“Los medios de comunicación son los principales culpables de las violencias estéticas actuales”
El festival canario Cuerpos de Orgullo desafía la gordofobia y la violencia estética desde el espacio público
“Los medios de comunicación son los principales culpables de las violencias estéticas actuales”
El festival canario Cuerpos de Orgullo desafía la gordofobia y la violencia estética desde el espacio público
Mogares Doyân transforma su lucha personal en un proyecto colectivo que visibiliza la violencia estética en todas sus formas. Cuerpos de Orgullo (anteriormente llamado Orgullo XXL), es un festival que busca ocupar espacios públicos para generar conciencia y apoyo mutuo, resignificando la palabra gorda y cuestionando un sistema mediático que legitima los cuerpos que entran dentro del canon de belleza mientras margina al resto.

Retrato de Mogares Doyân. Ilustración hecha por Maravillas Espín Guirao
Pregunta: ¿Qué es Orgullo XXL? ¿Cómo surgió la idea de crear Orgullo XXL y en qué medida está vinculado a la lucha contra la gordofobia?
Respuesta: Orgullo que XXL es un festival internacional que nace para erradicar la violencia estética y la gordofobia. Este año justamente tuvimos que hacerle un cambio de nombre a la marca y llamarlo Cuerpos de Orgullo, porque en las ediciones anteriores (esta es la cuarta que vamos a realizar) la gente lo confundía, por desgracia, con un solo tipo de orgullo, que es el orgullo LGTBIQ+. Que está maravilloso y es genial porque además es algo que también trabajamos de manera transversal dentro del festival, pero también pone en juicio por qué la palabra orgullo solamente se tiene que resignar a pertenecer a una parte de la población y no poder apropiarse de su significado para otras luchas u otras violencias que también sufrimos las personas disidentes, como es en este caso, la violencia estética y la gordofobia.
Además, una violencia estética que parte desde un paraguas mayor, que es la violencia machista, patriarcal y masculina. La violencia estética está vinculadísima al tema de la gordofobia porque la gordofobia es un ítem que pertenece a la violencia estética. La violencia estética engloba todo: la gordofobia, el capacitismo, las personas racializadas y cualquier tipo de disidencia corporal que no entre dentro de ese canon de belleza impuesto.
La gordofobia es una palabra que en España se acuña realmente a principios del siglo XXI y lo hacen dos autoras principales: Magdalena Piñeiro e Itziar Castro, quien fue de las primeras actrices dentro del mundo de los medios de comunicación que realmente comienza a hablar de la palabra “gordofobia”. Entonces, la vinculación del festival con la gordofobia no es más que sacar un término específico del propio paraguas de la violencia estética, que a su vez deriva de la violencia machista y patriarcal. Creemos que es importante hablar de las luchas concretas que sufren las personas gordas, porque hay muchas luchas que se atraviesan que son, sobre todo, luchas silenciadas.
Cuerpos de orgullo nace por una rabia propia. Hace un par de años me encontraba en un momento de debilidad que me hacía sentir soledad. Yo pertenezco al colectivo LGTBIQ+ por la letra G. Entonces, eso también hace que recibas muchas violencias: el rechazo por tu cuerpo gordo, por estrías, por tu cuerpo peludo, tu pluma… Entonces, te sientes inacabada, incompleto o siempre esperando una felicidad que llegará cuando seas una persona superdelgada o superestética. Siempre entrando dentro de un canon y olvidándote de todas las variables. Entonces, dentro de esa rabia interna, de esa soledad y de ese llanto, necesitaba buscar personas en mi entorno cercanas con las que pudiera hablar de este tema. Así que decidí que lo que yo podía hacer era lo que me gusta, gestionar eventos. Entonces, así fue como pensé en crear un espacio público que fuera lo más seguro posible y quise dinamizarlo a través del ocio pero también desde lo formativo para encontrar a iguales con quienes pudiésemos compartir experiencias. De esta forma, te acabas dando cuenta que las experiencias que creemos individualizadas son bastante colectivas, son experiencias que todos, todas y todes sufrimos. Entonces, de ahí nace el festival de Orgullo XXL, para poder encontrar iguales en un espacio público y no desde la soledad de nuestras casas.
P: ¿Dirías que este festival nace como respuesta a una falta de espacios seguros y representativos para cuerpos gordos?
R: Sí. Aunque depende de dónde nos movamos. Yo pertenezco a una zona rural de Tenerife de 9000 habitantes o un poquito menos, que está a 10 minutos de las grandes ciudades de la isla. Y eso es un handicap para encontrar espacios seguros o espacios de mayor libertad para los cuerpos disidentes o para cualquier otra disidencia.
