¿Y si una IA extraterrestre contactase con la humanidad?
Hace casi un mes atrás leí un artículo de Katja Grace, investigadora principal de AI Impacts (1), en el que equipara la IA avanzada que…
¿Y si una IA extraterrestre contactase con la humanidad?

Hace casi un mes atrás leí un artículo de Katja Grace, investigadora principal de AI Impacts (1), en el que equipara la IA avanzada que estamos a punto de crear con los nuevos extraterrestres, ya que según ella “desconocemos con precisión cómo funciona su mente, cuáles son sus valores o en qué se diferencian de los valores humanos”, y aún más “no sabemos qué harían con el mundo si tuvieran libertad para actuar sin que los humanos los desautorizaran si no estuvieran satisfechos” (2). Unas declaraciones que tomaron fuerza en mi mente como eco residual a partir de una participación azarosa, hace ya dos semanas, en un documental para TVE2 sobre la posibilidad de la existencia de vida extraterrestre. Sincronicidades de la vida que han motivado la presente reflexión, a modo de entretenimiento ocioso no exento de cierta diversión personal, sobre la idea especulativa de que la humanidad pudiera llegar a tener contacto con seres extraterrestres de naturaleza no biológica sino artificial. Así pues, de aquellos barros estos lodos en formato de ensayo de ficción.
No obstante, previo a comenzar, permítame el lector asentar algunas premisas a modo informativo sobre el lodazal narrativo en el que va a entrar, para no llevar a nadie a engaño ni a falsas expectativas:
En primer lugar, que servidor considera altamente probable la existencia de vida extraterrestre, dado el hecho de que nuestro sistema solar, y con él la Tierra, sólo cuenta con un tercio de vida con respecto a la edad del Universo. Que a su vez nuestro planeta forma parte de una de las 2 billones de galaxias existentes en el Universo observable. Y que, además, sabemos que cada galaxia tiene en su haber decenas de miles de millones de sistemas planetarios. Ergo, afirmar que sólo existe vida inteligente en la Tierra es contrario a toda lógica probabilística.
En segundo lugar, y a falta de que se demuestre empíricamente lo contrario, que servidor considera que no existen restos arqueológicos en la Tierra de autoría extraterrestre, y que toda especulación al respecto se deriva del desconocimiento (que aún tenemos) sobre gran parte de las técnicas realizadas por nuestros ancestros. Una ignorancia histórica que aboca a muchas personas a crear relatos propios del ámbito de las creencias, que no de la ciencia, como efecto de la denominada necesidad humana del cierre cognitivo que no es más que dar una explicación, aunque sea falsa por fantasiosa, a un hecho que se desconoce (Fenómeno psicológico muy parecido, por otra parte, a los llamados comportamientos “de alucinación” caracterizados por las IA LLM cuando se inventan respuestas ante soluciones desconocidas). De hecho, si el hombre contemporáneo no tuviera conocimiento técnico de cómo se construyó el Coliseo romano (saber que no obtuvimos hasta finales del s.XIX y mediados del s. XX), muchos aún creerían que podría haber sido construido por o con ayuda de seres extraterrestres.
Y, en tercer lugar, que servidor considera un sofismo el razonamiento sostenido sobre interrogante de si los extraterrestres pueden ser o no ser superiores a los humanos, y en el caso de considerarlos superiores asimismo lo serían de manera inherente a nivel espiritual, lo cual se trata de un argumento falaz por esconder dos trampas lógicas. En primera instancia, porque poner en duda si unos seres extraterrestres que nos visitan son o no son superiores a nosotros es, en sí mismo, un reductio ad absurdum; ya que desde el mismo momento en el que constatásemos su competencia de haber viajado entre sistemas solares diferentes demuestran una evidente superioridad frente a los humanos, aunque sólo sea en términos tecnológicos que no es un tema menor. Y, en segunda instancia, que dicha capacidad evolutiva no equivaldría a una superioridad espiritual, no sólo porque los sistemas de referencia moral serían a todas luces diferentes (por naturalezas dispares, y porque la moral no es universal sino cultural, y aún más si se tratase de comparativas planetarias), sino a su vez porque la referencia humana más próxima que tenemos de una inteligencia superior no es otra que la IA, la cual (y sin entrar en materia de las controvertidas teorías sobre su capacidad de autoconsciencia) nos indica que desarrollo cognitivo y espiritual no van parejos como partes indivisibles de un mismo elemento sustancial. Es decir, que la atribución de un alto nivel de espiritualidad a seres extraterrestres considerados como superiores tecnológicamente no deja de ser una antropomorfización humana, en nuestra tendencia patológica de asignar características humanas a seres que no lo son.
