La historia de mateo (1)
El día del partido Mateo ya iba con esa sensación de que algo importante iba a pasar. No sabía el qué exactamente, pero en su cabeza ya se…
La historia de mateo (1)
El día del partido Mateo ya iba con esa sensación de que algo importante iba a pasar. No sabía el qué exactamente, pero en su cabeza ya se imaginaba la historia contándose sola: remontada, gol decisivo, gente coreando su nombre… lo típico. Bautistas FC salía a la cancha mientras, alrededor, varios del insti se iban juntando para ver el partido. Adam ya estaba comentando todo como si fuera narrador, Ares había aparecido sin avisar y Andreu y Álvaro observaban tranquilos, como si no fuera con ellos… aunque en realidad sí, porque jugaban con Los Pitis.
El partido empieza fuerte. Mateo recibe el balón, intenta marcar el ritmo, pero Sergi aparece como siempre, roba limpio y arranca por la derecha. Avanza rápido, levanta la cabeza y mete un pase raso al centro. Marcos llega forzado, controla mal… pero le pega igualmente. El balón rebota en un defensa, cambia de dirección y acaba entrando.
1–0.
— Qué gol más raro — dice Adam desde fuera. — Ha sido 100% suerte — añade Ares.
Mateo respira hondo. Nada grave. Aún está todo dentro de su “plan”.
Sacan de centro, y esta vez Mateo juega más serio. Aguanta el balón, se gira y filtra un pase bueno. Su equipo avanza, pero en una mala entrega, Néstor roba. Sale disparado hacia portería. Mateo intenta alcanzarlo, pero ya va tarde.
Néstor llega, amaga el tiro, deja caer al portero… y marca suave.
2–0.
Pero lo importante no es el gol.
Néstor empieza a correr por todo el campo con los brazos abiertos, gritando como si hubiera ganado un Mundial, se tira al suelo deslizándose de rodillas, se levanta, señala a Mateo, luego al cielo, luego al suelo otra vez, hace como si firmara autógrafos invisibles…
— Se ha flipado muchísimo — dice Adam. — Demasiado — responde Ares.
Mateo lo mira serio. Eso ya no era solo fútbol.
El partido sigue, y Mateo decide que ya es suficiente. Recibe en medio campo, protege el balón, esquiva a uno, avanza y, sin pensarlo demasiado, suelta un disparo raso desde fuera del área que entra pegado al palo.
2–1.
— Vale, ahora sí — dice Mateo para sí mismo.
Poco después, vuelve a aparecer Sergi. Control perfecto, recorte rápido y tiro cruzado potente.
3–1.
— Ese sí ha sido bueno — dice Adam.
Pero Mateo no se rinde. En la siguiente jugada, roba tras un error de Marcos, se mete entre dos y define rápido antes de que le cierren.
3–2.
El partido se empieza a volver loco. Dino entra sin hacer ruido. No destaca demasiado, juega fácil, pero en una jugada le cae un balón cerca del área. Le pega colocado, sin fuerza excesiva, pero bien ajustado.
4–2.
— Ha sido buen tiro — dice alguien desde fuera. — Sí, pero tampoco se ha complicado — responde Ares.
Mateo aprieta. Esto se le puede ir. En una jugada rápida, recibe, hace un amago que deja atrás a Álvaro, encara a Andreu y consigue sacar un tiro que, tras tocar en el portero, entra.
4–3.
El partido está abierto. Todo el mundo mirando. Incluso, desde fuera del insti, apoyado en la valla, aparece Huna.
— A ver… claramente yo sería el mejor aquí — dice sin que nadie le haya preguntado.
En el campo, última fase del partido. Néstor vuelve a robar un balón clave en medio campo. Esta vez no corre solo. Mateo le persigue de cerca. Néstor aguanta, se gira raro, casi pierde el balón… pero le rebota y le queda perfecta. Sin pensarlo, chuta.
Gol.
5–3.
Y otra vez.
Celebración exagerada nivel máximo: corre en círculos, se tira otra vez al suelo, grita, señala a Mateo directamente como si fuera su enemigo final.
— No puede ser real — dice Adam. — Está viviendo su mejor vida — responde Ares.
Mateo ya no piensa. Solo actúa. Saca rápido, combina, corre, pide el balón. En la última jugada, consigue espacio, se acomoda y saca un disparo fuerte que entra tras tocar en el palo.
5–4.
Silbido final.
Los Pitis ganan.
Mateo se queda quieto, respirando fuerte, mirando el campo. Ha marcado, ha luchado… pero no ha sido suficiente.
Néstor pasa por su lado todavía medio celebrando.
— Te lo dije.
Mateo sonríe un poco, como si nada le afectara.
— Tranquilo… esto solo hace que mi historia sea mejor.
Desde fuera, Huna: — Si yo hubiera jugado, ganabais fácil.
Nadie le responde.
메타데이터
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