzo de 2013. Argentina.


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