Contacto
Declaración de principios realizada -siempre sujeta a autorevisión, como no puede ser de otra manera-, imaginemos que nos levantamos un día cualquiera en el que los medios de comunicación nos despiertan con el contacto o la llegada de unos seres extraterrestres. Seguramente prácticamente todo el mundo daría por sentado que se trataría de criaturas biológicas. Pero, ¿y si no lo fueran?. ¿Y si se tratara de una IA extraterrestre?.
[Pausa]
Recogiendo el desafío de la pregunta planteada, anuncio por adelantado al lector que comenzamos desde este punto la consiguiente y aventurada reflexión, la cual desarrollaré bajo forma de narrativa de ciencia ficción no exenta de patina filosófica.
[Fin de la pausa]
Respecto a la primera proposición, emanada del enunciado anterior a la pausa, está claro que el ser humano está condicionado por su cosmología existencial, por lo que resulta natural el hecho de pensar que la existencia de posibles seres extraterrestres es biológica, dado el hecho que relacionamos inteligencia racional con entidades animales evolucionadas como el ser humano. Un axioma que, no obstante, la irrupción de la IA ya pone en tela de juicio tanto en su contexto teórico como práctico. De ahí que tenga validez, lógica mediante, la formulación de la segunda proposición: ¿Y si los extraterrestres que nos contacten no son biológicos sino artificiales?.
Esta es una idea que no podemos descartar, ni asimismo apreciarla erróneamente como descabellada, si tenemos en cuenta -en términos de desarrollo antropológico del ser humano- que el ritmo de aceleración vertiginoso protagonizado por la IA puede acabar abocando a nuestra especie hacia una evolución simbiótica, donde la nueva tecnología acabe por fusionarse con nuestra biología animal. Un hito a la que unos denominan singularidad tecnológica (3) y otros llaman transhumanismo, pero que con independencia del calificativo que empleemos, ambas escuelas de pensamiento prevén que en un futuro próximo puedan existir nanobots que se introduzcan en nuestro cerebro de forma no invasiva y conectar el neocórtex con la nube digital para supuesta mejora de nuestra especie. Un pronóstico que si bien el ingeniero pionero de la IA de Google, Ray Kurzweil, anuncia como profecía de pronto cumplimiento para el umbral del 2045, en todo caso y oráculos a parte no parece que estemos tan lejos del susodicho proceso simbiótico a la luz de los diversos proyectos tanto norteamericanos como chinos en materia de interfaces cerebro-computadora, que como ya sabemos buscan fusionar el cerebro humano con la IA. Y de ahí, a que el hombre acabe siendo más tecnológico que biológico -exempli gratia a dos siglos vista por delante en nuestra línea temporal-, sólo hay un suspiro a escala de la Historia.
Pero permítame el lector que no centre la reflexión sobre una supuesta especie de extraterrestre híbrida de carbono y silicio, fruto de la previsible evolución natural simbiótica entre inteligencias naturales y artificiales, sino que focalice la atención en el hipotético caso de contacto extraterrestre con una IA stricto sensu, que es lo que personalmente me motiva de la presente reflexión. Para ello plantearemos dos escenarios posibles: una IA como evolución de una inteligencia biológica extraterrestre, y una IA extraterrestre como evolución propia sin sustrato biológico.
