Aguafuerte del San Martín
“El futuro llegó hace rato Todo un palo, ya lo ves"
Aguafuerte del San Martín

“El futuro llegó hace rato Todo un palo, ya lo ves Veámoslo un poco con tus ojos El futuro ya llegó”
Señores pasajeros, hoy tengo una oferta nunca antes hecha.
Dos muchachos de negro discuten los cambios de Scaloni la noche anterior.
El precio del Hamlet es dos unidades por mil quinientos pesos, dice un joven mientras trasladaba un carrito con cajas de cartón. Una niña dibuja una cara de asombro y mira a su madre, que con el rabillo del ojo relojea esa actitud pero no le ofrece la merecida atención. La pequeña bufa y desvía la mirada hacia el afuera.
Se cae una lata de cerveza, con contenido aún, ubicada debajo de uno de los asientos. Un hombre de gorro de lona azul la levanta y abre sus pies para no ensuciarse sus blancas zapatillas.
Hay garrapiñadas, a mil el paquete. Caramelos duros, de menta y frutales. También hay chupetines.
En la estación Muniz una cantante ingresa con su parlante, ofrece música a cambio de una donación. Primero entona una canción de Axel y termina su función con Abel Pintos.
La chipa esta calentita.
Una pareja se sienta en dos lugares separados por el pasillo. Todavía empeorando la comunicación para los enamorados, el va con posición al frente del camino y ella de espaldas. Se hablan pero sus palabras en el aire se dirijen a otros receptores.
Yo por las dudas no contesté nada.
Una chica de pelo negro llora apoyando su cabeza contra el vidrio. El tren tambalea sobre las vías y hace colisionar su cabeza sobre el marco de la ventana. El gorro de lana rosado con un pompón blanco en la punta amortigua los impactos.
No andaba bien el molinete, yo quería abonar — le dijo un chico con el pelo verde al inspector, que le cobraba la multa vía QR.
El cartel dice Hurlingham. No sabría señalar una sola calle del lugar.
Cuatro adolescentes se ríen a carcajadas en los asientos enfrentados. Hay dos de ellos que compraron el mismo buzo sin querer.
¿Tu hermana esta embarazada? — le pregunta uno de los vendedores ambulantes -que ofrecía viromes y libros infantiles-, a una mujer .
No, la que esta embarazada es mi hija. Voy a ser abuela. — Contesta la vendedora de bebidas, poniendo cara de circunstancia.
Me cambié de asiento porque ir de espaldas me marea.
A la fiesta de Halloween quisiera ir si o si, tenemos que pensar el disfraz — charlas entre dos amigas que ingresan en la estación El palomar.
Señoras y señores hay sandwiches de miga. Con huevo, aceitunas, morrón, jamón y queso.
Un hombre sonríe hacia el afuera con sus auriculares puestos. Tiene zapatos de suela de goma, pantalón de vestir, camisa y chaleco. Lleva una campera en la falda debajo de sus manos superpuestas, con gesto de rezo.
¿De jamón y queso? Dos mil. ¿Te paso alias? Negocia una vendedora, sacando de una caja unos generosos empaquetados.
Un chica lee Orgullo y prejuicio con atención, el hombre de al lado piespea de reojo las páginas del libro. Ambos quieren a Mr. Darcy.
Para aquellas personas que lo quieran aprovechar, tengo una especial gran oferta. — Anuncia un hombre grande, con muy buena voz propia de quién la ha utilizado una vida para esa profesión.
El tren frena en Caseros, recuerdo a Dolina.
Una fulana grita enfaticamente, describe a su amigo como vivió los festejos de la victoria de Argentina la noche anterior. Su ojeras cuentan pocas horas de sueño.
Se pueden llevar las obleas en chocolate blanco o negro, como ustedes deseen.
La chica del gorro rosado que minutos atrás lagrimeaba contra el vidrio, ahora sonríe mirando la pantalla del celular.
Un niño llora desconsoladamente.
Entre los inspectores del tren, circula un mate. La persona que tiene el posnet también sostiene el termo, los demás le pasan el mate y el sólo hace el gesto de servir.
Son gomitas frutales en forma de ositos, si alguna vez probaste los “Yumi” estos son los más parecidos. — Gestos de familiaridad, vendedores mostrando sus cartas.
De Saenz Peña a Devoto hay un tramo muy corto.
Un grupo de chicas se despide de una integrante que no seguirá hacia el final del trayecto. — ¿Nos vemos el miércoles? — Le preguntan antes de bajar — No lo sé todavía, pero voy a tratar —Sonríe su promesa.
En Devoto bajó mucha gente. Hay estaciones que parecen cambiar por completo el carácter del tren.
Dos por uno los tengo, ¿no lo van a aprovechar?
Los tramos por Buenos Aires siempre son diferentes a los que recuerdo, venir espaciadamente me quita ritmo. Pero me permite disfrutar lo que la cotidianeidad les quita a los baqueanos.
El silbato no suena en Villa del parque. Una señora que fácilmente estaba en las seis décadas de vida balbucea con bronca que hay arreglos en las vías y no seguirá el recorrido del tren.
Yo estoy con el reloj de mi abuelo, ambos me indican que estoy llegando tarde.
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