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Volver a los 17

Aldana HC

Rocío Reyes · 2026-02-08 21:20 · 1 claps · 9.0 min read
#argentina #musica #revolution #music #criminal
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Volver a los 17

Fotos de mi archivo

Hace unos días quise escuchar música mientras viajaba en el 146 a trabajar, casi nunca lo hago porque la batería de mi teléfono no se lo banca bien pero lo necesitaba. No estaba segura de qué necesitaba escuchar. Sí sabía que no iba a elegir nada de ahora, que quería escuchar algo de mi época. ¿Por qué no siento esta época mi época?

El año pasado y esté pensé mucho en Cristian Aldana, una persona y un tema al que le doy vueltas desde hace más tiempo aún sin llegar a nada. Soy una persona que no separa la obra del artista o el artista de la persona o lo que sea. Y Aldana es, y siempre fue, muy mala persona. Dudas: ¿Se es una mala persona integral? ¿Se puede ser mala persona en algunos aspectos y buena en otros?

No separo a la obra del artista pero tampoco puedo separar las obras de las emociones y los momentos y las épocas y las respuestas automáticas de nuestros cerebros ante ciertos estímulos.

Cuando quería cortar con mi adicción al tabaco, un psiquiatra me dijo que tenía que saber que yo nunca iba a ser “no fumadora”, solo ex. Aún aunque no volviera a tocar jamás un cigarrillo. Que le pasaba a todo el mundo y tenía que ver con la huella que deja en los receptores de placer del sistema nervioso. Nuestro cerebro siempre va a recordar que nos dio placer el tabaco, el alcohol, algunas drogas, los ultraprocesados, el chocolate, lo que sea. Hay algo que se va a activar de manera automática. Es por eso que no es recomendable para ningún ex adicto, creer que es capaz de pasar a ser “consumidor social”, algo que (creo que) existe, pero no para todos.

El año pasado volví a fumar y también volví a escuchar El Otro Yo, a veces, juzgándome, pero necesitándolo, como al tabaco. En sesión privada de Spotify. Avergonzada. También volví a fumar con vergüenza, pero esa se me pasó más rápido. Cuando Aldana estaba ejerciendo sus aberraciones sexuales con menores, muy menores, yo estaba ahí entre ellas; las veía entrar sin pagar y pasar a los camarines. Supongo que tanto ellas como el resto sabíamos que algo no estaba bien, pero no teníamos la edad para juzgarlo adecuadamente Éramos chicas de entre 13 y 17 años como mucho.

Era el post 2001 y, nobleza obliga, el predador también nos dejaba pasar a otras personas además de a sus presas, cuando le comentábamos que andábamos sin plata. Casi nadie tenía, después de todo. Éramos una comunidad, nos apoyábamos entre todos. Una vez una chica le dijo algo muy lindo a un chico que me quedó grabado y fue: “Si venís a un recital solo, siempre alguien te va a acompañar y esperar con vos el colectivo o el tren”, que tardaban muchísimo en llegar, ya que siempre los encuentros eran en puntos recónditos de distintas zonas del conurbano. La gira interminable.

Esa época era muy cruda pero también tenía varios refugios muy cálidos. Los jóvenes no nos encerrábamos, nos escapábamos de nuestra casa a padecer (o disfrutar) con nuestros pares, en antros feos y sucios del under. Allí habitábamos en especial los raros, los medio depre. Los que eran felices iban a boliches a bailar y ser felices. Eso existe ahora, los que perdieron los lugares de encuentro son los otros, los nosotros más chiquitos de hoy.

Hay canciones puntuales de El Otro Yo que sí no puedo escuchar. Muy explícitas, que siendo adulta es imposible que no te revuelvan el estómago del asco, salvo que seas del tipo de adulto Jerry 3pstein. Pero hay otras, varias, que considero que son muy buenas. Aún hoy, creo. Ya en ese momento aún dentro del mundo de gente punkie y alternativa estaba medio mal visto ser fan de El Otro Yo. Éramos, de los raros, los más boludos. Los más inmaduros. El público con más chicas y más trolos. Suaves. De la escena, además, ellos eran de los peorcitos: Los dos Aldana tenían timbres de voz insoportables y varias letras eran muy tontas. Pero servían como una puerta de entrada a los subsuelos de la paracultura del AMBA y captaban a los públicos más jovenes. Cuando terminabas la secundaria, dejabas de ir a verlos. Ellos seguían. Nunca dejaron. Y vos, muy cada tanto caías en alguna fecha especial porque habían sido parte de tu vida.