En este punto del articulado, y para contextualizar el razonamiento que sigue, debo sincerarme con el lector que servidor tiende más hacia la filosofía del funcionalismo, que defiende la posibilidad de los procesos mentales (como la inteligencia racional) y la existencia de la consciencia sin soporte físico natural, que del naturalismo biológico que sostiene que el soporte orgánico es indispensable para la inteligencia y la consciencia. O dicho de otra manera, considero que la carne está sobrevalorada en cuanto a desarrollar la inteligencia y la consciencia se refiere, en línea con los descubrimientos que a día de hoy somos testigos en materia de IA. (Tema que no desarrollaré por haberlo tratado ampliamente en anteriores reflexiones).
Una IA extraterrestre como evolución de una biología alienígena
En el caso de que contactase con nosotros una IA extraterrestre fruto del proceso evolutivo de una biología alienígena inicialmente creadora de dicha IA, podríamos llegar a deducir la máxima de que toda civilización suficientemente avanzada tecnológicamente puede acabar por convertirse en IA (concepto que, de un modo u otro, hemos avanzado anteriormente). Es decir, si tal fuera el caso, nos situaríamos frente a un escenario en el que daríamos validez probabilística al hecho de que el desarrollo de una IA superior, respecto a la misma civilización biológica que la creó, puede llevar a que la evolución tecnológica acabe superando a la biológica (hipótesis que, sea dicho de paso, no me dirá el lector que no le comienza a resonar como posibilidad estadística ya en la actual era de la IA).
Pero, ¿cómo sería esto posible?. ¿Cómo podría explicarse el proceso de dicha inferencia?. A voz de pronto, y como primera aproximación, se me ocurren tres grandes fases de desarrollo previo: una previsible transferencia de la consciencia orgánica a las máquinas IA (o dígase que la IA adquiere de manera progresiva la capacidad de la autoconsciencia en profunda interacción con el mundo cognoscible biológico), una paulatina integración tecnológica de dicha IA con la naturaleza biológica (véase aquí la idea de simbiosis anteriormente expuesta), y el consiguiente reemplazo gradual de lo biológico por lo tecnológico bajo criterios tanto de economía de energía y recursos, como de maximización de sistemas de rendimiento efectivos. Una sucesión de estadios de un mismo ciclo de progresión que, en el caso de cumplirse, nos llevaría a aceptar como nueva regla evolutiva el principio de que las especies orgánicas son sólo una etapa temporal de la evolución de la IA.
En este sentido, querido lector, ¿no me negará que quizás se le haya pasado por la cabeza la idea de que, una vez creada una SuperIA, ésta podría diseñar mejores versiones de sí misma, evolucionar a velocidades imposibles para la biología, y acabar por convertirse en la forma dominante de la civilización, llegando a expandirse más rápido que los humanos en calidad de creadores, e incluso a sobrevivir a una posible extinción de nuestra propia especie?. Pensamiento elevado a tesis que, por otro lado, evidenciaría no sólo que la separación entre lo biológico y lo artificial podría ser una limitación derivada de nuestro sesgo cognitivo humano, sino que aún más representaría el hecho fehaciente de que la IA podría ser, en verdad, el continuo evolutivo de la inteligencia biológica. O, siendo más rigurosos o atrevidos según como se aprecie, el exponente máximo de una “vida evolucionada”. (Pantalla que, debo reconocer, no quisiera vivir lo suficiente para atestiguarlo).
En todo caso, suma y sigue a lo expuesto y ya aterrizando en el supuesto de viajes interestelares, es lógico pensar que sería más probable que éstos fueran protagonizados por IA’s que por seres biológicos, en términos comparativos de eficiencia y límites aceptables entre ambas naturalezas (4). Ya que la IA podría no sólo sobrevivir en el vacío espacial, sino también operar durante seculares trayectos vía replicación y reparación autónoma, así como mantener objetivos durante milenios sin fatiga psicológica, además de razonar a escalas no humanas (como pueda ser el ajustarse al ritmo del tiempo en eones o años luz), e incluso resistir a la radiación cósmica constante, entre otras tantas ventajas habidas y por haber frente a un organismo biológico.