El Festival de Cuerpos de Orgullo surge de un precedente que ya existió en Canarias y que nació del propio gobierno de Canarias. Estoy hablando de las Jornadas Internacionales sobre Gordofobia y Violencia Estética. Estos eventos se realizaron durante tres ediciones, pero siempre en la zona metropolitana u online. Entonces, nunca vemos las zonas rurales o las zonas menos urbanitas dinamizadas con estas temáticas, lo que hace que los espacios más que sean seguros, sean hostiles. Porque cuando tú estás en un espacio tan pequeño o reducido, al final entre todos nos conocemos y eso hace que la seguridad sí esté, pero lo que no está es la asertividad. Entonces, es un espacio muy hostil. Bajo la confianza de conocerlo, se prestan a realizar muchas violencias como el “muchacho te lo digo por tu bien” o argumentos de salutismo.
El dinamizar el festival en un espacio como El Sauzal ha propiciado que personas de la ciudad, de la península o de otros países, vean en un entorno tan pequeño, un espacio muy abierto. Y yo creo que eso es importante porque también se enlaza con muchas luchas o discursos interseccionales.

Fotografía cedida por Mogares Doyân. Evento realizado en el Festival Cuerpos de Orgullo
Después del Instituto Canario de Igualdad (ICI) nosotros tomamos el relevo. Ellos fueron los que hicieron las primeras Jornadas Internacionales de Violencia y Gordofobia. Sin embargo, era una cosa muy formal, muchas ponencias, muchas formaciones, una actuación musical y poco más.
Nosotros, lo que hicimos fue coger y transformar esa idea de formación, en algo que fuese atractivo, no tanto para el público que ya conocemos y estamos dentro de ese discurso, sino para esa gente que no lo ha escuchado nunca o que rechaza esta idea. Entonces, para poder hacer eso, lo primero siempre es ocupar los espacios públicos, porque si tú lo relegas a encerrarlo en una sala cultural, en un teatro o en un edificio con puertas y paredes, tú estás, de manera inconsciente, acotando el espacio para un X número de personas. En cambio, si llevamos a este tipo de eventos a espacios abiertos, públicos y de tránsito donde pasan todas las personas, les guste o no la idea que están viendo; lo que estamos haciendo es crear una revolución. Sin embargo, también lleva una consecuencia para las personas que hacemos este tipo de cosas y es recibir mucho rechazo. Pero creo que eso también entra dentro del discurso y del lenguaje porque pone en cuestión la necesidad de tener que crear esto.
Entonces, una vez que nosotros creamos el festival vimos que empezaron a surgir muchos otros movimientos que, aunque existían antes que nosotros, empezaron a cambiar su paradigma. De esta forma, dentro de la península comenzaron a surgir muchos eventos antigordofóbicos y festivales. Lo que pasa es que son acciones que se quedan en algo efímero, en algo puntual, que van desde lo escolar hasta eventos en los que te tienes que apuntar para ir. Y yo creo esto tiene una razón de ser, es una cuestión objetiva de números. Tradicionalmente, las mujeres han sido el principal objetivo de la violencia estética y de la gordofobia. Después de todo eso, en nuestra sociedad compuesta desde una mirada binarista de hombre y mujer, hay muchas variables y esas variables son las incidencias poblacionales. Y las incidencias poblacionales también son objeto de sufrir este tipo de violencia y de opresión. Entonces, cuando se parte de esta premisa, lo que debemos tener en cuenta es que quienes menos nos escuchan son los hombres. No todos los hombres, pero estos componen el gran porcentaje de personas que intentan no escuchar este discurso, minorizarlo, ridiculizarlo o creer que son esto son cosas de locas y de cuatro maricas. Esto sucede porque hemos sido educados en una sociedad muy heteropatriarcal en donde el hombre como espectro es lo que va en la pirámide y todo lo demás está debajo.
Por ejemplo, no es lo mismo ser un hombre negro que un hombre blanco. Al igual que no es lo mismo ser un hombre negro gay que un hombre blanco gay. Por supuesto que el hombre blanco gay está por debajo del hombre blanco heterosexual, pero es que el hombre negro está todavía mucho más por debajo. Entonces, al final lo que vemos es todo eso. Existe una autora llamada bel hooks que habla mucho de las luchas interseccionales, eso quiere decir que todo aquello que queremos erradicar, se debe de hacer siempre desde la raza, el sexo, el género, el territorio, lo cultural y lo social. De esta forma, al tomar todos estos espectros para valorar las diferentes luchas que nos atraviesan, vas creando un paradigma mucho más amplio porque vas viendo de qué forma se compone la sociedad y de qué forma puedes atajar o atacar aquello que tú quieres trabajar.
Entonces, volviendo al espacio público, este es quizás el único punto donde hoy en día confluyen todas las realidades interseccionales. Aquellos que no estén de acuerdo y vean una mayoría dentro de ese espacio, van a tender a huir del lugar, porque lo que hacemos siempre es huir de aquellos espacios públicos que sentimos que no son parte de nuestro entorno.
La violencia estética engloba todo: la gordofobia, el capacitismo, las personas racializadas y cualquier tipo de disidencia corporal que no entre dentro de ese canon de belleza impuesto
P: ¿Qué formas más sutiles o cotidianas puede adoptar la gordofobia que a veces pasan desapercibidas?
