Hay belleza en los días grises
Llevo un poco más de cuatro meses viviendo en España. Desde mi último blog han pasado varias cosas; entre las vacaciones decembrinas y los…
Hay belleza en los días grises
Llevo un poco más de cuatro meses viviendo en España. Desde mi último blog han pasado varias cosas; entre las vacaciones decembrinas y los exámenes de enero, no había tenido tiempo para sentarme a organizar mis ideas.
No fue hasta hoy que, para sorpresa de muchos de mis lectores, estaba escuchando a Bad Bunny y encontré inspiración. Ahora explico mi punto. Recientemente, uno de sus álbumes se convirtió en el primer álbum en español en ganar un Grammy y, al recibir el premio, de cierta forma sentí que me lo dedicaba a mí cuando dijo: “Quiero dedicarle este premio a todas las personas que tuvieron que dejar su tierra natal, su país, para perseguir sus sueños”.
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A partir de todo este furor en torno al Grammy, decidí volver a escuchar su música y me puse a reflexionar sobre lo mucho que han cambiado mi vida y el mundo desde el primer álbum completo que escuché de él en 2020: *YHLQMDLG. En ese entonces estaba comenzando mi grado en Ciencias de la Comunicación y, de hecho, llegué a hacer algunos trabajos en equipo analizando este fenómeno musical. Después, en 2022, cuando salió [Un Verano Sin Ti](https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_l3rT1z1t11Pn6CugxRd3ZxQQOpWGqzUMU&si=7g2RyIQ0z2l4zXhK), fue el año en que me fui de intercambio a Oporto, y esas canciones marcaron esa etapa de mi vida. Y ahora, en la era de [DTMF](https://youtube.com/playlist?list=PLRW7iEDD9RDT_19SQk3uKFkJUCA_uGr7Y&si=FzqZVlWA-qVWxbze)*, el álbum galardonado, me embarqué en el camino del máster en España. Aunque este álbum en particular no me resonó tanto, no pude evitar reflexionar a partir de él.
Cómo ha cambiado la vida desde 2020 — un año de mucha frustración, en el que quería comerme al mundo y que siento que fue apenas ayer — hasta este 2026: mis sueños, mis objetivos, mi visión del mundo, mis amistades y mi entorno. Y, siendo más puntual, cómo es que la vida me trajo a León; un lugar que por el nombre sabía que existía y que quizá, por esa misma razón, me generaba curiosidad por conocer algún día, pero en el que nunca imaginé vivir y mucho menos estudiar el máster que estoy cursando ahora. Soy fiel creyente de que las cosas pasan por algo y confío en que la vida me trajo aquí con un propósito
Después de todo este preámbulo, ahora sí, viene la actualización: ¿qué ha sido de mi vida estos meses?
Diciembre fue un mes muy lindo. Viví mi romance navideño, tuve la oportunidad de volver a Oporto, pasé tiempo con mis amigas y, como cereza del pastel, recibí el mejor regalo de Navidad que podía pedir: mi familia vino a pasar las fiestas conmigo.

Fue un mes encantador, pero también intenso, ya que recorrimos varias ciudades de España, del norte al sur y de regreso.
Me reencontré con mi familia en Burgos y de ahí pasamos el fin de semana en el País Vasco. Después yo volví a León para mi última semana de clases y, un par de días más tarde, nos volvimos a encontrar: les mostré la ciudad y fuimos de ida y vuelta a Valladolid para visitar a un amigo de mi papá.
Desde León partimos rumbo al sur y, sin saberlo, recorrimos la Ruta de la Plata. Pasamos la Nochebuena en Sevilla, entre zambombas, palillos y panderos; Navidad en Cádiz, donde me reencontré con María y Jesús, amigos que hice en Oporto; también nos aventuramos a pasar un par de días en África — Ceuta y una visita de un día a Marruecos —. Recibimos el Año Nuevo en Málaga y el Día de Reyes en Madrid.
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Finalmente regresamos a León, donde partimos el roscón de Reyes (muy rico, por cierto) con mi familia de México y mi familia de León — Alex, Mayra y Bruna —. Fue un encuentro muy bonito
Después de la euforia de las fiestas llegaron los días grises. Mi familia regresó a México y yo tuve que hacer y entregar un trabajo final en tiempo récord: tres días. Luego vinieron los exámenes. Un par eran muy teóricos y los otros más prácticos, pero se trataba de materias en las que mis conocimientos eran mínimos al inicio del máster y que durante el semestre me esforcé muchísimo para comprender los temas y mantenerme al corriente. Irónicamente — o tal vez no tanto, considerando el esfuerzo invertido —, en esas materias que más me costaron fue en las que obtuve mejores notas.

Este primer periodo de evaluación fue bastante duro para mí. Me ponía muy nerviosa no conocer bien la forma de evaluar aquí. Ahora sé que los exámenes duran cerca de tres horas y que deben contestarse con mucho texto. Además, anímicamente no me encontraba del todo bien y el clima no ayudó mucho: después del increíble viaje y de haber disfrutado la compañía de mi familia durante un mes, su ausencia y la distancia volvieron a doler. Tampoco estaba preparada para el sistema de calificaciones, donde un 5 es aprobatorio y un 10 es muy difícil de obtener. Llegar a casa después de un día pesado, cansada, con hambre y frío y encima tener que preparar la comida, me hizo recordar y valorar el calor de hogar y el sazón de mi mami.

Afortunadamente, aprobé todas mis materias en la primera convocatoria. Esos días duros ya pasaron, pero me sirvieron para darme cuenta de que no estoy sola: que, a la distancia, tengo el apoyo de mi familia y amigos, y que aquí en León tengo una nueva familia que me sostiene y me apapacha en los días difíciles (sí, se me salieron un par de lagrimitas al escribir esto).
Si llegaste hasta aquí, agradezco que me leas. Crecer también duele, pero quiero que recuerdes que hay belleza en los días grises y calor incluso en los días fríos.

León, 2026
메타데이터
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- 2026-08-02 14:08:28