“I don’t belong here”: comparación entre Bartleby, el escribiente y El extranjero
Sujetos del absurdo en la literatura
“I don’t belong here”: comparación entre Bartleby, el escribiente y El extranjero

Sujetos del absurdo en la literatura
La filosofía del absurdo es una corriente existencialista que trata sobre la contra razón de todo cuanto existe, es decir, de un sentimiento de revelación de la realidad dice (Benítez, 2018): “Nos damos cuenta de que todas nuestras elaboraciones de sentido, ideas, filosofías etc., no son otra cosa que construcciones propias, cuya función consiste en hacer habitable un mundo que, en realidad, jamás podremos conocer de manera absoluta” (p.22). A partir de este velo con el que se entiende la existencia, encontramos obras como El extranjero (1942) y El mito de Sísifo (1942) del autor francés Albert Camus; La Nausea (1938) de Jean-Paul Sartre y posteriormente El túnel (1948) de Ernesto Sábato.
Dentro de esta lista de obras y autores propongo incluir a Bartleby, el escribiente (1853) de Herman Melville. Aunque el canon literario considere a Bartleby, el escribiente precursor del movimiento existencialista, el objetivo de esta ponencia es evidenciar las semejanzas de los personajes Bartleby de Melville como de Meursault de Camus, puesto que con este último nace la corriente del absurdismo o filosofía del absurdo a un siglo después de la creación del primero.
Estas similitudes y diferencias propondrán la elaboración e identificación de personajes dentro de una literatura con visión al absurdismo, entendiendo que el absurdo camusiano dice (Soberanis, 2010) “De ahí que el ser humano tenga como imperativo configurarse así mismo, construir su moral e intentar encontrar un sentido de sí que de todas formas sabe imposible” (pág. 1).
El texto consta de dos partes en las que se expondrá las similitudes y diferencias de los personajes Bartleby y Meursault, quienes se encuentran dentro de la filosofía existencialista y del absurdo a pesar del gran estrecho de tiempo que hay entre las dos obras. Después ampliaremos el panorama hacia una generalización de actitudes de los personajes. Esta investigación se basará en artículos académicos sobre análisis literarios de ambas figuras, al igual que de la relación del existencialismo y su consecuente, el absurdo.
Sujetos detonadores
La primera similitud que encuentro de estos dos personajes es que ambos trabajan en una oficina, sus vidas son totalmente comunes y productivas, no hay en ellas mayor dificultad hasta que surgen los detonadores. El uno y el otro desautomatizan una estructura que se conoce como “ley universal”, y que el lector puede presenciar o intuir, lo explica (Cántaro, 1952): “la intuición de un primer principio, la intuición de un hecho y la intuición de la repugnancia entre ese principio y ese hecho” (pág.17). Dicho de otra manera, un acto volverá inadecuado y extraño su contexto en ambas obras.
En primer lugar, Bartleby, es un hombre del que no se sabe mucho ya que es presentado desde otra voz, en este caso el abogado quien lo describe así: “Puedo ver su figura todavía: pálidamente pulcra, lastimosamente respetable, irremediablemente desamparada. Era Bartleby” (Meville, 1856, pág. 29) Bartleby trabaja con gran desempeño como copista para el abogado. No había ningún inconveniente. Fue en una ocasión que se le pidió revisar un documento y a lo cual él respondió sin mayor reparo: “Preferiría no hacerlo” (pág. 31). Esta línea desarticula una respuesta de parte del abogado que reflexiona “Me quedé sentado por un rato en completo silencio, recuperando mis atónitas facultades” (pág. 31). ¿Qué debería hacer ante tal situación en la que el trabajador pareciera que no niega, pero tampoco acepta hacer su trabajo?
En segundo lugar, Meursault no asalta de imprevisto a algún personaje por su actitud, sino al mismo lector cuando inicia: “Hoy murió mamá. O quizá fue ayer. No lo sé” (Camus, 1942, pág. 21) La indiferencia frente a un suceso que se considera contundente resulta un extrañamiento, una falta de emoción, explora (Sánchez, 2015): “dicha característica nos permite ir un paso más allá del sensualismo y enriquecer así nuestra visión individual de la historia a partir del carácter específico del héroe” (pág. 80) El protagonista no actúa a manera del héroe, no se conduce como una constante de valores y emociones relacionadas con el tópico o la manera esperada de reacción ante los sucesos.
La filosofía del absurdo considera el “correcto actuar” a modo de mera invención, dice: “Así pues, el hombre debe comportarse como si existiesen principios y valores universales, aunque al fin de cuentas sus acciones o elecciones sean indiferentes para una realidad de suyo absurda” (Soberanis, 2010, pág. 2) Bartleby y Meursault no actuarán de forma predecible, estos escapan de la normatividad moral en menor o mayor medida. Son seres llanos que reconocen “las ficciones humanas” (Estrada, 2013), pero a quien solo Meursault renuncia.
Sujetos llanos: ¿tienen voluntad?
El personaje de Herman Melville procede de acuerdo con la línea que repite constantemente en toda la obra, “Preferiría no hacerlo”. Asimismo, aunque parezca un sinsentido, en el que se actúa y a la vez se niega, realmente solo está sujeto a una negativa, “Su preferir no, su querer no, su desear no, es paradójicamente una voluntad de negar” (Valle Vázquez & Jiménez García, 2014, pág. 17) Bartleby tiene voluntad, si bien sus objetivos son difusos, ¿para qué negarse a trabajar?, ¿es un individuo perezoso?, ¿es un sujeto antisistema? Sin duda alguna, pero ¿será ese su propósito?
