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Abrirle paso a la intuición en un mundo que solo valora la racionalidad

En la vida hay situaciones que nos retan a utilizar más el corazón que la cabeza

Maria Paulina Marulanda · 2026-03-09 19:18 · 2 claps · 4.0 min read
#intuition #intuición #racionalidad
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Wiki topics: FT · Fine-tuning & Adaptation

Abrirle paso a la intuición en un mundo que solo valora la racionalidad

En la vida hay situaciones que nos retan a utilizar más el corazón que la cabeza

En mi vida, y creo que en la de muchas personas, siempre ha existido esa dicotomía de ser una persona en extremo apasionada y al mismo tiempo estricta y reflexiva. Esto me ha llevado a tener grandes pasiones que arden por dentro pero que nunca llego a exteriorizar, o a desear algo con mucho fervor y renunciar silenciosamente a ello sin que nadie nunca se entere. Son situaciones solitarias, a veces trágicas, pero que se pueden soportar cuando uno cree que vale la pena, porque ganó la parte racional del argumento, porque no dejamos que nos controlaran los impulsos, y eso nos da cierta tranquilidad de haber elegido bien.

Por muchos años creí que la mejor respuesta a una situación venía de poder aislar mis emociones lo mejor posible para luego reflexionar, sopesar los pros y los contras, el daño y las consecuencias, y así tomar una decisión final que podría llamar “objetiva”. Es solo recientemente que he podido cuestionar esta certeza; un encuentro inesperado, la muerte de un ser querido, o una conversación sincera, son situaciones que no podrían sacar provecho de una respuesta racional. Existe una tercera opción aparte de los dos extremos de sucumbir a las emociones o ignorarlas totalmente: aprender a identificarlas y analizarlas.

Y claro que estaba equivocada; la negación de lo que sentimos no es racional, y lo racional tampoco nos asegura una respuesta objetiva universal. Las emociones y la parte instintiva de nuestro ser viene de siglos de evolución que nos han ayudado a adaptarnos, sobrevivir y aprender de las experiencias de la vida. Es irracional evitar sentir, por más doloroso que sea, e impedir que el cuerpo asimile la información completa que tanto necesita.

Las emociones son la respuesta primaria ante cualquier situación, e ignorarlas es lo más fácil porque entonces evitamos que nos dominen y no necesitamos aprenderlas a gestionar. Es además un ejercicio de autoengaño: las emociones influyen en gran medida en nuestra “racionalidad objetiva” porque incluso sin darnos cuenta, la conclusión a la que llegamos está una y otra vez influenciada por conceptos predefinidos que reforzamos creando argumentos que los justifiquen. El ser humano no tiene la facultad de ser del todo objetivo.

Pruebas de esto último están por todas partes. Un estudio científico en 2020 muestra que incluso el idioma mismo influye la forma en que tomamos decisiones y nuestros juicios de valor, pues el idioma materno está mucho más ligado a recuerdos emocionales que nuestro segundo idioma. Otros estudios de 2020 muestran que el color de los ojos no solo influye en la impresión que tienen los demás sobre nosotros, sino que también altera su sistema de recompensa. En general, el cerebro busca atajos que le permitan llegar a conclusiones más rápido para ahorrar energía sin que nos demos cuenta.

En la vida cotidiana experimentamos situaciones que no entendemos: a veces entramos a un lugar y queremos salir corriendo, a veces hablamos con alguien y sentimos que “no nos da buena espina”, y aunque decidamos ignorar estas sensaciones porque no las entendemos, siguen influenciando nuestras decisiones. Acá hay una diferencia clave que debemos hacer: la intuición y los prejuicios son dos cosas totalmente distintas. No se trata de hacer caso a los prejuicios solo porque también están conectados a los sentimientos. Se trata de poder gestionar los sentimientos para que no nos gobiernen ni nos nublen la razón, y llegar a conocer nuestra intuición a tal punto que podamos usarla a nuestro favor.

Estuve buscando técnicas para diferenciar de forma más clara la intuición de los prejuicios, y la única conclusión que me pudo convencer es la siguiente: no se trata de la respuesta, sino de la eterna duda. Es decir, cuando logremos identificar una emoción, lo importante es siempre hacernos la pregunta a nosotros mismos, ¿Es esto un sesgo que tengo? y aunque posiblemente habrá mucho autoengaño las primeras veces, con la repetición y la práctica podremos ir respondiendo cada vez mejor, porque una duda genuina viene acompañada de una reflexión pausada, que nos ayuda a darle perspectiva a eso que sentimos. Y recalco que lo importante es la duda porque nunca, nunca, vamos a dejar de tener prejuicios, pero si dejamos de hacernos la pregunta entonces nunca los podremos identificar.

Una vez empiezas a dejar entrar las emociones, entenderlas, y saber de dónde vienen, es mucho más fácil poder decir lo hago porque siento que esto es lo correcto a pesar de que haya incertidumbre, o poder admitir que tenemos un prejuicio, para poder empezar a entendernos y librarnos de ellos (aunque nunca del todo), pues estos prejuicios se arraigan tanto a nuestra identidad que llegamos a defenderlos con violencia, nos llevan a querer controlar al otro en nuestro convencimiento de aplicar esa verdad absoluta. Podemos empezar a sentir de forma inteligente, sentir sin reaccionar de inmediato pero tampoco poniendo el freno, para que las emociones nos guíen en el camino a conocernos mejor y nos recuerden que somos humanos; que no tenemos por qué dejar de experimentar la riqueza y la diversidad de la vida que nos permite el hecho de sentir profundamente.

Y finalmente, cuando se logra convivir con las emociones, se llega a la comprensión de que son responsabilidad de nosotros y de nadie más, que nunca se pueden (ni se deben) controlar, pero al entenderlas y dejar de identificarnos con ellas esto ya no nos da miedo, sino calma. La conciencia de ellas es más corporal que intelectual, porque siempre son reflejo de lo que llevamos dentro, pero ya sabemos que son pasajeras: llegan, se reciben, se sienten, no siempre necesitan análisis y no siempre necesitan una reacción más allá del silencio, y se van.

“Feeling all your feelings is hard, but that’s what they’re for. Feelings are for feeling. Even the hard ones.” — Glennon Doyle


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