Parte 3: La Espera en Silencio
Serie: Transformando el Cuidado: Amar y Aprender a Vivir desde el Rol de Cuidadora | Capítulo 1: La Espera — Parte 3 de 8
Parte 3: La Espera en Silencio
Serie: Transformando el Cuidado: Amar y Aprender a Vivir desde el Rol de Cuidadora | Capítulo 1: La Espera — Parte 3 de 8

Imagen ilustrativa generada digitalmente
Hay una parte de la espera que casi nadie percibe, que casi nadie ve, no se anuncia, no se publica, no se comenta, no siempre se comparte… es la espera en silencio.
Es esa espera que ocurre cuando las luces se apagan y el mundo duerme, cuando una mujer se queda a solas consigo misma, con lo que siente y con lo que piensa, con sus miedos más hondos y sus deseos más sinceros, es una espera que no necesita testigos, porque sucede por dentro.
En el silencio aparecen todas las dudas y las preguntas que no siempre se dicen en voz alta, esas que rondan la mente y el corazón cuando nadie más escucha:
¿Estaré preparada?
¿Podré protegerlo?
¿Seré suficiente?
¿Y si algo sale mal?
El silencio no siempre es paz, no siempre es calma; A veces es un diálogo interno constante, un ir y venir entre la esperanza y la inquietud, entre la fe que sostiene y el temor que amenaza con desbordar. Es pensar, sentir, imaginar… todo al mismo tiempo.
También hay una espera en silencio cuando se acaricia el vientre sin palabras, cuando se habla con ese ser que aún no se ve, pero del que se tiene la certeza de que escucha, cuando se le confía pensamientos que no se dirían a nadie más, cuando se le hacen promesas íntimas que no buscan ser cumplidas a la perfección, sino desde el amor. Son promesas de cuidado, promesas de presencia, promesas de fortaleza, incluso sin saber de dónde saldrá.
En esa espera silenciosa, muchas mujeres comienzan a transformarse sin darse cuenta, se aprende a escuchar la intuición, se aprende a confiar en algo más grande que una misma, se aprende a sostener emociones contradictorias sin romperse, a convivir con la alegría y el miedo en el mismo espacio.
La espera en silencio es un umbral, un espacio invisible donde una mujer empieza a dejar de ser solo ella, porque en todo lo que sueña y visualiza ya incluye a ese ser que aún no ve, para convertirse poco a poco, en su refugio. Sabe, aunque no lo diga, que su espera es finita y que algo en su vida está a punto de cambiar para siempre.
Yo también atravesé el silencio de la espera, guardé miedos que no sabía cómo nombrar, tuve sueños que no dije en voz alta, oré y recé sin palabras, con el corazón apretado y lleno a la vez.
Y hoy comprendo que, en ese silencio, sin saberlo, ya estaba comenzando a aprender a cuidar, porque antes de que el amor tenga rostro, antes de que el cuidado tenga nombre, el silencio ya estaba enseñando a sostener.
El silencio también fue una forma de amar, y una preparación invisible para lo que vendría.
“Escribo desde el cuidado, para sanar, nombrar y transformar la vida” — Soy Yesica Margoth, La Voz del Cuidado
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