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Algo nuevo está brotando

San José te está acompañando y ayudando en tu camino de Adviento. El era testigo privilegiado de “lo nuevo que está brotando” en el seno de…

JCmf · 2025-12-12 09:24 · 1 claps · 6.5 min read
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Algo nuevo está brotando

San José te está acompañando y ayudando en tu camino de Adviento. El era testigo privilegiado de “lo nuevo que está brotando” en el seno de María. Pero un velo cubre la mirada de su corazón, y lo único que él “nota” es la supuesta infidelidad de su esposa, no “nota” lo que Dios está haciendo en la historia a través de su mujer.

Ten encendidas las dos velas anteriores de tu corona de Adviento, si la estás usando, antes de empezar la meditación de hoy.

En el nombre ✝ del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Padre Eterno, heme aquí de nuevo, en este tiempo que te reservado, solo para Ti, solo para estar contigo, solo para escucharte, dispuesto a seguir avanzando en mi camino de Adviento, con ganas de que mi corazón afine su sensibilidad para “notar” el brote de tu salvación, que acontece en la Virgen María. Necesito la luz de tu Espíritu para que ilumine los ojos de mir corazón. Necesito a tu Hijo Jesucristo para que me saque de las tinieblas en las que estoy inmerso y que confundo con la claridad. Padre misericordioso, estoy convencido de que me tomas de la mano, con buen Padre, y me guías. Gracias, Señor y Padre mío. Gracias.

Enciende ahora la tercera vela de tu corona de Adviento, si la estás usando.

¿Te das cuenta de que no percibir los signos del Dios, que se hace presente y actúa en nuestra historia, lleva a “no ver” al prójimo en su realidad? Eso le pasa a San José, que “no ve” a María como la agraciada del Padre, sino como la infiel. Eso le pasa al rico con el mendigo que está a sus pies, que “no lo ve”, hasta que es demasiado tarde (Lc 16, 19–23):

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas... Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno.

Sin embargo, San José no se deja arrastrar por la mirada de su corazón, sino que reacciona a tiempo, y decide no denunciar a María.

San Juan Bautista también pasa por ese “no ver”, en su caso, con la persona misma de Jesús, pero decide pedir ayuda en su discernimiento:

En el evangelio de este domingo, encontramos preocupado a San Juan Bautista. Él se encuentra encarcelado por el tetrarca Herodes. Jesús ya lleva un tiempo anunciando el Evangelio y realizando grandes signos; multitudes están pendiente de Él. Pero su actuación no responde a lo que Juan había anunciado y que escuchamos en el evangelio del domingo pasado (Mt 3,10.12): «Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego… Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga». Jesús no está actuando como un hacha ni está quemando la paja en una hoguera eterna, como Juan esperaba. El Bautista se siente frustrado. Igual que la duda sobre la fidelidad de María se instaló en el corazón de José, la duda sobre si Jesús es el Mesías esperado se instala en el corazón de Juan, donde un velo ciega su mirada, y no “nota” que Jesús sea el Salvador enviado por Dios. Por eso, manda a dos de los suyos a preguntarle (Mt 11,2): «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». El corazón de Juan Bautista vive la decepción: ¿se habrá equivocado al señalar a Jesús como el que Cordero que quita el pecado del mundo? No está actuando como esperaba, sus expectativas no se están cumpliendo, Jesús no responde a lo que había imaginado.

¿Cuántas veces me he sentido frustrado? ¿Cuántas decepciones me he llevado en la vida? Demasiadas veces me he hecho ilusiones con personas, con proyectos, … que han quedado en humo. Las cosas no sucedieron como yo esperaba, las personas no han respondido a mis expectativas…

Así se cumplen las palabras de Jesús (Mt 13,25):

“Está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure”

¿Te reconoces en la historia de Juan Bautista? ¿Cómo has vivido el que personas o proyectos te hayan decepcionado? ¿Vives desilusionado, crítico?

Espíritu Santo, me doy cuenta que me pasa lo que a san Juan Bautista, que vivo esa desilusión. Y la tristeza llama a mi puerta. Y el juicio y la crítica se me hacen fáciles. No soy capaz de “notar” otra realidad… pero Espíritu, tú me vas desvelando que el problema no está siempre fuera de mí, sino que suele estar en mi mirada.