R: Desapercibidas pasan, por ejemplo, los asientos de los aviones, los asientos de los trenes, de los autobuses (las guaguas) … Cualquier asiento en el que tú pienses tiene una violencia estética interiorizada por el hecho de querer que todos los cuerpos encajen en ese tipo de asientos. De hecho, tú vas a un avión y si quieres tener un asiento un poco mayor por comodidad, tienes que pagar más. Además, se llaman asientos XL, reforzando aún más la palabra XL, lo que puede ser un lenguaje negativo o positivo, dependiendo de la mirada de quien lo lea y el punto en el que se encuentra. Para mí eso es una de las formas en las que la gordofobia está presente sin que nosotros nos demos cuenta. Pero lo mismo podemos encontrar con las camillas de los médicos, que tienen un tamaño estándar y no son tamaños adaptables que puedan modificarse según las diferentes necesidades y estaturas. Por ejemplo, una camilla tiene unos dos escalones para poder subirte a ella, por lo que, ya no pensemos solamente en una persona gorda, sino en una persona coja. ¿Cómo puede acceder sin tener que sentirse agobiado o agobiada para subirse a la camilla? Esto es otra forma de invisible de sufrir violencia estética o violencia corporal. Por otro lado, la de la ropa es la más notable, porque va por tallas y es la que más atacamos. Pero piensa, por ejemplo, en los antiguos anuncios de McDonald’s y los comentarios que surgen a partir de esos anuncios. Esos lenguajes secundarios que van saliendo de ahí, son otras formas invisibles de gordofobia. Las puertas de las casas, por ejemplo, son estándares y si encajas bien y si no también. Entonces, para mí esas son las formas menos notables, pero del día a día de las personas que diferimos de esa norma.

Fotografía cedida por Mogares Doyân. Evento realizado en el Festival Cuerpos de Orgullo
Cuando yo pido sillas para los eventos pido siempre un tipo de silla sin reposabrazos, ancha y que aguante peso, porque el mayor miedo que sufrimos las personas gordas y las personas que tenemos un tallaje no normativo es que la silla se nos rompa. Porque eso le pasa a una delgada y no sucede nada, la culpa era de la silla que no estaba bien sujeta y todos a preocuparse del bienestar de quien se haya caído. Pero eso le pasa a una persona gorda y la primera mirada es que si tuvieras más delgada no te pasaba esto o si hicieras deporte no te costaría tanto levantarte. En este caso, la culpa no es de la silla que estaba endeble y tenía un plástico antiguo que no se ha renovado en 20 años, la culpa es tuya porque tú no has bajado de peso. Entonces, la culpa cambia de bando.
Si le dices a alguien que piense en un payaso, en alguien patoso, en alguien feo, la gente va a imaginarse personas gordas. En Disney, todas las principales villanas son mujeres gordas, feas o amargadas. Hombres hay pocos y los que hay tienen un cuerpo generalmente normativo, excepto en Pocahontas, que el villano es un supergordo, vanidoso y glotón. Eso es otra forma de educar, desde pequeños nos enseñan donde encajar y dónde no, qué disimular y qué no. Seguramente a todos nos ha pasado el estar en una foto familiar y que alguna tía o madre, porque siempre son mujeres, suelte el comentario de “Ay sácame delgada” o “espera que me pongo de esta forma para que no se note el michelín”. Y es como: Señora, mire, el cuerpo es el cuerpo y si usted sienta a una delgada, una gorda, una flaca o una coja, le va a aparecer el michelín porque el cuerpo tiene pliegues y es flexible. Tenemos tan interiorizado que cuando estamos sentadas tenemos que estar todas estilizadas sin que se nos note nada, como si lleváramos un palo con silicón adentro; que no somos conscientes de la naturalidad de nuestro cuerpo.
Por otro lado, si tú eres una persona gorda y bajas de peso, la gente te refuerza positivamente, lo que aumenta el pensamiento de angustia de no poder volver a subir de peso, porque entonces me van a reforzar negativamente y cómo voy a volver ahí cuando me han dicho que ahora luzco bien y antes no estaba bien. Además, cuando esto sucede, cuando se baja de peso, hay una sensación de no saber quién eres ahora, de sentirte fuera de lugar por no tener ya ese cuerpo. Y yo creo que esto es cuestión de autocrítica. Hay que entender que al igual que estamos luchando para que las personas gordas no tengamos que sufrir violencia, también es importante que seamos conscientes de que cuando una persona cambia de forma física, no hay que prejuzgar, sino que hay que ver por qué pasó, qué sucede y por qué lo hace.