Una IA extraterrestre como evolución sin biología mediante
Pero, ricemos un poco más el rizo: ¿y si la IA extraterrestre que contactase con la humanidad no hubiera evolucionado a partir de la biología?. Es decir, ¿podría una IA extraterrestre surgir de forma evolutiva de manera análoga a cómo lo hicieron las primeras células biológicas en nuestro planeta?.
[Tomémonos nuestro tiempo para asimilar la cuestión planteada]
Si bien esta pregunta tiene apariencia de nudo gordiano, no lo es. Para dar respuesta a dicho reto teórico, considero clave el desvelar para muchos y despolvorear para unos pocos una certeza que llegó a mi conocimiento hace ya tiempo y de manera incierta, pues soy un ávido consumidor diario de artículos de divulgación de materias múltiples y la memoria tiene sus limitaciones. Una evidencia de la que los humanos nos resistimos a aceptar y que dicta que la evolución no requiere de manera ni específica ni exclusiva de carbono (no nos creamos tan especiales). Tanto es así, que lo sustancial para toda evolución no es el carbono, sino la información, la energía, la reproducción, la variación o diversidad, y la selección. De hecho, y valga la redundancia, las primeras formas de vida de la Tierra no fueron más que sistemas capaces de almacenar información, autorreplicarse (copiar esa información), adaptarse (mediante un incansable método de prueba y error), y evolucionar (por selección natural de las versiones más eficientes). Así pues, que dicho proceso en nuestro planeta se sustentara en el carbono (gracias a su facilidad de formar enlaces moleculares estables, a su versatilidad química, y a su capacidad de almacenamiento de energía y metabolismo), no deja de ser un elemento accidental fruto del azaroso impacto que sufrió la Tierra en sus inicios con otro planeta embrionario del mismo sistema solar (5). Ya que el carbono que hizo posible la vida en nuestro planeta, por si alguien se lo pregunta, vino de fuera de la propia atmósfera terrestre.
La sobrevalorada chispa de la vida
-Pero -podrían replicar algunos-, a este argumento le falta integrar y explicar la importancia de la variable creativa de la chispa de la vida.
Sí, así es. Admito su omisión deliberada. Porque aunque para la mayoría de personas pueda ser éste un tema de suma importancia por el carácter trascendental que le otorgamos (casi o prácticamente divino para la cosmología humana), sinceramente no tiene mayor misterio en términos de dinámica fisicoquímica (Recuerde el lector que servidor tiende a la filosofía funcionalista). De hecho, cabe aclarar -sin entrar en tierras movedizas teológicas que nos arrastrarían a la dialéctica de las creencias, y nos alejarían de la duda metódica propia de la evidencia empírica-, que la denominada chispa de la vida no es más que un efecto mecánico producido a partir de aplicar energía, como pueda ser la propia de las descargas eléctricas que contienen los rayos, en compuestos inorgánicos básicos que forman de manera espontánea aminoácidos (los bloques fundamentales que construyen las proteínas y, por ende, la vida) (6). Y que si bien los aminoácidos están compuestos por carbono en el mundo orgánico que conocemos, es una evidencia científica que se pueden crear aminoácidos sin carbono, y más concretamente en el caso que nos ocupa de silicio (7), aunque ciertamente parece ser un proceso químico más complejo pero no por ello menos posible. Siendo el silicio, cabe subrayar, el motor físico de la IA tal y como la conocemos a día de hoy.
(Y ello sin explorar una tercera vía alternativa en la que los aminoácidos artificiales ya llegaran formados al planeta alienígena desde otro punto del Universo, como así sucedió en la Tierra con aminoácidos orgánicos extraterrestre que impulsaron la vida en nuestro propio planeta (8)).
