Aburrido en una cultura del entretenimiento
Redescubriendo la pasión y el asombro
Aburrido en una cultura del entretenimiento
Redescubriendo la pasión y el asombro

Encuentro de Amigos de L’abri Chile — Valdivia
Richard Winter fue un obrero de L’abri Inglaterra, profesor del Covenant Theological Seminary y psiquiatra. En el año 2002 escribió “Still bored in a culture of entertainment” para señalar el fenómeno del aburrimiento y la pérdida de significado. El autor percibe que después del 11 de septiembre de 2001 existe un mundo confundido. Aunque se discuten los problemas serios, las personas buscan en el entretenimiento una vía de escape del aburrimiento que produce este trágico evento.
Este libro es importante para nuestros días, por esto decidí realizar una breve reseña del libro en formato de preguntas y respuestas, acompañado de una pequeña reflexión final.
¿Qué es el aburrimiento?
El libro comienza definiendo el asunto. Todos hemos experimentado el aburrimiento de alguna manera: algún viaje largo, reuniones de tres horas, semanas en el hospital, entre otras situaciones. Nuestros diccionarios suelen definir el aburrimiento como “el estado de estar cansado o inquieto por falta de interés” o un “estado incómodo de la mente”.
Ante el aburrimiento, las personas eligen la entretención para alejar la preocupación incómoda de la monotonía y el tedio. Orrin Klapp afirma que muchas veces la entretención funciona como un efecto paliativo o una máscara de un estado escondido.
Lo lamentable del uso del entretenimiento ante el aburrimiento es que trae el efecto de la “tolerancia”. Este concepto se utiliza cuando tu cuerpo se adapta al consumo de alguna droga y cada vez necesita una dosis mayor para conseguir el mismo efecto. En cuanto al entretenimiento, paulatinamente pocas cosas captan el interés de la persona.
¿Esta experiencia es nueva?
Richard Winter dice: “Hay muchas evidencias de que el aburrimiento siempre ha existido, pero tal vez hay momentos y circunstancias que exacerban este problema” (p.17).
La experiencia del aburrimiento en términos históricos es previa a la cultura del entretenimiento, las personas se aburrían incluso en los monasterios, de hecho, Patricia Spacks una autora de un libro llamado “Boredom: The literary history of state of mind” señala que esta experiencia tiene una historia mayor.
En algún momento fue relacionada con la pereza, letargo o indolencia. Con el tiempo, los teólogos reconocieron su influencia espiritual en la apatía e inactividad, pues afectaba el desarrollo de virtudes, de hecho, por esta razón los católicos lo llaman pecado capital. Muchos, la iban a confesar pues interrumpía su servicio a Dios. Luego, de ser asociado con la flojera o pereza, pasó a tener relación con la tristeza, el abatimiento y la desesperación.
En el siglo XVI se comienzan a separar los conceptos; la acedia como melancolía y la pereza como negligencia, se entendía más como una indiferencia a Dios, a la gente y el mundo, junto con ello ocurre una pérdida de significado hacia estas dimensiones.
En el siglo XXI el aumento de la entretención y la cultura del consumo propicia una mayor tendencia al aburrimiento.
¿La experiencia del aburrimiento es siempre la misma?
El autor identifica dos tipos de aburrimiento. El primero es el aburrimiento de período corto (temporal), que es una situación que se quita cuando remueven la causa. Algunos lo llaman aburrimiento exógeno.
El segundo es el aburrimiento de un período largo (existencial) es una sensación continua y arraigada de molestia y tedio. Es una suma de cansancio e insatisfacción por inactividad o falta de interés en lo que haces. Es una falta de significado y falta de propósito. Algunos lo llaman aburrimiento patológico (Otto Fenichel). Es una ausencia de deseo o una pérdida del asombro. Es un aburrimiento profundo: pérdida de pasión por la vida y falta de compromiso en algo significativo o satisfactorio.
¿Qué dice la Biblia?
Lea Eclesiastés 2:1–17.
Aunque aquí no había cultura del entretenimiento, el estilo de vida de Salomón era estar rodeado de mujeres, comida, música, canciones, riquezas y todo tipo de diversiones, y aún así se le nota aburrido en esta sección. Ese nivel de diversión en esa época sólo era accesible al rey, hoy en día ese acceso es más amplio a las personas. Sin embargo, en cierta medida es diferente en intensidad.