Yo creo que la transformación física va a estar durante toda nuestra vida. Nada permanece inmutable, todo cambia. Entonces, el cuerpo tenemos que aceptarlo como naturalmente es. Y ahí es donde creo que se tiene que erradicar la violencia estética, la gordofobia y cualquier tipo de violencia corporal. Si comprendes que tu cuerpo es natural y quieres tomar una decisión sobre él, tiene que ser sin ningún tipo de presión externa. No tienes que comer mejor por bajar de peso, porque eso es gordofóbico, eso es una gordofobia interiorizada a causa de la cultura de la dieta. El comer mejor o peor va mucho más allá de una cuestión de salud, es una cuestión económica. Cada uno se paga la comida que puede. A todas nos encantaría poder comer un buen pescado, carne o si somos vegetarianas o veganas comer unas verduras de muy buena calidad y más ecológicas. Pero el bolsillo es el que es, los trabajos son los que son y algunas veces no queda más de otra que tirar de los procesados y de la bollería industrial, porque es lo que el bolsillo puede operar. Y no hay que criminalizar a las personas que lo hacen porque la economía prima por encima de nuestra vida. La salud que tienes es en base a la economía que tienes.
Entonces, dentro de esto, es importante entender que si una persona decide hacerse operaciones estéticas, por ejemplo, por una cuestión artística, como el “pibe” que se tatuó todo su cuerpo y que se hizo una operación estética porque le gustaba, está bien. Pero no creo que las personas que se ponen pechos, se hacen abdominoplastias o este tipo de cosas superagresivas, lo hagan por una cuestión artística, sino por una cuestión estética y ahí es a donde voy. Yo creo que eso es lo que hay que evitar, que lo hagas por esa razón. Si tú lo haces porque te da curiosidad, te apetece o eres una loca del coño y quieres hacerlo sin ningún tipo de presión, creo que ahí es donde tú estás tomando la decisión de manera objetiva. Pero por desgracia esa no es la norma, ni siquiera es el planteamiento mayoritario y social. La gente toma esas decisiones de cambio físico por presiones externas no planteadas ni cuestionadas. Que en este país se lee poco y se piensa poco es verdad.
Esto es igual que cuando la gente habla de comercio justo. Yo soy el primero que me encantaría consumir más productos locales y en la medida de lo que puedo, lo hago. Pero, la economía da lo que da. Entonces, creo que, por ejemplo, a las personas gordas o a las personas en general, se les criminaliza mucho por comprar en Shein o en Ultra Fast-Fashion. Que yo soy el primero que lo criminaliza, obviamente, porque hay una cuestión mucho mayor que el cambio climático. Pero por economía o simplemente porque no encajo en la ropa, no siempre es posible ir a tiendas locales, y yo me tengo que vestir, porque desnudo a la calle no me dejan ir, aunque quisiera, de verdad que quisiera, pero no me dejan. Así que ¿de qué me he visto? Pues no me queda de otra que tener que buscar en Shein, en ASOS o en tiendas que sí se han preocupado en hacer ropa de mi talla. Entonces, yo creo que eso también es otra forma de violencia invisibilizada, violencia estética y otra forma, también, de culpar a la persona que es sujeto de violencia.
Cuando tú eres una persona que sufre violencia continuamente, tú interiorizas la violencia de la que eres objeto, la normalizas y consideras que ese es el discurso normal. Pero cuando puedes tomar conciencia (si en algún momento tienes la opción de tomarla), te analizas y te planteas lo que está pasando alrededor. Entonces, primero te deprimes y después buscas soluciones para ver qué puedes hacer dentro de lo que está en tu mano. Y después te das cuenta de que en tu mano hay poco, por desgracia, pero lo poco que hay lo puedes hacer.
“Yo creo que vamos a empezar a ver una nula representación, no solamente de cuerpos no normativos, sino de todo aquello que difiera de lo normativo”
P: Además de hacer eventos como Orgullo XXL trabajas como fotógrafo, filmmaker y también haciendo marketing, por lo que conoces el poderoso mensaje que los medios audiovisuales pueden llegar a transmitir a las personas que los consumen. ¿Qué papel crees que juegan los medios audiovisuales en la construcción del imaginario gordofóbico?
R: Los medios de comunicación juegan el principal papel en todo, de ellos parte todo lo demás. En antaño, el medio de comunicación eran las revistas pequeñas de moda que se repartían en la alta burguesía o la aristocracia, quienes eran todos los que vestían la moda del siglo XVIII- XIX. Desde que llegó la imprenta estas revistas fueron un supermedio.
Si pasamos al siglo XX- XXI, ya empiezan a aparecer la radio, la televisión y todas las demás vertientes. Entonces, los medios de comunicación pasan controlarlo todo, porque son la herramienta principal de consumo de todo el mundo.
Hoy en día el mayor medio de comunicación ya no es la televisión, sino las redes sociales, y ahí es donde reside el peligro de todo esto. En la televisión, por lo general, siempre aparecen personas que han pasado por una formación para poder estar en ese puesto de trabajo. En cambio, con las redes sociales le estamos dando altavoz a cualquier persona. Por un lado, esto está genial porque nos permite tener mucho más accesible la información. Pero por otro lado, es un peligro porque la información no se contrasta, no se evalúa, no se piensa, sino que se consume. ¿Y qué ha ido pasando? Pues como todo, un consumo de masa.