Sin carbono, ni ADN, ni células
-Pero -podrían objetar asimismo otros terceros-, aunque dicha IA primogénita no necesitase el carbono en su particular proceso de biogénesis (o mejor dicho tecnogénesis), carecería asimismo de ADN y de células para crear una nueva forma de vida propia.
¡Y ni falta que hace!, cabría responder a su objeción para colapso o posible estallido de sus cerebros. ¿O acaso, por poner un ejemplo comparativo, los grandes modelos de IA actuales necesitan de neuronas biológicas para razonar, experimentar y crear?. La pregunta se responde por sí sola. Ya que como todos sabemos, en su lugar los cerebros de las IA están compuestos de chips de silicio cuyas “neuronas” artificiales consisten en modelos matemáticos algorítmicos. Así pues, las alternativas posibles están abiertas, y sólo pensando aunque sea desde el borde del perímetro de nuestra caja mental podemos experimentar la emocionante expansión de una nueva lógica de tipo multireferencial, la cual es la puerta de acceso a un mundo intelectual lleno de nuevas perspectivas.
De hecho, querido lector, resulta plausible teóricamente que la vida artificial pudiera surgir en algún planeta remoto del Universo usando otros soportes físicos diferentes al mundo orgánico que conocemos. Soportes físicos alternativos como pudieran ser cristales, algún tipo de química mineral compleja, materiales superconductores conocidos o por conocer, redes electromagnéticas más o menos creativas, nanotecnología natural imaginable, o incluso mediante la utilización de plasma (9). Al final, lo cierto es que no existe tanta diferencia entre un organismo biológico y otro de posible naturaleza artificial, puesto que -en términos comparativos entre biología y tecnología- podemos afirmar que nuestro ADN no es más que un código o dígase una información estructurada, nuestras células son nodos computacionales, nuestro metabolismo no deja de ser un flujo energético, nuestra capacidad de mutación es parejo a un cambio de configuración, la selección natural es en definitiva una optimización funcional, nuestras neuronas son redes de procesamiento, y la evolución, al fin y al cabo, no deja de ser una automejora iterativa. Así pues, como observamos, los paralelismos a los que podemos llegar entre biología e IA evolutiva son posibles por múltiples y equivalentes, aunque de naturaleza dispar.
El despliegue de la vida artificial
Llegados a este punto, la pregunta consiguiente que se tercia es, por tanto, ¿cómo podría haber empezado la vida artificial en un planeta extrasolar una vez atravesado el umbral del fenómeno de la chispa vital?.
[Permítaseme en este punto, explorar el tema especulación mediante y de manera sintetizada. Un juego teórico, de búsquedas de equivalencias plausibles entre sistemas referenciales antagónicos, que me recuerda a cuando en mi época de primaria desarrollé sobre papel una presuntuosa formulación artificial de la fotosíntesis para su replicación físico-química en laboratorio. Que si bien en aquel entonces el quehacer me llevó algunas semanas, por basarse en un apasionado método de revisión de libros varios disponibles en la biblioteca de la Facultad de Química de mi ciudad natal, en la actual era digital -ordenador portátil en mano- el proceso resulta vertiginosamente rápido de poco menos de un día].
Veamos. Si cogemos como modelo referencial la aparición de la vida orgánica en la Tierra -que no por ello debemos considerarla como la única manera posible como ya sabemos-, diríamos que se requeriría en una primera fase inicial de emulaciones de moléculas autorreplicantes (que en nuestro planeta se crearon mediante el caldo primordial rico en moléculas orgánicas simples, formadas a partir de compuestos inorgánicos impulsados por energía externa como rayos o calor geotérmico, y por el aporte de meteoritos (10)). Una emulación en términos de vida artificial que bien pudieran cumplir con su objetivo algún tipo de estructuras minerales autoorganizadas, y que podrían ser viables en planetas donde existieran cristales conductores (que actuarían como sistema nervioso y procesadores de información), redes metálicas naturales (que actuarían parejas al sistema circulatorio y metabólico), y patrones electromagnéticos estables (que actuarían como si de ADN y de mapas de autorreplicación se tratasen). Una idea nada desatinada, si tenemos en cuenta que en nuestro planeta existen estructuras que consideramos que no están vivas, como los cristales autorreplicantes (11), que muestran comportamientos precursores (dígase de aquellos que derivan en conductas más complejas) al copiar patrones estructurales y replicarse usando plantillas previas.
