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Fromm y el miedo a la libertad

Hay ciertos libros que tienen la habilidad de hacernos despertar del letargo, y uno de esos libros fue, en mi caso, El miedo a la libertad…

Alicia · 2026-05-12 14:30 · 5 claps · 3.6 min read
#erich-fromm #libertad #psicoanálisis #psicologia #pensamientos
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Fromm y el miedo a la libertad

Credit: Juan Rulfo

Credit: Juan Rulfo

Hay ciertos libros que tienen la habilidad de hacernos despertar del letargo, y uno de esos libros fue, en mi caso, El miedo a la libertad, del psicólogo social y psicoanalista alemán Erich Fromm. Hace aproximadamente una década cuando lo leí me ocurrió uno de esos despertares o revelaciones: la falta de libertad –la dependencia afectiva, principalmente– en la que me había hundido a lo largo de mi vida en algunos de mis vínculos con los demás. Recuerdo vívidamente el dolor que me produjo verme reflejada e identificada en ciertos pasajes del libro relacionados con la sumisión emocional, pues acababa de atravesar una ruptura –la primera de mi vida– de una pseudo relación con tintes «masoquistas». Sin embargo, es precisamente el dolor que nos provoca este tipo de lecturas –y experiencias vitales– el motor de muchos cambios importantes en nuestras vidas.

Hace unos días mi hermano me pidió que le recomendara y prestara algún libro, y El miedo a la libertad me pareció acertado, ya que había dejado una huella en mí imborrable, aunque no recordara exactamente el contenido casi una decena de años después de su lectura. Se me ocurrió entonces ojearlo, y caí en el capítulo quinto, titulado «Mecanismos de evasión». Recuerdo que fue justo aquel que más me marcó por la lucidez con que abordaba cómo el ser humano rehuye su libertad a través de mecanismos como el autoritarismo, el sadismo y el masoquismo. Abrí el libro por una página aleatoria y encontré este pasaje fascinante:

«la persona considerada normal en razón de su buena adaptación, de su eficiencia social, es a menudo menos sana que la neurótica, cuando se juzga según una escala de valores humanos. Frecuentemente está bien adaptada tan sólo porque se ha despojado de su yo con el fin de transformarse, en mayor o menor grado, en el tipo de persona que cree se espera socialmente que ella debe ser. […] Por otra parte, el neurótico puede caracterizarse como alguien que no estuvo dispuesto a someter completamente su yo en esta lucha […] desde el punto de vista de los valores humanos, este neurótico resulta menos mutilado que ese tipo de persona normal que ha perdido toda su personalidad».

Como persona que ha fallado repetidas veces en la tarea de encajar en el molde de la normalidad y que ha batallado con su salud mental a lo largo de varios años, he encontrado algo de alivio en este fragmento, aunque se trata de Fromm, y no por elogiar la resistencia del neurótico de someter su individualidad lo libera de toda crítica. No, pues a continuación asevera que

«por supuesto, su intento de salvar el yo individual no tuvo éxito y, en lugar de expresar su personalidad de una manera creadora, debió buscar la salvación en los síntomas neuróticos, retrayéndose en una vida de fantasía».

De aquí podemos inferir que una manera de salvarnos de ese neuroticismo es la pulsión creadora, el acto creativo. Además, según Fromm existen individuos que, no siendo neuróticos, tampoco han perdido su individualidad en el proceso de adaptación a la sociedad. Parece, pues, que no huir mediante la fantasía, pero tampoco renunciar a la individualidad y a la libertad personal, es la vía óptima para ser una persona sana y plena en una sociedad que dista de estos valores.

Otra de las partes más interesantes y profundas de este capítulo es la relacionada con el masoquismo y su reverso más inconsciente, racionalizado y peligroso: el sadismo. Si uno ha lidiado con una maldad inexplicable e inefable por parte de un semejante con el que ha tenido la mala fortuna de tropezar –esas personas que cambian el curso de la vida de uno a peor de forma intencionada–; si uno ha intentado encontrar palabras para dar cuenta de lo que le ha sucedido –pues hay experiencias humanas que rompen a uno, y se convierte en tarea harto difícil–, encontrará tal vez algo de sentido en las palabras de Fromm.

Según el psicoanalista alemán, uno de los mecanismos de evasión de la libertad del ser humano es el sadismo, categoría dentro de la cual distingue tres tipos de tendencias sádicas. Entre ellas se incluye «el deseo de hacer sufrir a los demás o verlos sufrir». De acuerdo con las ideas de Fromm, lo que el sádico busca es con frecuencia el dolor psíquico, aunque también a veces el físico. El objetivo primordial sería «el de castigar de una manera activa, de humillar, de colocar a los otros en situaciones incómodas o depresivas, de hacerles pasar vergüenza».

Fromm habla de algunas de las racionalizaciones que encontraría el sádico a la hora de justificar su mal hacer, y una de ellas es la de haber hecho mucho por su víctima, lo cual le otorgaría el derecho a exigirle a esta cualquier cosa. También menciona que el sádico puede emplear como racionalización el hecho de haber sufrido y haber sido herido, que le ofrecería una justificación para castigar a otros.

Subraya la dependencia del sádico respecto de su objeto, dependencia que pasa tal vez más desapercibida que la del masoquista respecto de aquel. Sin embargo, el sádico no puede vivir «sin alguna persona a la que pueda manejar como un instrumento pasivo en sus manos». Ademas, el sádico solo «ama» a aquellos sujetos sobre los cuales ejerce su poder, y los ama precisamente «porque los domina».

[1] FROMM, E., El miedo a la libertad, Paidós, Barcelona, 2016.


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