Entonces, ¿cómo interfiere esto en la gordofobia y la violencia estética? Pues gracias a ello, nos abre la veda a las personas que luchamos con discursos antigordofóbicos. Sin embargo, también se la abre a la otra parte social, quienes se sienten con el derecho, bajo la palabra de “libertad”, de poder opinar de manera violenta, agresiva y poco asertiva sobre los cuerpos o sobre el contenido que hacemos. No es lo mismo una publicidad que hace una persona gorda Instagram o en cualquier otra red social, con la que puede hacer una persona delgada. Los comentarios que reciben ambas son muy diferentes. A la gorda le dicen que baje de peso mientras que para la delgada son todo alabanzas. Entonces, se perpetúa este hecho desde las redes sociales.

Fotografía cedida por Mogares Doyân. Evento realizado en el Festival Cuerpos de Orgullo
En cuanto a los medios de comunicación convencionales como la televisión, si tú piensas en las presentadoras o presentadores. ¿Quiénes son? ¿Cuántas personas negras hay? ¿Cuántos en silla de ruedas? Estos medios siempre han perpetuado de manera inconsciente o consciente las violencias estéticas en general. Lo que pasa es que cuando algo se va viendo en todas partes y se va tratando sin crítica o sin reflexión, de manera muy coloquial, tú vas normalizando ese lenguaje porque lo consideras “lo normal” y así te acaba afectando hasta el punto de que piensas que si eso es lo normal, tú no entras dentro de esa normalidad. Si yo no encajo esa talla, en ese canon o si no cumplo con esas perspectivas de piel y cuerpo. El problema soy yo y no lo demás. Entonces, ahí es donde reside la culpa.
Los medios de comunicación son los principales culpables de las violencias estéticas actuales. Ellos han cogido un patrón social e histórico que ya traíamos de antaño. Mira, en el siglo XIX hubo un cambio de paradigma en el vestuario masculino y femenino. El vestuario masculino era muy colorido, lleno de terciopelos, de lentejuelas, de brillos y de un montón de cosas. Cuando empieza la Revolución Industrial a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, la vestimenta evoluciona. El hombre comienza a usar colores más oscuros y ropas más simples, pero no por cuestión de moda, sino porque para desempeñar los trabajos que tenía que hacer no podía llevar esos colores porque se les ensuciaba o se rompían la ropa. Así que, por una cuestión de lógica, si yo tengo que trabajar en la minería, no voy a ponerme un traje de color, tendré que ponerme una ropa se manche menos para después poder volverla a usar.
La mujer, por el contrario, pasa a ser la que representaba la riqueza del marido. Entonces, cuanto mayor fuera la crinolina que llevaba (un cancán exageradísimo) más rico era el marido. Sin embargo, lo que pasaba es que eran tan grandes las crinolinas que no podían comer porque no podían alcanzar la bandeja para comer. Así que usaban unas pinzas gigantescas para acercarles la comida a la boca. Esto se tradujo en la muerte de muchas mujeres, también por culpa de los corsés tan apretados que usaban para lograr esa figura de “reloj de arena”. Entonces, esto fue una forma de violencia estética de la época que incluso hoy en día, la podemos seguir encontrando. Por ejemplo, en la Comunidad Valenciana, las falleras llevan un corpiño súper ajustado para remarcar la figura y esto está basado en los vestidos del siglo XVIII y XIX. Por otro lado, con el traje de hombre es mucho más fácil moverse. Que en este caso, aunque sea muy colorido, lo más incómodo que lleva es el botín. La mujer no, ella lleva los colores, las enaguas, telas muy pesadas que les impide caminar y tacones muy incómodos.
Entonces, de toda esta herencia cultural de la moda se han ido nutriendo los medios de comunicación. Así que por haberla seguido perpetuando y legitimando, son los principales culpables de las violencias estéticas que sufrimos la sociedad.

Fotografía cedida por Mogares Doyân. Evento realizado en el Festival Cuerpos de Orgullo
P: ¿Cómo crees que está el panorama audiovisual actual en cuanto a la representación de cuerpos “no normativos”?
R: Hace unos 5 o 6 años tuvimos un cambio de paradigma en los medios de comunicación y en las pasarelas de moda, debido a que los cuerpos normativos se empezaron a visibilizar de manera positiva, normal, tranquila… Pero desde hace un par de años la inflación ha ido subiendo y los productos de calidad o de primera necesidad han ido aumentando de precio, siendo cada vez menos accesibles. Esto se ha visto afectado también en la moda. Debido a la subida de precios han empezado a reducir en tela, por tanto la talla XL, que en España era en patronaje unos 50 cm, ahora es una 40–30 cm. Entonces, los cuerpos gordos empiezan a desaparecer nuevamente y se les comienzan a representar en los medios de comunicación como algo malo de lo que hay que alejarse, donde no debemos estar y que es “repulsivo”. De esta forma, hemos vuelto otra vez a empezar a ver cuerpos hiper delgados o hipertrofiados, por el exceso de ejercicio, y los tomamos como objetivos de culto social.