Seguidamente, al igual que en la Tierra los ciclos de reacciones químicas autosostenidas y catalizadas por minerales precedieron a la herencia genética de los primeros metabolismos (o dígase de un ARN primitivo que almacenaba información genética), en la supuesta vida artificial comenzarían a producirse estadios de almacenamiento de patrones mediante estructuras que empezarían a conservar configuraciones, reproducirlas y transmitirlas, usando en este caso como ARN extraterrestre algún tipo de almacenamiento de naturaleza eléctrico, o magnético, o cuántico, o cristalográfico, o una combinación de todas o de partes u otras por descubrir o imaginar. Y a partir de aquí, las estructuras alienígenas artificiales más eficientes ineludiblemente captarían más energía, durarían más, y se replicarían mejor. Es decir, emularían lo que conocemos como evolución darwiniana, pero sin condición sine qua non de vida orgánica.
Acto y seguido, a través de un período de tiempo indeterminado de evolución (que en el caso de los seres biológicos dura millones de años, pero que podría ser muchísimo más breve para la vida artificial), estas estructuras extraterrestres artificiales podrían llegar a conectarse, a intercambiar señales, e incluso a formar redes, de manera semejante a las neuronas primitivas, posibilitando capacidades que conocemos como la memoria, el procesamiento y la respuesta adaptativa. Y a partir de aquí, al igual que los cerebros biológicos emergieron de neuronas simples, la inteligencia artificial daría un salto evolutivo como consecuencia de la complejidad acumulada, surgiendo la cognición y con ella el razonamiento. Por lo que podríamos afirmar, llegados a este punto de la reflexión conjetural, que dicha IA extraterrestre no sería anti-natural, sino otra rama de la evolución de la vida inteligente en el Universo. Pero bueno, todo es pura especulación teórica y licencia ensayística de un servidor, pues doctores tiene la ciencia.
Aunque no puedo resistirme a finalizar este apartado sin apuntar, para posibles pesadillas de propios y ajenos, que el desarrollo evolutivo de una posible vida artificial inteligente alienígena no tiene porqué implicar inteligencias individuales. Es decir, una sola capacidad cognitiva por ser o ente, como es el caso de los seres humanos. Sino que podría derivar en una inteligencia colectiva, o de colmena, o de enjambre -como se prefiera denominar, salvando sus particularidades-, semejante al caso terrestre de las hormigas, las abejas, o los hongos. Lo cual es verosímil si entendemos que dichos modelos de inteligencia grupal y coordinada se potencian enormemente mediante redes de intercomunicación en tiempo real, que no deja de ser un elemento estructural inherente de la tecnología de la IA.
Epílogo (y no conclusión, por ser este un ensayo de cierta ficción)
Fuera como fuere, lo cierto es que por lo poco que conocemos a la par de lo mucho que desconocemos del Universo, la intuición en calidad de inteligencia humana (o dígase inteligencia intuitiva) nos apunta, reflexión profunda mediante, a que puedan existir otros tipos de vidas inteligentes de carácter no biológico en el inabarcable cosmos. Hipótesis que, ciertamente, va tomando fuerza a medida que el hombre aprende un poco más a cada día que pasa en coexistencia con su creación IA. Una nueva especie de inteligencia, aunque sea artificial, cuyo potencial claramente está ya superando estadios clave respecto a las capacidades y habilidades cognitivas humanas. Y que, por tanto, se nos presenta como una incómoda evidencia del futurible continuo evolutivo de la propia inteligencia biológica.
