Borrador//no sé
He venido pensando en cómo inicia un cuento, pero me he dado cuenta de que mayormente es “Érase una vez”, o hablan del clima: “Era un día…
Borrador//no sé
He venido pensando en cómo inicia un cuento, pero me he dado cuenta de que mayormente es “Érase una vez”, o hablan del clima: “Era un día lluvioso”, o nos dicen en dónde se desarrolla la historia: “En una cabaña no muy lejana”. Sinceramente, me aburrió. No me considero una progresista literaria ni mucho menos, pero sí una lectora que se aburre fácilmente. Entonces pensé: yo, que tanto he leído y lo que me falta por leer, ¿por qué no hacer una obra literaria corta propia? Así es como llegamos aquí.
El problema, luego de analizar todo, es que no sé de qué tema podría hablar, porque la mayoría de los asuntos que se me vienen a la mente son más que repetitivos. Además, no estoy segura de si debería o no tener una moraleja. Mientras más lo pienso, más me estreso, pero de verdad aún tengo ganas de escribir algo propio. Si me rindo, quedaría como una perdedora, y yo no he perdido hasta ahora; he sido la primera de mi clase toda la etapa escolar… la universidad es un tema distinto, pero eso no significa que haya perdido algo, ¡el conocimiento es poder! A este paso no avanzaré ni el primer párrafo y me estoy aburriendo. ¿Debería hacer de esto un cuento de quejas? Más que un cuento, creo que sería una lista… una muy larga. Tendría que empezar desde que tengo memoria. Lo haré.
Bueno, ya que a ti y a mi nos gusta quejarnos y el chisme (porque si no fuera cierto no te quedarías aquí leyendo), empezaré.
La primera gran queja que tengo de la vida es que mi mamá amaba ponerme vestidos y faldas cuando era pequeña. ¡Guácala el rosa! Era un crimen lo que ella cometía contra mí; me sentía como mi gato cuando le tejí una bufanda y se tiró al pasto como protesta. Felizmente cumplí 4 años y era más firme con mis decisiones; ahí terminó el reinado de las faldas y vestidos en el armario.
La segunda queja que tengo es de cuando me obligaron a llevar fucsia. Yo sé que a la mayoría de las niñas les gusta el rosado, o la sociedad tiene bien estereotipado que te debe gustar, y Barbie lo reafirma con los outfits, pero por favor: suelten el rosa. A mí me gusta el morado, el azul y el negro.
Puedo continuar con el deporte; el deporte en equipo. ¿Por qué la gente que juega deportes en equipo se queja cuando va perdiendo y se la agarra con el más débil de su grupo? Es un deporte en EQUIPO, por lo que, en lugar de actuar de manera tan horrenda, mejor deberían centrarse en arreglar sus puntos ciegos o escoger mejor con quién jugar la próxima vez. Por eso yo prefiero los deportes en solitario, así no reniego con nadie y nadie reniega conmigo, como en la natación: lo mejor del mundo.
Dije que lo haría en orden cronológico, pero sinceramente lo haré de acorde a cómo lo recuerde. Aquí es donde aplica mi queja ante los partidos políticos de mi país y de muchos otros, junto a sus ideologías. Sé que los derechos humanos dicen que no se debe discriminar por sexo, religión, ideología y más, pero no es que discrimine a alguien que opine lo contrario a mí. Lo que no me gusta es que todo se centre en lo mismo: que si la derecha, que si la izquierda, que si los comunistas, los capitalistas, los conservadores, los que ni de izquierda ni de derecha, los radicales, nacionalistas, golpistas, militares, la monarquía, lo teocrático… Al final, todo ello se basa en qué odias tú, con qué te identificas, y qué odia el resto y con qué se identifica. Los partidos políticos repiten lo mismo y hacen las mismas promesas que hacían los que se lanzaban para presidente del colegio diciendo que habría recreos más largos y cero tareas… Puro bla, bla, bla. Las personas identificadas con algunas o todas las propuestas se defienden a capa y espada como los filósofos de la Grecia antigua, pero sin el mismo léxico y, posiblemente, sin el mismo entendimiento; simplemente se dejan llevar por las masas.