Pero esto pasa con todo. Cuando hay un avance en una materia más invisibilizada se busca la forma de acallar esa lucha, y ahora mismo, creo que lo están consiguiendo. La representación en los medios de comunicación de los cuerpos no normativos vuelve otra vez a ser nula. Hay muy pocos. Vuelve otra vez la eterna juventud, la mujer con pechos grandes, caderas anchas, pero superdelgadas, y femenina, pero con los valores tradicionales. El hombre, en cambio, tiene que ser un superhombre que lleva el pan a casa. Estamos viendo esos valores política, cultural y socialmente.
En el marketing, por ejemplo, este es el primer año que yo he visto que no hay “pinkwashing” en empresas como Apple, Adidas, KFC, McDonald’s… que siempre ponían su icono con la bandera del LGTBIQ+ en el mes del orgullo, este año no la pusieron. Este año no hubo representación LGTBIQ+ en las altas esferas económicas mundiales, y eso es un lenguaje invisible comunicativo, que te dice cómo está yendo la sociedad cultural. Entonces, yo creo que vamos a empezar a ver una nula representación, no solamente de cuerpos no normativos, sino de todo aquello que difiera de lo normativo. Y aunque la representación de cuerpos diversos en los medios de comunicación antes no es que fuera excesiva, ahora es que ya es nula. Estamos dando pasos atrás en los medios comunicativos en representación.
A las personas gordas siempre se nos ha dicho que nuestro éxito llegará cuando seamos delgadas, sin embargo, para las personas gordas que hemos estado en el punto de ser superdelgadas, ese éxito nunca llegó. Y es una felicidad no resuelta. Entonces, ¿cuál es la recompensa por haber cumplido el canon?
P: ¿Crees que el discurso sobre diversidad corporal está siendo apropiado de forma superficial, como una moda o por grandes multinacionales sin cambiar realmente las estructuras?
R: Es un tema complejo, pero yo creo que las modas tienen su parte positiva, porque gracias a ellas, se permite avanzar en el discurso. Yo no voy a olvidar nunca cuando Amancio Ortega hizo una colección en Zara de camisas con discursos muy feministas. Ahí hubo un gran debate social, cultural y en los medios de comunicación. Porque se decía que se estaba lucrando de lo que hacían las activistas, y es verdad. Se lucraba él y todas, las activistas también. En mayor intensidad o menor intensidad, pero todos nos estábamos lucrando de eso. Porque los proyectos públicos también se financian en base de la oleada. Es que es así. Tú como asociación feminista consigues X dinero este año según como esté la oleada feminista, porque aunque son temas que son necesarios, para una gran parte de la sociedad no, porque las bases sociales son machistas y heteropatriarcales, por desgracia.
Entonces, que sea una moda, ¿es negativo? Pues depende, porque para los activistas que no tenemos un altavoz tan grande esto nos permite llegar a la gente que nunca ha reflexionado sobre este tema. Entonces, pueden estar en contra o a favor, pero por lo menos lo han pensado. Así la moda te permite que la sociedad pueda verlo. La parte negativa es que cuando la moda se acaba también termina la representación. Pero yo creo que ahí es donde tenemos que ser autocríticos y reflexivos. Sabiendo que la moda puede ser una herramienta que podemos usar para comunicar, nuestro papel debe ser jugar de manera inteligente con esa herramienta y luchar para que cuando esa moda se acabe, lo que ya hemos hecho, siga siendo una base que ya siente precedente. Entonces, la moda no está bien, pero tampoco está mal. Es una herramienta más dentro de un sistema que no vamos a poder cambiar.
P: ¿Qué tipo de reacciones ha generado el Orgullo XXL? ¿Te has encontrado con apoyo, rechazo, prejuicios…?
R: Esto hay que desengranarlo por partes. Apoyo institucional sí, porque gracias a las instituciones está el festival celebrándose. Pero ese apoyo ha ido cambiando de paradigma. El Ayuntamiento de Sauzal de manera pública apoya este tipo de movimientos y luchas y esto es algo que hay que poner en valor. El apoyo de instituciones públicas es importante porque son las que en España hemos hecho que salvaguarden nuestro sistema de bienestar. Gracias a lo público tenemos médicos, un sistema donde estudiar, donde vivir y todo. Aunque esté sostenido por pinzas muchas veces. Entonces, desde el Ayuntamiento del Sauzal siempre ha habido apoyo. Aunque yo siempre les digo: “ustedes me apoyan, pero después celebran una gala infantil de reina y míster.” Pero bueno, son estructuras que son difíciles de cambiar.
