BIG BROTHER IS WATCHING YOU
“¿Hasta qué punto puedes estar seguro de ti mismo, si todos a tu alrededor dicen lo contrario?”
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“¿Hasta qué punto puedes estar seguro de ti mismo, si todos a tu alrededor dicen lo contrario?”

Con esta cuestión tan asfixiante, George Orwell nos sumerge en 1984, una obra que nunca ha sido una simple distopía, más bien, lo consideraría un recordatorio de que la verdad es el bien más frágil que poseemos. La novela nos arrastra por una sociedad donde se demuestra que no hace falta una guerra para esclavizar a un pueblo, siempre y cuando puedas controlar sus pensamientos. Orwell no necesitó conocer a ningún villano ficticio de hoy en día para imaginar una realidad tan perversa, por lo que la historia se puede considerar aún más inquietante. Por su brutal honestidad y la variedad de símiles entre esa sociedad y la nuestra, la obra sigue latiendo, y especialmente hoy en día.
1984. Londres. Franja Aérea 1, dentro del superestado totalitario de Oceanía.
Allí conocemos a Winston Smith, un hombre corriente y desgastado que trabaja en uno de los cuatro ministerios del país: El Ministerio de la Verdad. Su labor es, irónicamente, la mentira: reescribir el pasado para que el Partido siempre tenga razón. Pero lo más retorcido de este sistema no es solo el control excesivo de las telepantallas, la Policía del Pensamiento o la neolengua, sino el control absoluto de los impulsos humanos. Bajo esta política llamada INGSOC, las reacciones humanas quedan totalmente censuradas, si no es para crear nuevos peones. Tras las grandes purgas de los años 50, la mayoría presentes no han vivido otra verdad que no sea la del régimen. Poco a poco, la neolengua creada por el Partido se va convirtiendo en la lengua oficial. ¿Sigue siendo posible soñar con otra realidad, incluso si se borra del vocabulario?
Julia es uno de los personajes más jóvenes, no por ello más sumisos. En mi opinión, Orwell quiso reflejar la mente revolucionaria que no gastaría su tiempo en leerse El libro de Goldstein antes que infringir las normas sociales de manera directa. Por ello, la relación entre Winston y Julia es un claro simbolismo de la diferente oposición hacia el mismo dogma. Frente a esa vitalidad instintiva de Julia, encontramos a O’Brien, un personaje que refleja la sumisión total hacia la ideología. Bajo mi punto de vista, el personaje más logrado por su similitud con la realidad. Sin ninguna duda, el objetivo del totalitarismo se ha cumplido cuando preferimos dejar el pensamiento crítico a un lado y apartar nuestra identidad, todo por la entidad superior. Él mismo lo verbaliza con frialdad: “El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo.” La capacidad de moldear el Imperativo Categórico de Kant ha sido un punto a favor para mí.
A pesar de que la obra fue escrita en 1948, muchos hechos siguen en pie, lo que hizo que me gustara aún más la novela.
Detrás de 1984 está George Orwell, un autor nacido en 1903 que vivió de cerca la opresión como policía imperial en Birmania y en la precariedad de París. Esa sensibilidad hacia la injusticia y su rechazo al colonialismo lo llevaron a publicar bajo seudónimo para no avergonzar a su familia. Su experiencia personal es lo que dota a la novela de esa “brutal honestidad” que mencionaba antes. Con un estilo que personalmente no me ha parecido complicado, más bien intenso, logra hacerse un hueco en las novelas políticas de ficción distópicas, todavía 78 años más tarde.
Si piensas y ocupas un espacio, como afirma Winston, filósofos como Descartes podrían pensar que existes. El Gran Hermano no opina lo mismo. Esta lucha por la existencia se resume en la frase que más me ha marcado: “La libertad es la libertad de decir que dos más dos son cuatro”. Esta idea fue escrita por Winston en su diario, en un inicio. A su vez, en toda la obra se advierte de que “quien controla el pasado controla el futuro”, y en un mundo de noticias falsas y memorias digitales que se borran con un clic, esa advertencia es más real que nunca. Es de reflexionar que la Policía del Pensamiento de Orwell no necesite una telepantalla; nosotros mismos les abrimos la puerta a través de nuestras redes sociales, ¿o quién no ha aceptado alguna vez un follow de un desconocido con un perfil atractivo? Estas citas del libro pueden parecer superficiales, pero si se te ha retorcido el estómago lo más mínimo, este libro es para ti.
Finalmente, ¿quién crees que tiene hoy el poder sobre tu mente? ¿Tus propios principios o la pantalla que tienes ahora mismo delante de los ojos?
메타데이터
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