Necesito un Salvador, te necesito Señor Jesús. Sácame de aquí. Sácame de este girar entre mis expectativas y mis frustraciones. Sálvame de este círculo de pesimismo. Llévame a la claridad, donde pueda ver, donde pueda “notar” lo que está aconteciendo en realidad, y que es una Buena Noticia para mí.

Pero, en tu Adviento, el mismo Dios te anuncia su Visita, que te abre los ojos de tu corazón para que seas capaz de “notar” la realidad salvífica que está brotando. Así lo proclama la primera lectura de este Domingo (Is 35, 4–5):

«Sed fuertes, no temáis. | ¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, | la retribución de Dios. | Viene en persona y os salvará». Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, | los oídos de los sordos se abrirán..

Jesús, el Dios que ha venido en persona para salvarte, se dedica con paciencia a despegar los ojos de los corazones ciegos, una labor en la que solo Dios puede tener oportunidad de éxito. Es la pedagogía que tiene con san Juan Bautista, cuando se detiene a responder a sus enviados que le preguntan si no será otro el Mesías (Mt 11, 4–5):

«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados».

Jesús le responde a Juan con los signos que está haciendo, que en la Biblia están anunciados como señales de la llegada del Mesías. Un corazón atento puede percibir esos signos y darse cuenta de la realidad de la presencia del Reino de Dios. Pero el corazón de san Juan Bautista no ha estado atento, no ha sido capaz de ver, encerrado en sus propias expectativas, empecinado en su perspectiva de las cosas. Por eso Jesús, con finura, le dice a sus enviados: anunciad a Juan “lo que estáis viendo”. Porque son cosas que se ven, cuando la mirada está limpia. Pero Juan esperaba un hacha que tala, no una mano que cura, ¡y claro que no ve un hacha! Juan no fue capaz de replantearse su perspectiva, que le hubiera permitido ver algo menos estruendoso que un hacha talando, pero mucho más hermoso: unas personas sanadas. Los signos de Dios no hacen tanto ruido, por eso no los “notas” si tu corazón no está atento, como nos descubre el grupo Ruah en sucanto “Bosque”:

¿Cuánto ruido hacen mil árboles creciendo, cuánto espacio ocupa un grano de mostaza? ¿Cuánta fe me va robando aquello que no marcha bien, cuánto estruendo hace un solo árbol al caer? **Qué distinta es la esperanza, qué fecunda en lo escondido** mientras otros hacen ruido ella sigue su camino Que tu Reino siembra y sembrará, **que quien tenga ojos lo verá**. Que nos viva tu horizonte, tu esperanza nos alumbre, que jamás hubo un rincón sin luz que tu amor no conociera **Qué distinto es tu lenguaje, tu caricia y tu manera**, continúanos *salvando, cada día, cada noche, cada espera* continúanos *salvando en cada día, en cada noche, en cada espera*

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¿Qué signos silenciosos de la presencia salvífica de Dios eres capaz de “notar” en tu entorno?

****Para la pareja:** ¿Qué “notas” en tu matrimonio que apunta a la presencia silenciosa de Dios en vuestra relación?

La criatura que crece en el seno de la Virgen María es un signo del Reino que está presente, un signo de Dios que no hace ruido. San José aún no lo nota, solo percibe el ruido de las voces que hablan de infidelidades. Pero Dios también lo visitará y abrirá los ojos de su corazón.

Ella, en cambio, sí tiene un corazón atento. En el silencio de su inmaculado Corazón, descubre la mano de su Dios, que hace maravillas a través de ella. Su Corazón sufre por su esposo, pero se goza en Dios, su salvador.

Madre del Silencio, de la Escucha, de la Atención, déjame aprender de ti, déjame fijarme en los movimientos de tu Inmaculado Corazón, hasta que tenga un corazón de carne que lata al ritmo de Dios, un corazón sensible capaz de ver los signos del Espíritu que te ha llenado y que me ha llenado.

Madre de los que esperamos, enséñame a vivir las tensiones con las personas que se han encerrado en su ceguera, como tú la viviste con san José; enséñame a esperar en la pedagogía del Espíritu Santo, que llegará a abrir los ojos de su corazón.

Madre de la Esperanza, ayúdame a vivir del Señor, a disfrutar de sus signos, a reconocer su salvación, a no desesperar…

Dios te salve María, …

¡Oh dulce Corazón de María, sé la salvación {del alma} mía!

JCmf


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