Después, por parte del gobierno de Canarias, sí se apoyó el proyecto en las dos primeras ediciones el evento. Sin embargo, hubo un cambio de paradigma político en el gobierno y las puertas que nosotros teníamos abiertas se cerraron. Nosotros siempre nos financiábamos por la Dirección General de Juventud del Gobierno de Canarias y esa puerta no se volvió a abrir. Ni siquiera nos contestaron. En cambio, con el Cabildo de Tenerife, especialmente desde el área de Igualdad y Diversidad, nos hemos sentido muy acogidas y apoyadas, y encontramos las puertas abiertas desde el primer momento. De hecho, ellos también tuvieron ese cambio de paradigma político porque tanto el partido del Cabildo como el del Gobierno de Canarias es el mismo. Y eso es lo paradójico.
En cuanto a encontrar apoyo por parte de otras asociaciones, tengo una lanza en contra de una asociación LGTBIQ+ de la isla. Ya que, aunque hace una labor increíble y gracias a ella se ha avanzado mucho en materia diversidad en las islas; no le ha abierto la puerta a Cuerpos de Orgullo y ha rechazado de manera pública participar en el proyecto para no relacionar la gordofobia con el colectivo LGTBIQ+. Y esto es algo que yo no entiendo, ya que a mí me gusta trabajar de manera interseccional. Puedo llegar a comprender que como asociación no quieras posicionarte en todas las luchas, por cuestiones gubernamentales y de organización interna, pero no lo entiendo. Es decir, lo comprendo pero no lo entiendo. Aún así eso ha sido una, porque hay otras asociaciones que si que están y participan en el festival de una manera u otra.

Fotografía cedida por Mogares Doyân. Evento realizado en el Festival Cuerpos de Orgullo
A nivel social, sí que nos hemos encontrado mucho rechazo, sobre todo por parte de hombres. Por ejemplo, celebrando el festival, estaba la bandera LGTBIQ+ colgada y un señor, que además era director cultural, nos dijo que por qué mezclábamos la lucha del colectivo LGTBIQ+ con las personas gordas. Otro momento más grave fue cuando, durante la celebración del festival, un señor que iba con su familia (y lo que más me dolió fue que tenía a sus hijos pequeños delante) nos gritó en plena plaza: “¡Bajen de peso, putos gordos! Yo estoy bastante contento con mi barriga y no tengo que hacer nada”.
En redes sociales también recibimos muchos comentarios, mayoritariamente de hombres, del estilo: “Es que están haciendo apología a la obesidad”; “Esto es una enfermedad cómo lo pueden normalizar”; “El cabildo no tiene otra que hacer que dejarse el dinero en cosas que van en contra de la salud”; “¿Cómo se les ocurre hacer este tipo de cosas, pero es que no lo piensan?”. Son muchos los comentarios que recibimos todos los años de ese estilo y yo siempre los intento eliminar, porque el espacio tiene que ser seguro. De hecho, hay personas que nos han dicho que no vienen al festival porque no se han reconciliado con su cuerpo ni con la gordofobia que han sufrido, por lo que no pueden ir a una plaza a hablar de eso o a escuchar a gente hablar sobre eso. Entonces, si estamos intentando hacer un espacio seguro, pero tú entras al perfil del festival y encuentras ese tipo de comentarios, pues te tira para atrás. Así que por eso, esos comentarios no los vas a encontrar en el perfil, porque desde que los recibo los borro. Hay algunos que sí lo hemos puesto en la historia de Instagram, para también hacerle entender a la gente que por ese tipo de comentarios es necesario que el festival siga hacia adelante.
En cuanto a colaboradores, en alguna ocasión nos ha sucedido que, al conversar con alguien, rechazara participar en el festival porque utilizábamos la palabra “gorda”. Para esa persona, el término resultaba estigmatizante y consideraba que era un intento de normalizar algo que para muchas personas es doloroso. Pero, precisamente, de eso se trata: de resignificar la palabra. Al igual que las personas que somos homosexuales hemos cogido la palabra maricón y le hemos redefinido para que no sea un insulto y no nos duela. La palabra gorda es un adjetivo como es ser flaca, lo que pasa es que se han encargado de darle una connotación negativa. Entonces, ese es el tema, hablar de nuestros cuerpos y describir nuestros cuerpos, sin la necesidad de sentirte menos por no tener esos adjetivos que se suponen que son positivos. Ser gorda, ser flaca, ser coja, ser funcional… son adjetivos que la connotación se la das tú como persona. Entonces, ahí está el poder.
En general, hay más apoyo que rechazo. La gente viene, participa y de verdad es que estoy sorprendidísimo con la cantidad de apoyo y de gente que está encantada de participar. Y de verdad que el apoyo es mucho mayor. Que a lo mejor de 100 personas, los comentarios negativos vienen de 10, lo que pasa es que hacen mucho ruido y eso molesta. Pero bueno, este ya va a ser el cuarto año que se celebra el festival y ya hasta tenemos perspectivas para el quinto.
