U̅ = (soberanía, agencia)
Tengo una hija de 16 años que está cursando 1.º de bachillerato. Como buen padre que “intento” ser, ella sabe que puede contar con mi apoyo…
U̅ = (soberanía, agencia)
Tengo una hija de 16 años que está cursando 1.º de bachillerato. Como buen padre que “intento” ser, ella sabe que puede contar con mi apoyo para todo lo que precise en su vida. La verdad, no me necesita en exceso. O al menos eso parece.
Sin embargo, a veces, en sus estudios se encuentra con dificultades de comprensión que, con la buena imagen que tiene de mí, en ocasiones me pide que la acompañe para comprender ciertos asuntos. Estos días estamos con los vectores. He de confesar que no me acordaba de gran cosa y, finalmente, he tenido que estudiarlos antes de poder recorrer esta temática con ella.
Esto me ha hecho reparar en el concepto de las coordenadas que marcan las posiciones. Los sentidos, las direcciones. En mirar el espacio como un todo en el que, sin embargo, hemos construido una serie de conceptos y principios que nos ayudan a su escrutinio. Ver dónde estamos, dónde miramos, dónde queremos ir. Tener incluso referencias que no tienen por qué ser fijas. Siempre desde una vista sesgada, porque no conocemos ese todo que realmente no se ve con los ojos, pero que, en ocasiones, nos ayuda a comprender ciertos procesos.
Llevo varios días lidiando con dos conceptos que me sirven para crear mi propio vector para comprender una parte de nuestro comportamiento como individuos y, al mismo tiempo, como colectivo. Hablo del concepto de soberanía y agencia. Dos principios que, poco a poco, han ido desapareciendo del imaginario general que rige nuestra sociedad. Han sido, poco a poco, cubiertos primero por las banalidades que nos desorientan y después por el miedo que nos atenaza.
Comprender la soberanía implica responsabilidad colectiva. Ser capaz de verla como algo colectivo es un primer paso para diseñar y vivir los mecanismos que dibujen el mapa en el que vivimos. Encuentro en ello una relación directa con el concepto de agencia, que nos habilita para pensar, colectivizar y hacer. Con la certeza de la posibilidad, como una brisa de esperanza que refresca nuestra cara en todo momento y que, bajo la luz de ese color esmeralda, mantiene el rojo de la energía, del hacer. Un hacer que da sentido al resto del dibujo.
Levanto la mirada y veo un mundo vacío de ambos conceptos. Un mundo que ha entregado su capacidad de construcción a aquellos que viven desde la violencia, un modelo de poder que realmente no lo es. Un poder que se sostiene en la fuerza y que, a medida que el tiempo pasa, tiene un recorrido más bien limitado. Los ciclos. Las espirales que reconocen la interdependencia, el interser profundo, espiritual, que da sentido a pensar desde planos diferentes y que son la guía que devuelve el sentido a ambos conceptos: soberanía y agencia.

En medio de esta tormenta global, me siento afortunado de haber encontrado, de ser parte de un movimiento que actúa como la luz de un faro que me orienta en una trayectoria que discurre en una dirección totalmente diferente. Los Comités Locales, que emergen desde el barro en diferentes municipios y comarcas de la provincia de Valencia, en España, no son fruto de la desesperación, sino del despertar de un letargo demasiado profundo, demasiado largo. Una situación de falso bienestar colectivo que se construye desde la insolidaridad y el egoísmo inconsciente. Son fruto de la ineficacia estructural de los modelos de gobernanza que sustentan sus instituciones, dando pie a situaciones de incomprensión y ansiedad extrema.
El futuro está ahí, enfrente. Abierto a lo que queramos construir, desde el ejercicio de la escucha abierta, profunda. Una escucha generadora de curiosidad, creatividad, del «todo es posible». Siempre desde la mirada de la equidad, la compasión y el coraje. Sí, el coraje, la valentía. Algo forjado desde esa decisión profunda de SER soberanos y conscientes de nuestra propia capacidad de hacerlo. La agencia.
¿Lo mejor? Que no soy el único loco que piensa y vive así. Porque no basta con sentir, con pensar; necesitamos, como decía antes, hacer. Los tiempos del like desde el sofá, del cabreo en la barra del bar, de la crítica gratuita sin propuesta que la acompañe, son tiempos pasados, que ya no sirven.

Vivimos un momento diferente. Un momento que no necesita cambios. Ni de políticas ni de políticos. Precisa cambios en el modo en que se construyen los acuerdos como sociedad. Desde una mirada del compost, utilizando aquello que todavía funciona de algún modo para que metabolice con lo que está por venir y de lugar a un nuevo conjunto de acuerdos que nos permitan vivir como sociedad.
Un momento donde la coerción desaparezca como elemento garante del sistema y este se transforme en algo diferente. Que sea el amor la fuerza superior en torno a la cual se organiza la vida, y nuestras relaciones con ella.
Esa es la trayectoria y la dirección del vector que guía mi vida.
¿Y el tuyo? ¿Cuál es?
Porque todas estamos en esto.
메타데이터
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