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Los últimos héroes de la península

Una nueva perlita en el mar del cine mexicano, queridos cinéfagos.

El umbral · 2024-08-10 08:24 · 0 claps · 3.6 min read
#cine #box #deportes #cultura #pelicula
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Los últimos héroes de la península

Queridos cinéfagos, desde el asombro y el gozo tras haber encontrado una perlita en el agobiante mar del cine mexicano, les escribo para intercambiar algunas palabras acerca de un documental del lejano 2008 dirigido por José Manuel Cravioto sobre la vida en el retiro de cinco leyendas del boxeo yucateco, relegadas al olvido y a ser, como decía Napoleón en Para Vivir, polizontes de los barcos del recuerdo.

Miguel Canto, Juan Herrera, Guty Espadas, Freddie Castillo y el hijo del fallecido Lupe Madera, protagonizan este compendio testimonial que nos adentra en la vida de estos gladiadores tan lejanos del ring como de los aplausos y vítores que en antaño enaltecieron sus carreras boxísticas. La cámara antigua se adentra en las tradiciones pugilísticas mientras es impactada por los golpes de los guantes rotos y del tiempo mismo.

Hay sagacidad en el documental, no hay tiempo para sentarse a hablar desde la cronología obsoleta; prioriza las anécdotas y las frases de impacto de estos excampeones mundiales que dejan atrás los archivos para rememorar, con lucidez, el legado que amasaron con el paso de las décadas y la disciplina que les alejó de los vicios, tanto como fue posible.

Cartel de la película.

Cartel de la película.

Y es que la película tiene la misma pasión que aquél joven Miguel Canto que se presentó a su primer pelea sin haber tenido una preparación profesional pero con muchas horas de pegarle a un costal encima, entendiendo las medidas necesarias de perseverancia y fortaleza para llegar al éxito porque, como dice Freddie “El Loco” Castillo, para boxear “hay que tener hambre de todo”.

Tras el visionado, quedé genuinamente impactado por el poder de la memoria y la capacidad que el boxeo poseía en el siglo pasado para movilizar masas y crear fenómenos mediáticos de gran calibre, que movilizaban a los jóvenes a los gimnasios para comenzar el mismo camino de sus héroes, con la esperanza de llegar a ser, algún día, tan grandes como ellos.

Es toda una gozadera observar y escuchar el material original de las peleas con las narraciones espontáneas de los cronistas deportivos y el ajetreo de los espectadores que dejaban encargado el control de sus emociones a los peleadores que estuvieran discutiendo algún título de renombre. Y es que no podría existir esta experiencia nostálgica (que funciona aunque uno esté lejano al mundo del box, pues contiene esbozos desinteresados y curiosos de sus protagonistas) sin un Caronte que guíe la barca y que se ve representado en “Juanito” Herrera.

Uno de los protagonistas dle filme, en los tiempos de gloria, la época dorada.

Uno de los protagonistas dle filme, en los tiempos de gloria, la época dorada.

Juan, con taxi y gorra, se moviliza entre las calles de Mérida para desenmarañar toda una vida de impactos y uppercuts que, como bien dice Armando Ramírez en su libro (de obligada lectura para todo ocioso chilango) Tepito: funciona gracias a que “la sombra del enemigo se vuelve un fantasma que todas las noches me atormenta a la hora de mis sueños, y me veo como si los golpes que me tira son golpes que nunca podré resbalar…”.

No hay descanso para el boxeador activo, pero los protagonistas adolecen de lo contrario, de una pasividad que extraña el sonido de la última campanada y la sensación del puño levantado que es la verdadera satisfacción del pugilista, de acuerdo con testimonios de este documental. El largometraje vive preguntándose cuestiones vitales acerca de la vigencia de la fama, de su duración, de sus efectos, del respeto por el ring y el oficio, del metodismo del entrenador marxista.

Los últimos héroes de la Península es un ejercicio exploratorio de los universos de significados de los seres humanos; este estreno mantiene su proeza en el acercamiento, que a veces necesita del romance y en otras ocasiones de la crudeza franca, en vivir el ahora y en los encuentros de pórtico que resultan en invitaciones al hogar en el que la familia del boxeador vivió momentos de nerviosismo ante las palizas recibidas por el ser querido.

El director de la película en las IV Jornadas de Antropología Visual de 2008.

El director de la película en las IV Jornadas de Antropología Visual de 2008.

“Los marcianos”, excampeones simultáneos, entonces son parte de algo que no habla únicamente del deporte sino de la realización en la vida, del honor y la resignificación existencial del ring y del dolor físico, relegado ante tal descarga periódica de adrenalina. A veces, el trabajo de Cravioto me recordaba a lo que María José Cuevas hizo en 2016 con Bellas de noche, bajo esta línea comparativa entre la época dorada y las temporadas venideras en las que la bonanza ya había partido hacia otros nuevos talentos.

¿De qué diablos se acuerda la gente? De lo espontáneo, de lo momentáneo. Acordémonos de esta película documental para continuar teorizando acerca del box como arma política y/o herramienta de rehabilitación para la juventud cercana a los abismos de las adicciones y los caminos pérfidos de la existencia mexicana.

Cinéfagos, caminen por la playa con Los últimos héroes de la Península y disfruten con ellos el paseo por las selvas paradisíacas y traicioneras del pasado triunfal.


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