Luego estamos las personas como yo, etiquetadas como todo lo que no debe ser un buen ciudadano: desinteresada en la política, desinteresada en los partidos, en las propuestas y en quién gobierna. Lo que llamarían un “voto en blanco” en las encuestas, pero me considero más un “no opina”, porque al final todo me va a llevar a lo mismo: a la mierda o casi a la mierda. Mientras la economía se maneje, dicen algunos, no hay problema; pero sí lo hay. Si entra un dictador con aires de nacionalista que dice cerrar toda inversión extranjera y trabajar con pura empresa nacional, dinero no va a haber y abastecimiento tampoco, si no se hace un adecuado estudio y resulta que la capacidad nacional no se da abasto en ciertos sectores importantes para su economía.
¿Cómo puedo estar tan tranquila y no reflexionar al respecto? He reflexionado, por eso digo que todos los partidos políticos son lo mismo. Tal vez tienen distinto plan de gobierno, pero todos prometen cambios en los temas de interés por votos, y te pintan un paraíso perfecto de reformas; pero al final, en el mando, todos acaban igual: con más dinero del que tenían al entrar, robando y escapando. No me considero anarquista porque no estoy en contra de ninguna forma de gobierno, pero de verdad que ya me cansa que todos prometan seguridad, todos prometan un cambio, y los únicos cambios que he visto hayan sido de presidente y un avance tecnológico lento en comparación a otros países.
Tal vez los incas o los mayas no me hubieran hecho pasar por esto. No tengo nada en contra de los invasores que llegaron hace más de un siglo, pero me negaron el ver cómo se hubiera desarrollado esta civilización después de un tiempo, aunque posiblemente yo no haya existido de ser así. Y no es como dicen los representantes de otros partidos del otro lado del mapa, que nos brindaron la ayuda necesaria; ellos aún tienen monarquía y antes eran feudales, pero su avance no es que fuera más rápido que el nuestro, creo que les falta recordar la migración de los primeros pueblos y hombres: a ellos les tocó estar más cerca. Encima dicen que no es un robo llevarse objetos u oro porque ellos ocupaban ese territorio en su momento mediante sometimiento y, por consiguiente, era suyo. No los critico, la verdad, en ese aspecto también soy igual: cuando voy al cuarto de mi mamá me apodero del lugar y uso sus cosas, pero nunca mataría a alguien solo por no profesar la misma religión. Estoy segura de que Solimán I no les enseñó como se debía a sus descendientes a dejar huella en los territorios que conquistó, y lo mismo con sus ancestros, que no dejaron bien enseñados sus valores, porque si no, los españoles hubieran sabido que se puede armonizar con la religión que no es de uno si se respetan mutuamente, o de plano a los españoles no les importó.
Volviendo al tema de la política, su existencia es una de mi más grandes quejas, tanto en término como en acción. Otra queja que tengo es hacia los intolerantes por ser conservadores. Nunca llegaré a entender por qué la gente mayor se siente tan en contra de que un hombre y otro se casen, o una mujer con otra; no entiendo por qué tanta polémica, por qué tanto revuelo. ¿Religión? Te lo valido en caso de que sea a él o a ella a quien quieran casar a la fuerza con alguien de su mismo sexo y no les guste, ¿pero opinar de la vida ajena con el pretexto de la religión y la protección a los niños? Lo encuentro muy ridículo. Los niños no son tan tontos como uno cree de grande; para tal caso, el adulto que lo cuida sería el tonto al no saber explicarle al menor qué es lo que sucede a su alrededor.