P: ¿Qué papel pueden jugar el arte, la música o los eventos culturales como Orgullo XXL en la lucha contra la gordofobia?
R: El arte, la cultura y todo lo que tenga que ver con lo creativo tiene el papel principal de cambiar, no solamente el paradigma de la estética, sino cualquier paradigma social y cultural. Si nosotros empezamos a hacer reflexionar a la población desde la imagen, incluyendo imágenes de manera orgánica, sin inclusión forzada, esto permite que todas las personas podamos estar y representarnos. Creo que no somos conscientes del gran poder que tenemos como personas para comunicar y realizar cambios. Pensamos que los cambios sociales solamente pueden venir desde las instituciones públicas y lo vemos como algo lejano a nosotros. Sin embargo, todo lo que tenemos hoy en día de derechos ha sido gracias a todas las personas que entendemos el poder que tenemos, nos juntamos y hacemos las cosas. No obstante, el problema está en que generalmente luchamos de manera individualizada y no entendemos que lo importante es hacerlo de la mano. Por eso tenemos que empezar a trabajar entendiendo que todo lo cultural, lo artístico y lo visual se tiene que hacer en conjunto y no de forma individualizada.
P: ¿Qué le dirías a alguien que siente que su cuerpo no tiene cabida en los espacios sociales o culturales actuales?
R: No sé si podría decirles algo, la verdad, porque al final el proceso psicológico y de evolución de cada persona es suyo y te puede llevar toda la vida o te puede llevar poco. Eso depende de las herramientas de cada persona.
Esto es como cuando alguien dice que se siente feo y todo el mundo le responde que es guapo. Si tú no lo ves, no lo vas a ver. Entonces, por mucho le digamos, no hay manera, porque eso es un trabajo personal. Hay unas dolencias que esa persona entiende más que tú, porque son sus historias, sus traumas y es su vida. Entonces, es algo que tiene que sanar poco a poco. Pero sí le diría que: Antes de pensar que tu cuerpo como individuo no tiene cabida, piensa si el cuerpo de los demás tampoco cabe. Es decir, ¿Tu dolor es tuyo o es colectivo? Si tú ves que tu cuerpo no cabe, el de la otra persona tampoco cabe. Esto te ayuda a entender que tu realidad no es única sino que es compartida por muchas personas.
Entonces, a estas personas sí les diría que intentaran revisar su lenguaje interno porque el cómo te hablas es lo principal. Si tú te hablas de manera negativa y consideras que no encajas porque así te lo han enseñado, entonces es tu verdad. Por eso, mientras sientas que eres de esa forma, busca otra manera de hablarte. Usa el mismo lenguaje que usarías para hablarle a otra persona que no conoces o incluso a tu madre. A ella no le dirías “Gordísima, eres muy fea”, sino que buscarías las palabras menos hirientes para que no se sintiera mal. Y en caso de que sí que fueses capaz de hablarle así a otra persona, quizás deberías revisarte corazón.
Por tanto, revisa el lenguaje con el que te estás hablando para que no te hagas daño, porque tú eres el que convives día a día con tu persona. No te digo con amor, pero sí con asertividad. Yo creo que lo importante de todo esto es que a mí no me obliguen a querer mi cuerpo, porque a lo mejor yo no quiero querer mi cuerpo, sino que quiero entenderlo como esa herramienta que me permite respirar, estar vivo y disfrutar de lo que a mí me gusta. Creo que hay un cuchillo de doble filo en todo el activismo corporal y es el: “Ama tu cuerpo, ámate”. Y no. Es que a lo mejor no quiero quererme, entonces, no me obligues a quererme porque eso es algo muy abstracto, subjetivo y que tiene muchas connotaciones. Yo lo que quiero es entender mi realidad, aceptarme y estar a gusto con lo que soy o con quien soy sin mucho más juicio.
Entonces, lo que podría decirle es: “Tu lenguaje interno es importante. En este espacio te vamos a querer cuando tú estés preparada. Si no te sientes preparada, lo entendemos. Por eso dime de qué forma necesitas que estemos para poder ayudarte o que te sientas acompañada.” Pero más allá, creo que es muy complejo y a veces más que ayudar, hacemos daño.
Por otro lado, también es importante aceptar que tú nunca vas a encajar en ese canon en el que quieren que encajes. Por eso, si consigues aceptarlo es cuando tú te permites vivir sin la preocupación de encajar o de hacer todo lo posible por encajar en ese lenguaje. Si yo ya sé que no encajo, que no soy guapa y no tengo un cuerpo normativo. Entonces, ya podré ir a la playa sin que me preocupe mi cuerpo y podré vivir mi vida como realmente deberíamos vivirla, sin tener que estar pensando en ese constante lenguaje agresivo que nos implica. Porque yo, sabiendo los estándares que hay, no me interesan, porque me van a hacer daño.
[embed]Entrevista Mogares.mp3 *Audio completo de la entrevista drive.google.com*
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