Persiguiendo al zorro
🎙️P. Carlos
Persiguiendo al zorro
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🎙️P. Carlos
El milagro de la multiplicación de los panes y de los peces se divulgó por toda la región. Imagina, si en ocasiones con una sola persona basta para que un chisme se corra rápidamente, ¿qué no va a suceder con más de cinco mil hombres? Ya te imaginarás la locura que se creó.
Todos estaban muy al pendiente de los movimientos del Señor. Por eso; al día siguiente, al ver solo una barca; se dieron cuenta de que Jesús no había partido con sus discípulos, y que éstos se habían ido solos.
En ese momento llegaron personas provenientes de Tiberíades a buscar a Jesús, y al no encontrarlo ni a Él ni a sus discípulos, deciden ir a buscarlo a Cafarnaúm.
Tu fama, Señor, ha crecido mucho. Todos te andan buscando. Seguramente vienen a tu encuentro para ver qué milagro vas a realizar hoy, con qué prodigio los vas a sorprender. Llegados a Cafarnaúm, te encuentran y te preguntan: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”.
Esa pregunta expresa su asombro, pues no se explican cómo has llegado. Si supieran que lo hiciste caminando sobre las aguas en plena tormenta, se quedarían boquiabiertos. Sin embargo, tú, Señor, te muestras sereno.
Allí lo tienes ya, ansiando que digas y hagas algo extraordinario. Sin embargo, no dejas que la fama se te suba a la cabeza; y le respondes de una manera que a más de alguno deja perplejo: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse.
No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del Hombre, porque a éste el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.
Con esas palabras, tú, Jesús, quieres purificar la intención de aquellos hombres y hacerles elevar su mirada. Te buscan, sí, pero lo hacen movidos por un interés; que es material y perecedero: el pan que comieron. Sin embargo, se han quedado allí: en la superficialidad. No han alcanzado a comprender que detrás de ese milagro hay un sentido, hay algo que les quieres comunicar. Tú concedes la vida eterna, ese es el mensaje.
Con el eco de aquellas palabras, podemos valorar y examinar cómo es nuestra rectitud de intención en el seguimiento de Cristo. El Señor hizo ver a aquella muchedumbre que no estaban buscando el verdadero significado. Es como si les hubiera dicho: ‘ustedes me buscan por interés’.
Y por ello es bueno que tú y yo nos preguntemos: ¿Por qué busco a Jesús? ¿Por qué sigo a Jesús?
Somos frágiles y posiblemente, en algún momento de nuestro seguimiento del Señor, ha aparecido algún interés. Es decir, quizá nos hemos distraído y hemos centrado nuestra atención en los bienes que el Señor nos concede y no tanto en el mismo Señor. Por ello, siempre tendremos algo que purificar al seguir a Jesús.
Que poco a poco nuestra relación con el Señor se vaya fortaleciendo. En una relación, cuando hay un interés; el amor encuentra muchas dificultades. Por eso, Señor, que lo que me mueva a buscarte sea el amor y no el interés. Quiero estar a tu lado porque te amo, y no tanto por lo que me puedas dar.
También les invitas a trabajar por el alimento que dura para la vida eterna. Gracias, Jesús, por hacerme recordar qué he de esforzarme por alcanzar la vida eterna.
Esos días, al conducir por la ciudad veía la gran cantidad de gimnasios que han abierto, y me sorprendía –todavía más– que siempre había gente. Ello me llevaba a pensar que hay muchas personas que en verdad cuidan y trabajan mucho por su salud corporal; y eso es muy bueno porque, como se ha dicho de manera muy atinada: “mente sana en cuerpo sano”.
Pero también me preguntaba, ¿y si se cuidara del alma; del mismo modo como se cuida el cuerpo? Si así como se hace tiempo para hacer ejercicio físico, ¿se hiciera, también, tiempo para ejercitar el espíritu?
Si nos tomáramos tiempo para la oración, para la participación de la Eucaristía, para la meditación de la Palabra de Dios, para rezar el Rosario, ¿se imaginan cómo creceríamos y nos fortaleceríamos interiormente?
Señor, que tenga la disposición para cuidar de mi alma, para buscar el alimento que dura para la vida eterna.
Esto me hace recordar una frase de Máximo X Meridio, quien dirige a sus tropas en la película de El Gladiador –que te la recomiendo abundantemente–, y les decía: “hermanos lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”.
Que con mucha sinceridad tú y yo caigamos en la cuenta de que todo cuanto realizamos tiene valor eterno. Las personas que están ante ti, te preguntan: ¿qué tienen que hacer, Jesús?, ¿cuáles son las obras de Dios?, pero nuevamente me descolocas con tu respuesta, les dices: “la obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”.
Es como si el Señor quisiera decirnos que alcanzar la vida eterna no está tanto en el verbo “hacer”, sino en el verbo “creer”. Es, precisamente, el creer; la fe en Jesús; lo que nos da la capacidad de hacer las obras de Dios. Es la confianza en Dios lo que nos lleva a creer en sus palabras, a advertir que vale la pena ser generosos, que el sufrimiento puede tener un sentido redentor; que perdonar, sana nuestras heridas.
En definitiva, que estamos hechos para el cielo. Sin fe no podemos perseverar en el seguimiento del Señor. Quizá, para explicar cómo se da esto, nos pueda ayudar el siguiente cuento.
A una cacería de zorros va un cazador que lleva 20 galgos. Un zorro rojo sale de la madriguera a toda prisa, queriendo evitar a los perros. Pero estos le ven y se lanzan para atraparle.
El zorro corre a toda velocidad y tiene mucho aguante. De los veinte galgos iniciales; el número de los que le persiguen se va reduciendo. Pasan a ser quince, luego diez, luego cinco y, finalmente solo dos –que son los que le atrapan–.
¿Por qué sucede esto? Porque hay perros que se van desanimando y se paran. Porque los perros que se paran no han visto al zorro; solo siguen al resto de galgos por inercia, y cuando se cansan deciden que no tiene sentido seguir. ¿Para qué? ¿Acaso crees que los perros que van delante no se fatigan? Claro que sí, pero han visto al zorro; saben que merece la pena seguir adelante, corren por un sentido y continúan.
¿Entiendes el ejemplo? Quién no ha visto al zorro…, quién vive simplemente siguiendo a otros; se cansa y se descuelga. Puede que alguno siga corriendo, pero como por una especie de “imposición” sin sentido. Quién ha visto lo que quiere, no puede parar. Las fatigas no le hacen perder la pasión, sabe porqué hace las cosas y sigue adelante.
¿Y tú? ¿A quién sigues? ¿Realmente has visto tu objetivo y corres detrás de él? ¿O te limitas a seguir a otros?
Vivir la propia fe es maravilloso. Las dificultades del camino no se eliminan, pero todo tiene un sentido precioso cuando sabes a Quién sigues y a dónde vas.
Llega un momento en la vida en que no puedes andar viviendo de la fe y de la experiencia de otros; que siempre serán tus hermanos y seguro que de muy buena gana te van a ayudar; pero eres tú quien tiene que responder a las preguntas que Dios te dirige: ¿Me amas? ¿Me sigues?
Que siempre busquemos a Jesús y, que al encontrarlo, vayamos tras de él. Que no desfallezcamos en nuestro deseo sincero de estar junto al Señor. Que corramos, que le busquemos con pasión, que le amemos.
Virgen María, ayúdame a buscar a Jesús por amor. A encontrarle en mi vida y a poder seguirle con fidelidad, creyendo en él, confiando en su palabra. Así, viviendo unido a él, perseveraré haciendo el bien a mis hermanos.
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