Luego está el tema del aborto, que si ilegal o legalizarlo. Dicen que por un tema de protección a la vida, ¿pero quién protegió a esa mujer cuando la violaron, o quién se hará cargo de ese menor? ¿Los que velaron por su derecho a que viva? Luego, el tema de la tasa de natalidad de la población… Nosotros somos el germen del mundo, quienes enferman al planeta. Después está el discurso de que “mi cuerpo y lo que haga con él es mi problema”. Bien, si es tu problema, pero no esperes que la atención de la intervención que deseas realizarte sea gratuita y pagada por el Estado y, por consiguiente, por la población. Al pagar, tal vez se haga menos accesible, obviamente, ¿pero y qué? Te endeudas, te libras y te dedicas a pagar; al menos ahí sabes cuándo acabará tu deuda y no tendrás que esperar hasta que cumpla 18 años o más y deje de depender de ti.
Soy mujer y me harta escuchar el argumento de: “Es porque soy mujer que me tratan de tal o cual manera, las estadísticas, la discriminación, el machismo…”. Sí, eres mujer, pero eso ya se sabe, no se necesita estar diciéndolo a cada rato. ¿Debería de cambiar? Debería de cambiar efectivamente, pero repetir como casete viejo no ayuda, aunque digas que debes decirlo hasta que de verdad te escuchen, porque nunca lo harán; te tomarán como otra cifra o un voto más. Me dirás entonces: “¿Qué deberíamos hacer ya que estás describiendo todo como si supieras del tema?”. Pues, si te diera una respuesta, es que no la hay, pero podrías cambiar a los que vienen consolidando un margen educacional libre de todo prejuicio. Lo menciono porque hay mujeres en contra y a favor de los gays, de los abortos, de que se les enseñe a los menores sobre las relaciones sexuales y cómo cuidarse; pero si no saben cómo ser tolerantes con otros, cómo esperan que todo sea más equitativo. Al rico y al pobre no lo tratan igual ni para pagar tributos, aunque en ese caso el pobre se beneficia al pagar de acuerdo a su ingreso, aunque diga que las empresas y no sé qué.
La verdad es que nunca va a haber un mundo perfecto. Es como un partido de fútbol en el que tu equipo gana, pierde o empata: todas son probabilidades de cambio positivas o negativas. De todo lo que yo he escrito habrá gente a favor, en contra y quien no entendió; todo es válido, porque si yo me metiera en la mente de cada persona no habría diálogos, no habría evolución. Si todos pensáramos igual no tendríamos lo que tenemos ahora, con todo y delincuencia, fallos del sistema educativo, de salud y ambiental. Pero si nos sumimos en la depresión y en lo negativo, no ganamos nada. Se dice que el que trabaja y trabaja, a pesar de cómo esté el país, es el que ayuda a sostenerlo, porque uno no puede parar en medio del caos y refugiarse en el miedo. Sí, puede que mañana no esté aquí, sea por una bala, un auto u otra persona, pero de todas maneras mi muerte llegará; si no es de forma natural, uno de esos factores me hará llegar al final. ¿Y qué cambiará? Seré solo otra cifra más en otra familia que ve perecer a un familiar y le llora un día, un año, tres o más; luego lo superarán o lo llevarán como una cruz.
Si investigo, si invento, si ayudo, se me reconocerá y dejaré de ser un número para pasar a ser un nombre con un buen recuerdo. Si encabezo una orden criminal, asesino en masa o lidero una guerra, tendré un nombre que infunda miedo. Lo único que cambia al resaltar es que se te recuerde por más gente mediante un nombre, sea bueno o malo, y que motive a más personas a seguir esos pasos. Pero todo es como una rueda, un círculo perfecto de 360 grados que lo único que hace es volver al punto de partida. Seguir haciendo lo que uno sabe hacer y avanzar es el mayor logro personal que se puede tener.
Así que ahí lo tienes. Empecé esto frustrada porque me aburrían las cabañas lejanas, los días lluviosos y los “Érase una vez” que no llevan a ningún lado. No te prometí una moraleja y, sinceramente, dudo que la encuentres entre tanta queja, política barata y traumas con el color fucsia. Pero llegamos al final de la rueda, volvimos al punto de partida y, si sigues aquí metido en mi chisme, al menos logré mi objetivo: no me quedé en blanco, no perdí el tiempo y, definitivamente, no dejé que te aburrieras. Fin del cuento. O de la lista, como prefieras llamarle.
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