Sin embargo, a quien intente este experimento no le irá bien, Salomón ya lo intentó, y quedó con un aburrimiento o tedio infinito. Noten en el versículo 17, después de tener toda la experiencia de placer posible se quiere morir. Él miraba a las mujeres, miraba los campos, las ciudades, los manjares, las posibilidades que antes eran creativas, todo quedó vacío y sin sentido para él. Esto es el abuso del placer, y consecuentemente la alteración en el sentir placer, si estás en búsqueda del exceso de esa experiencia vas a destruir tu sensibilidad a disfrutar de la música, cine, momentos con amigos.
La palabra de Dios no nos envía a odiar estos placeres (Eclesiastés 2:24), la solución cristiana para el problema del abuso del placer no es abstenerse del placer. Puedes ver películas y usar el celular, el problema es que no puedes ver esos placeres desconectados de Dios. La solución al hedonismo no es el ascetismo.
El problema ocurre cuando el placer en Dios no gobierna, ni organiza todos los placeres. Si las personas no aprenden a tener alegría en Dios, al final de cuentas cada uno de esos placeres va a ser un lugar para que nuestra vida sea consumida en tedio y desesperación.
¿Por qué ocurre?
Esta pérdida de sentido y significado ocurre por un declive del cristianismo, la exposición del existencialismo y consecuentemente la pérdida del punto de integración (Dios):
“Corremos de un lado a otro en este endeble sistema, como fantasmas atrapados en un vacío existencial. ¿Cómo puede un fantasma sentirse vivo y real? La respuesta es una experiencia intensa. En un mundo donde la realidad de las cosas ya no da vida al yo, la experiencia intensa es todo lo que nos queda. Además, debido a que no hay verdad fuera de mí mismo, no hay otro ideal por el cual medir estas experiencias. Sólo hay intensidad; algunas cosas se sienten mejor que otras.” (Andrew Fellows citado por Richard Winter — p.98)
¿Cuál es el peligro?
Este marchitamiento afecta a los estados negativos de la mente y conducta produciendo que tengamos pocos recursos internos para enfrentar distintas situaciones de vida, y se vuelve un factor para la depresión, soledad, desesperanza, ansiedad, y hostilidad. Además, puede producir frutos amargos como la adicción a la pornografía, tendencia al narcisismo, y violencia con los pares.
Efesios 4:19 lo pone de manifiesto: “Habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas.”
¿Qué puede ayudarnos?
No hay una receta, sin embargo, el autor nos entrega diferentes recomendaciones:
- Recordar el panorama general, es decir, recuperar la meta-narrativa que nos entrega sentido, significado y propósito. Como cristianos lo encontramos en la Biblia.
- Deleite con lo simple y lo ordinario porque nuestros días de 24 horas son un tiempo de formación, no son actividades sin sentido.
- Cultivar el asombro desarrollando la contemplación de lo bueno y lo bello, no desde una perspectiva sin sentido, ni en una perspectiva humanista egocéntrica, sino desde una perspectiva de gratitud ante el Creador.
- Cultivar el verdadero ocio disfrutando el placer a la manera de Dios y sus propósitos originales, desde el descanso en la gracia de Dios hasta en actividades. Podemos disfrutar de la bondad de la creación: comida, bebida y belleza
- Desarrollar una pasión o un interés particular, como el arte, la música, la ciencia o el deporte.
Palabras finales
Este libro en inglés realiza una exégesis cultural apropiada y desafiante. Creo que es necesario evitar el consumo acrítico de nuestra cultura. Debemos reconocer el aburrimiento pecaminoso que hemos traído con nuestras prácticas deformadoras.
La verdadera espiritualidad nos llama a ser humanos.
Según Ranald Macaulay, esto significa “ser las personas que Él pretendía originariamente que fuésemos: seres que le sirvan y disfrutan de él, que se sirvan unos a otros y disfruten de su relación, que administren y disfruten de este mundo que Él hizo bueno” (Ser humano — Ranald Macaulay).
Esto es vivir para su gloria porque somos imagen de él.
Sin embargo, debemos reconocer que hemos fracasado en nuestra manera de vivir sin dirección, aburridos y autocentrados, con lamentables frutos amargos.
Pero en Cristo tenemos esperanza para la vida. Cristo vivió la vida asombrándose de la obra de su Padre. En Él tenemos perdón por nuestra mala manera de vivir, y no sólo eso, sino que restaura al propósito original para vivir una vida de asombro en él.
Recomendaciones
Si quieres profundizar en la reflexión de este tema junto a Amigos de L’abri Chile reflexionamos al respecto:
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