Analfabetismo económico
Los ciudadanos han de poseer las herramientas necesarias para saber qué hacen con su dinero la Administración y las empresas
Analfabetismo económico
Los ciudadanos han de poseer las herramientas necesarias para saber qué hacen con su dinero la Administración y las empresas

Un grupo de afectados por las preferentes en una manifestación anti desahucios en Madrid (Barcex, CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, via Wikimedia Commons)
En un capítulo de la versión americana de la serie *The Office*, Michael, el jefe de la empresa papelera, trata de explicar a sus empleados una nueva inversión en tarjetas telefónicas, algo que parece ser un trampolín para hacerse ricos generando ingresos pasivos. Frente a la credulidad de Michael, la desconfianza del resto de empleados. “Dime por qué esto no es un timo piramidal”, pregunta Jim, uno de los empleados. Michael, convencido de la calidad de la inversión, dibuja en una pizarra el funcionamiento: una persona recluta a dos y estas dos tienen que reclutar a tres más para conseguir… hacerse ricos todos. “No es un timo piramidal”. Jim, para asombro de Michael, se levanta y dibuja una pirámide con el esquema que había narrado su jefe.
Este gag de una de las series más socarronas de los últimos años nos muestra una realidad con la que topamos día a día. Las estafas piramidales, usando el esquema Ponzi, que debe su nombre a un estafador italiano Carlo Ponzi, se renuevan y reinventan continuamente. La llegada de las criptomonedas y el trading ha sido un nuevo caldo de cultivo ideal para estafadores que se aprovechan de la ingenuidad de muchos jóvenes para que les confíen su dinero a gente que les promete una rentabilidad increíble. Muchos de estos delincuentes han amasado auténticas fortunas a costa del desconocimiento financiero de sus víctimas.
[embed]Gag de la serie The Office que ejemplifica el funcionamiento de las estafas piramidales
Las estafas no son algo nuevo, para nada. Son algo muy común y que han enviado a la quiebra a miles de españoles en las últimas décadas: Rumasa, Fórum Filatélico o las preferentes son solo unos ejemplos de ello. En su libro sobre el escándalo financiero de las preferentes La gran estafa de las preferentes (2016), el periodista Andreu Missé menciona que “en la mayoría de casos, los ahorradores fueron engañados al ocultárseles los riesgos del producto, lo cual les causó graves pérdidas económicas y, en bastantes casos, daños irreparables para su salud”. Engañados. Más de un millón personas se vieron afectadas por este caso, entre otras cosas, debido a su falta de conocimientos en la materia.
Decía el liberador latinoamericano Simón Bolívar que “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil”. Dos siglos después, seguimos viendo las consecuencias de esta credulidad.
Decía Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil”
La economía es algo fundamental en nuestras vidas que no puede dejarse al azar y mucho menos a la ignorancia. En un contexto con cada vez menor estabilidad laboral y financiera, con un estado socialmente débil, los precios al alza y los sueldos bajos, no es extraño que haya quien busca, de forma un tanto precipitada, fuentes de ingresos. El problema es que se desconocen sus consecuencias. El analfabetismo económico tiene unos peligros terribles.
Los ciudadanos han de poseer las herramientas necesarias para poder saber si los tributos que pagan son justos; conocer lo que se hace en los bancos con su dinero; y saber a qué se arriesgan cuando contratan una hipoteca, un fondo de pensiones o compran acciones de alguna sociedad. En definitiva, debemos aspirar a que todos los ciudadanos sepan manejar su dinero. No que se les diga qué hacer, sino que conozcan el qué se hace con ese dinero.
Las soluciones más sencillas para evitar este problema endémico de nuestra sociedad son la educación y la divulgación. La educación económica, financiera y tributaria es algo que viene pidiéndose desde hace tiempo y que, desde mi punto de vista, no tardará en llegar. En España, más de un 50% de los más de 20 millones de personas que realizan el pago del IRPF tiene problemas para completar su declaración de la renta. Unas cifras desalentadoras que llaman a
En cuanto a la divulgación económica, es una cuestión que concierne, sobre todo, a los medios de comunicación. Aquí nos encontramos con varios problemas. Primero, la información económica es compleja y requiere de un alto grado de especialización por parte del informador, quien, además, debe conseguir hacer potable esta información: difícil tarea conociendo la brutal dictadura actual del click y lo llamativo sobre la información más densa y profunda. Segundo, que los medios dependen en su mayoría de poderes económicos y administraciones a los que no les interesa que la población conozca en profundidad los mecanismos por los que se rigen. Y en tercer lugar, que, siendo francos, muchos de nosotros, los periodistas, somos también analfabetos económicos.
Escrito por Antonio Navarro y Borja Quiles
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