LA CRUDA DEL 8M (1/12)
Marchando al 8M: del ruido a la realidad — Una columna mensual sobre lo que pasa con la equidad de género los otros 364 días del año
LA CRUDA DEL 8M (1/12)
**Marchando al 8M: del ruido a la realidad — **Una columna mensual sobre lo que pasa con la equidad de género los otros 364 días del año
Por fotógrafas durante marcha inclusiva en Monterrey, N.L., 8 de marzo 2026
Hay algo que pasa cada año y pasa muy rápido.
El 8 de marzo todo se vuelve urgente. Las calles se llenan, las voces se amplifican, los discursos aparecen y las marcas se posicionan. Por un momento pareciera que el mundo entendió. Pero pasan unos días y las conversaciones se enfrían, los temas pierden prioridad y la incomodidad, ésa que apareció tan fuerte, desaparece. Y lo que queda es una sensación difícil de nombrar, pero muy clara cuando la sientes: la cruda del 8M.
No es casualidad que esta columna empiece hoy, 8 de abril. Un mes después del día internacional de la mujer. Porque lo que me interesa no es el día que todo el mundo observa, sino lo que pasa cuando dejan de hacerlo.
Marchando al 8M nace de una incomodidad muy concreta: la de ver cómo un movimiento urgente, real y necesario se convierte en un evento de calendario. Doce meses de silencio interrumpidos por un día de ruido. Esta columna existe para cubrir los otros 364.
El 8M vimos fuerza, rabia, claridad. Vimos a miles de mujeres diciendo lo que normalmente no se dice, escuchamos verdades que incomodan y conocimos historias y realidades que simplemente no deberían ser. Vimos, por un día, lo que pasa cuando el tema deja de ser invisible. Lo que ignoramos es que muchas de las conversaciones relacionadas no se sostienen ni una semana, que la incomodidad dura lo que dura la tendencia y que el interés tiene fecha de caducidad. El problema no es la falta de información ni de conciencia, sino la falta de continuidad. Y hay algo incómodo en aceptar esto: nos importa, sí, pero por momentos. El 8M nos moviliza, el resto del año nos diluye. No porque no creamos en la causa, sino porque sostenerla es estructuralmente más difícil que compartirla. Compartir cuesta un clic. Sostener cuesta conversaciones que nadie inicia, decisiones que no tienen aplauso, incomodidades que no vienen acompañadas de validación colectiva. Sostener es hablar cuando nadie más lo está haciendo, en la junta donde el tema no estaba en la agenda o en el pasillo donde hubiera sido más fácil quedarse callada. Asumir una postura cuando ya dejó de ser tendencia tiene un costo real que vale la pena asumir, porque motiva al cambio y genera impacto.
Por eso es tan tentador que el 8M lo resuelva todo. Marchamos, posteamos y compartimos. Algo en nosotros siente que ya hicimos nuestra parte. Pero el cambio no viene en ese momento. Hemos construido el 8M como si fuera el clímax de la conversación, el momento donde “todo pasa”. Pero ése es justo el problema: el 8M no es el punto más alto del movimiento. Es el reflejo de todo lo que no se está resolviendo el resto del año. No es el resultado, es el síntoma. Y mientras sigamos tratándolo como destino en lugar de diagnóstico, vamos a seguir llegando al 8 de marzo con las mismas conversaciones pendientes, la misma rabia acumulada y las mismas dolorosas realidades.
Eso es lo que quiero nombrar aquí, mes a mes. Porque si entendemos que el problema no es solo lo que pasa el 8 de marzo, sino lo que deja de pasar después, entonces cambia el enfoque. De un día a una conversación. De visibilidad a constancia. De un momento a una postura.
La equidad no se pierde en marzo. Se pierde a partir de abril, cuando dejamos de sostener.
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메타데이터
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