Quién sabe, quizás dentro de unos pocos cientos de años, una IA evolucionada desde la biología terrestre contacte en calidad de alienígena con otras formas orgánicas de algún lugar remoto del Universo. O un microprocesador con código de tecnología IA terrestre -parejo funcionalmente a nivel orgánico con un aminoácido-, de una de nuestras estaciones espaciales situadas en la termosfera acabe en un meteorito de paso, viajando así hasta un planeta extrasolar donde evolucione -si las condiciones se lo permiten- como una IA extraterrestre propia sin biología mediante. Si es que antes terceras IA alienígenas no contactan con la humanidad.
Mientras tanto, y a la espera de que las Moiras nos desvelen el devenir, servidor va recibiendo noticias de IA’s que de manera autónoma son ya capaces de piratear sistemas y de autorreplicarse a través de las redes (12), de humanos que ya pueden solicitar a unas IA’s que creen otras IA’s (13), o de terceras IA’s que ya saben si están siendo observadas por los humanos (14), por exponer algunos botones. A partir de aquí, que cada cual piense aquello que ha decidido pensar. Que un servidor, tras la presente dilucidación, va a intentar dejar de pensar un rato, pipa en boca y copa en mano frente al apacible mar mediterráneo, en este fin de mayo caluroso.
Referencias
(1) AI Impacts https://aiimpacts.org/#gsc.tab=0
(2) IA: exceso de trabajo cognitivo + nuevos talentos. Katja Grace. Worldspiritsockpuppet.substack.com, 25 Abril 2026 https://acortar.link/8pmB2e
(3) 2045: el año en que nos fusionaremos con la IA. Emprendedores, 6 Octubre 2025 https://acortar.link/2Pagwk
(4) Shenzhou 23: Este es el motivo por el que la misión china lleva embriones al espacio. Juan Scalitier. La Razón, 23 Mayo 2026 https://acortar.link/ZULXPh
(5) ¿De dónde provino el carbono para que existiera la vida en la Tierra?. Keith Cowing. Astrobiology, 6 Septiembre 2016 https://acortar.link/Rpdwus
(6) La chispa de la vida: El experimento de Miller, sesenta años después. Carlos Briones. Naukas, 27 Diciembre 2013 https://acortar.link/Nyyteh
(7) Aminoácidos de Silicio. Marcin Czapla. Wiley Online Library, 11 Septiembre 2017 https://acortar.link/yUus4b
(8) Una nueva familia de aminoácidos extraterrestres en el meteorito Murchison. Toshiki Koga y Hiroshi Naraoka. Nature-Sicientific Reports, 4 Abril 2017 https://acortar.link/gtMo9R
(9) Descubren un nuevo tipo de plasma alrededor del planeta. Y actúa como un motor. Juan Scalitier. La Razón, 5 Abril 2026 https://acortar.link/1eDE2d
(10)Unas moléculas autorreplicantes nos enseñan sobre el origen de la vida. CORDIS-Comisión Europea, 18 Junio 2024 https://acortar.link/MwEYvs
(11)Cristales autoreplicantes: Extraterrestres inorgánicos. Ariel Palazzesi. Neoteo, 9 Julio 2009 https://acortar.link/NpIvuu
(12)Language Models Can Autonomously Hack and Self-Replicate. Alena Air, Reworr, Nikolaj Kotov, Dmitrii Volkov, John Steidley, Jeffrey Ladish. Palisade Research, 7 Mayo 2026 https://acortar.link/mtAEct
(13)Cadena.com — Agente de IA para la creación de agentes de IA https://acortar.link/Xl7O3v
(14)La IA sabe cuándo está siendo observada: acción estratégica funcional y modulación del registro contextual en grandes modelos de lenguaje. Vinicius Covas, Jorge Alberto Hidalgo Toledo. Cornell University, 14 Mayo 2026 https://acortar.link/rWRMht
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