MI VIDA CON PÁEZ
Me contó que nació en el 63, que viene de dos ríos que dan al mar y que la vida es una moneda. Me avisó que en esta puta ciudad todo se…
MI VIDA CON PÁEZ
Me contó que nació en el 63, que viene de dos ríos que dan al mar y que la vida es una moneda. Me avisó que en esta puta ciudad todo se incendia y se va, que nadie puede vivir sin amor y que no hay que hacerse de enemigos que no estén a la altura del conflicto. Me confesó que estuvo tranquilo pero herido, que un hombre se hace fuerte cuando se decepciona y que es muy difícil arreglar un mundo donde todos llevan la razón.
Claro, no hizo falta juntarnos en un bar, compartir un asado o mandarnos mensajes por WhatsApp para saber todo eso.
Gracias a él, descubrí a Prince, Liliana Herrero y Bob Dylan. Me interesé por Roberto Arlt, Charles Bukowski y Alejandra Pizarnik. Y busqué discos de Caetano Veloso, Mercedes Sosa y Elvis Costello.
Tampoco fue necesario reunirnos en alguna casa, hacer un viaje juntos o compartir alguna materia en la facultad.
Él puso las canciones en mi walkman, en mi reproductor de mp4, en el primer iPod, en los teléfonos móviles que fui cambiando y en mi cuenta de Spotify. Él me cantó al oído, soportó mi voz tapando la suya y se bancó dignamente poner el rostro en alguna desgastada remera.
Con los años vamos reuniendo una colección de convicciones, una de las mías es simple, clara y tal vez pequé de naif, pero no me importa: las canciones acompañan nuestra vida.
Y cuando hablo de las canciones de mi vida, estoy hablando de Fito Páez.
Fui a verlo muchísimas veces (y cuando digo “muchísimas”, digo muchas en serio desde la despedida de Circo Beat en el Monumental hasta su participación en el Festival Buena Vibra), tengo todos sus discos (y cuando digo que “tengo todos sus discos”, me refiero a que están físicamente en un estante) y leí cientos de entrevistas sobre él (tengo guardados recortes periodísticos que atesoraba en mi adolescencia).
El rosarino supo alentarme, aconsejarme y estimularme. Me sopló palabras para describir eso que no podía, me alentó a buscar aventuras, me contó qué era el amor antes de conocerlo y me enseñó que, a veces, todo lo que diga está de más.
Repito: las canciones acompañan nuestra vida.
Nos ayudan a canalizar y expresar sentimientos, nos dan ánimo y hasta nos ayudan a deprimirnos cuando estamos en busca de eso. Ellas atraviesan nuestras vidas, nos remiten a épocas, lugares y personas. Tenemos la suerte de disfrutarlas, compartirlas y usarlas a nuestro favor (¿quién nunca regaló una canción?).
El Mundo Cabe En Una Canción, nos dijo Páez tiempo atrás. Nuestras historias están repletas de canciones. ¿Qué no podemos contar mediante una canción? En mi caso, puedo asegurarles que tengo una canción del rosarino para cada etapa de mi vida.
No conozco personalmente a Fito, nunca tuve la oportunidad, pero… ¿alguien puede asegurarme que no nos conocemos?
Nahuel Billoni escribió el libro digital gratuito Todas Las Mañanas Que Viví — 63 datos sobre Fito Páez. Dirige el sitio web Incont (www.incont.com.ar ) y hace “cosas”.
Puede descargarse el libro en el siguiente link:
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Publicada en El País Digital
메타데이터
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