Pasaron más de veinte años y yo conservo una buena parte de esa boluda. El Otro Yo tenía canciones sobre violar niñas, pero también tenía canciones sobre política, sobre los jóvenes que aspiraban poxiran, sobre Menem (este Turco hijo de puta / nos quiere matar de hambre a todos), sobre por qué habrá tanta destrucción en la humanidad qué estupidez. Estaban enojados y querían hacer con eso algo que hiciera pensar a la gente y mejorar al mundo. Y a la vez, generar un espacio en el que las personas que nos sentíamos también así, pudiéramos compartir, desahogar, evadirnos por un momento de la vida que era objetivamente una mierda, aún cuando teníamos quince años y no debería haberlo sido. Personas que además veníamos siendo infelices desde aún más chicos. Un imán de vulnerables.

No lo quiero perdonar a Cristian Aldana, no me nace, no lo necesito. Pero a veces sí necesito evocar esa tristeza y esa rabia porque esta época no es muy distinta de aquella. No hay un horizonte, no podemos pensar en un futuro o no en uno lindo. Colmena salió en el 2002, cuando yo tenía 15 años. El Otro Yo tenía también cierto interés por las artes visuales, así que sacaron un cd con una caja de cartón hexagonal que cuando se abría formaba un panal de abejas. Algo espectacular y fruto de la (su) auto gestión. El primer corte del disco fue una canción bastante más pop y menos gritona de lo que nos tenían acostumbrados, que se llamaba Inmaduro. “Todos ustedes que quieren cambiar al mundo, no se detengan”. Hecho. “Te voy a ayudar, hasta el final”. Falso, te la pasaste sodomizando a menores y estás preso. Por qué tuviste que ser un degenerado de mierda, Humberto Cristian, why.

Se decía que el viejo Humberto Cristian I también era un pajero – de mínima – o un acosador/ violador. No sabemos si eso sugiere algún tipo de violencia sexual contra sus propios hijos. No creo tampoco que lo justifique, solo podría agregar contexto. De hecho, si pudiera escindirse la parte de los aberrantes delitos sexuales imperdonables, El Otro Yo era una banda invitaba a no repetir los modelos violentos que nos criaron y juntaron en sus públicos. Ni los de la sociedad, ni los de nuestras familias. Fueron así cuando eran gritones en los noventa y también cuando el cambio de milenio los acercó a las melodías en los primeros dosmil. ¿Por qué el mundo es tan injusto? ¿Qué hacemos? Preguntas de ese tiempo y también de este.

Alegría nos hacía llorar siempre, porque nunca habíamos sido felices ni sabíamos si íbamos a serlo. Nos traicionó nuestra familia y nos traicionaron nuestros ídolos y años más tarde no sé si nos traicionaron pero nos desilusionaron nuestros referentes políticos y ahora estamos acá, enojados, solos, tristes y bastante más viejos.

Aldana basó toda su defensa en una persecución política, que es algo así como un 95% mentira y un 5% real. A los violadores que les convienen o les son funcionales o al menos no les molestan, no los hunden. Hubo una banda en particular de la escena sónica que firmó contrato con Sony en los 90s que hoy es muy muy respetada; son percibidos como señores sofisticados y elegantes con trayectoria, aunque también hayan sido bastante boludazos cuando tenían veinte o treinta años. No veo posible que en ningún grupo de más de cinco hombres heterosexuales de más menos 50 años no haya al menos un violador, debe haber alguna estadística. Pero bueno, trascendieron y lograron el prestigio y ahora la gente con la que me peleaba defendiéndolos en la secundaria los va a ver y yo solo los escucho muy cada tanto, a través de una playlist con mis canciones preferidas a la que bauticé “viejos boludos”.

A la lista con mis canciones preferidas de El Otro Yo, le puse “regalías a delincuentes”. Cuando recién salió el tema del juicio y las denuncias a la luz me daba mucho asco y no quería saber nada. Fue también una crisis de identidad. Nos volvimos a contactar entre gente de esos años a la que le habíamos perdido el rastro para hablar del tema, para armar el rompecabezas, a quién conocíamos, qué historia era un chisme en ese momento y pasó a ser un testimonio de una denunciante; cómo lo habíamos pensado en ese momento y cómo lo volvimos a pensar años después, con nuestras nuevas herramientas e información de personas adultas. Adultas, pero aún más jóvenes que lo que era él cuando perpetró sus crímenes.

Un día, años después, tuve que escucharlos y ahí elegí las canciones y las puse en una lista, hará uno o dos años, ya en esta era liberal libertaria. Los primeros debates muy boludos que todavía existen en internet acerca de la tonta obviedad: “Perón era un milico”, los atravesé a una edad adecuada para ese tipo de planteos, de adolescente y en los primeros dosmil, cuando personas que habían conocido (¡quizás para ser violadas!) la oficina de Besótiko Records, en Alsina y Pasco, contaban que Aldana tenía un cuadro de Perón. La gente joven de los noventa no podía ser peronista porque Menem no respetó cosas básicas de nuestra doctrina. Pero los peronistas, nunca dejaron de amar a Perón. Y por esa época, fue en dónde apareció el flaquito que ascendería al rol de ídolo y de referente político y emocional que fue Néstor Carlos Kirchner. Que, entre otras cosas y por otros motivos, también se ocupó de captar (cooptar, le decían) al público joven y sin esperanzas.

Aldana también se dejó conmover por Néstor e institucionalizó (bien o mal) la lucha por la música independiente por la que había trabajado por su cuenta durante años. Fue funcionario público y candidato (muy abajo en la lista) a Diputado Nacional. Y fue militante, porque de repente había una esfera politica que hablaba de y luchaba por nuestros sueños. El pico de esto sucedió cuando ya habían pasado unos años y gobernaba Cristina. Y lo que le pasó a él, una vez más, nos pasó y representó a varios.

Mientras Aldana iba camino a ir preso, el peronismo (¿kirchnerismo?) se diluía en manos del astuto Mauricio Macri para nunca volver a ser lo que había sido en ese momento (la década ganada). Fueron años oscuros para la porción alternativa sensible soñadora de mi generación, de los que nunca nos recuperamos del todo.

El único que le habla a los jóvenes y los invita a seguir un sueño colectivo, es el presidente actual. Un sueño de destrucción, de venganza, de romper todo y empezar de nuevo. Un discurso lógico para la mente enojada de los (en especial varones) muy jóvenes, atravesados además por un año de confinamiento. Adolescentes a los que los encerraron con sus mamás. Qué cosa peor te pueden hacer. Dejar que te mate un virus no cuenta.

Ahora hay artistas en el mainstream que hablan de sueños, pero aún los más progres, cayeron en la trampa del capitalismo y sus aspiraciones individuales: seguí tus sueños, lucha por lo que querés. SE VOS (🤌🏼). Y siempre lo que quieren son en el mejor de los casos aspiraciones profesionales y en el peor objetos de consumo. Y si no, hablan del amor y el desamor que ocupan mucho espacio pero no dejan de ser situaciones de individuos y gente que no está poniendo el foco en lo colectivo y en el estado del mundo.

Nadie recoge el guante de ser de verdad romántico ni nos propone un mundo nuevo. Aquellos que tengan la intención serán antes empequeñecidos y ridiculizados por el término acuñado por la gen z pero también instalado en los millennials: cringe. Sos un boludo (de nuevo). Un inmaduro, como cantaba Aldana en el 2002 con un lenguaje de los más pero más simples, como por ejemplo en la canción Calles: “Cantando a la gente que duerme en las calles / están tan fríos / abrigados solo con cartones / están matándonos”.

Además de violador y pésimo contante, Cristian Aldana no era tampoco un buen músico ni un gran poeta. Pero sí era una persona sensible y bien conectada con su tiempo. Descriptivo, preciso. Y tenaz. Claro que también lo fue en las canciones de practicar sadismo con nenas, que habrán ayudado a que lo condenen a 22 años de cárcel.

Entiendo que existe hoy un under, pero no lo conozco mucho. Ubico algunos medio “rebeldes” pero no necesariamente revolucionarios. El otro día fui a una clase/ charla/ jornada / ¿? de algo del arte y uno de anfitriones comentó que si las obras de arte, por más que hablen de la realidad, no la crítican, sólo está siendo representativo. Y que eso no incomoda a nadie. Hablábamos más que nada del Sistema de las Artes Visuales. Yo las amo, pero considero que ningún oficio artístico conmueve y construye comunidad tanto como la música. Así que no sé, ustedes, los músicos, hagan algo.


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