La voluntad de Bartleby se puede considerar infantil, que depende de sus deseos momentáneos o de un epicureísmo puro, no obstante, con este personaje es difícil e incluso imposible entender su modo de conducirse. (Estrada, 2013): “La razón es sencilla: su comportamiento no solo es extraño, sino realmente fuera de los límites, fuera de las referencias, más allá de las orillas” (pág. 100) El abogado sentirá cierta condescendencia por Bartleby porque no sabe cómo proceder, dice: “Pero había algo en Bartleby que no sólo me desarmaba extrañamente, sino que además me conmovía y me desconcertaba de una manera asombrosa”. (Meville, 1856, pág. 33) Bartleby es un personaje al que no se puede acceder con facilidad.
Por otro lado, Meursault de Albert Camus se entrega a tres causas de su voluntad, “el disfrute sensual, la amoralidad y la pasividad” (Sánchez, 2015, pág. 81) Meursault cede constantemente al deseo, “En el agua encontré a María Cardona, antigua dactilógrafa de mi oficina, a la que deseé otro tiempo. Creo que ella también me deseó a mí” (Camus, 1942, pág. 35) A diferencia de Bartleby; Meursault responde a sus apetitos sensuales. Sin embargo, sigue siendo un personaje pasivo que se integra a las actividades mediante lo que decidan los demás personajes, María o Raymond.
La particularidad de la voluntad de Meursault es su amoralidad ante las situaciones. Su madre muere, no quiere verla, no llora, no muestra pena; su novia le habla sobre casarse, a lo cual no se emociona; su amigo es atacado por un árabe en la playa lo cual no le muestra mayor interés. Sin embargo, Meursault asesina a un hombre con una pistola por el simple hecho de que el sol le daba en la cara. Las circunstancias anteriores evidencian el rompimiento con las expectativas morales que se han construido en la sociedad.
La hipocresía social que tendrá que enfrentar Meursault la hemos establecido y dirigido nosotros como lectores, pues cuando hemos esperado una reacción propia del protagonista, una muestra de decisión y voluntad nos hemos sentido defraudados al ver que simplemente “actuaba”, conforme a la situación o la indicación de otros. (Sánchez, 2015, pág. 84).
Sujetos que identifican la expectativa y renuncian a ella
El absurdo como hemos visto anteriormente nos pone ante el mundo una nueva visión o, mejor dicho, una no visión del mundo.
Nos topamos con un derrumbamiento total de todos los conceptos que componían nuestra realidad personalizada. Ahora, la existencia se le presenta en su plena desnudez, sin artificios, vaciada de toda significación más allá del propio hecho de existir en el cual se ve inmerso irremediablemente. (Benítez, 2018, pág. 21).
De entrada, Bartleby es inaccesible, solo conocemos muy poco de él, por lo cual no podemos decir si rechaza las “ficciones humanas” con un propósito; su repudio se advierte al negar constantemente cualquier sugerencia o mandato. “El escribiente renuncia a todos los mundos, justos o injustos, porque su lugar no existe, su espacio no hace parte de lo concebible, no es un espacio de los hombres” (Estrada, 2013, pág. 101) Bartleby evidencia al lector la maquinación de valores, de cultura y de sistemas sociales que nos mueven, por eso él resulta un no-ser humano, incluso más allá de eso “no se identifica con nada” (pág. 102).
Meursault sí tiene identidad, sin embargo, carece de significado. El personaje acepta la consecuencia de sus actos, incluso cuando fue enjuiciado por el asesinato. Nada importa realmente para él. “La sentencia sería el resultado del juicio de un hombre que se siente extraño y ajeno al mundo, de un hombre que no cree en dios ni en el matrimonio, de su comportamiento particular, de sus hábitos egoístas, de sus actitudes hacia los demás; no del crimen que cometió” (Sánchez, 2015, pág. 89) Meursault es procesado por no pertenecer a la construcción del mundo en el que se espera la aflicción por la muerte de una madre; se alegre por una boda o una nueva amistad; o en un realidad en la que se sienta remordimiento por atender a las circunstancias, aunque estas sean las más extrañas.
Los dos personajes renuncian a la expectativa social, a los mundos posibles que son meras ficciones. La diferencia radica en que Meursault reflexiona las posibilidades, se cuestiona constantemente sin importar que cualquier opción resulte en vano. Morir o vivir. Ninguno de los dos tuvo elección, seguir viviendo es una imposibilidad para quien no pertenece a las realidades factibles.
Sujetos que nacen para morir o personajes del absurdo
A lo largo de esta ponencia hemos visto una constante en ambos personajes: el reconocimiento de las estructuras y construcciones del mundo, el cómo ser, el cómo actuar y el cómo identificarse. Tanto Meursault y Bartleby terminan enjuiciados y poco después muertos. Meursault lo acepta; Bartleby, nadie sabe. No obstante, ambos tenían que terminar así porque no encajan en una realidad de hombres y de ficciones. En resumen, el uno como el otro son extranjeros y no podían seguir vivos.
Estas características configuran a los personajes que identifican el trasfondo de su cultura y de su conducta como meras invenciones. La existencia no tiene sentido, es absurda, “la existencia humana se halla entregada a la muerte y a la nada” (Cántaro, 1952, pág. 167) Las acciones que los personajes realicen serán medidas por detonadores que extrañen el comportamiento humano en un mundo posible, en una sociedad de escribientes o de jurados en este caso.
Conclusión
A un siglo de diferencia, Albert Camus y Herman Melville crearon individuos participes de un mismo punto, el existencialismo. No obstante, El extranjero es considerado más del absurdismo. Herman Melville no escribió dentro de alguna de las dos corrientes filosóficas, sin embargo, fue antecesor del existencialismo con Bartleby, el escribiente. Los personajes de las dos obras cuentan con más semejanzas que diferencias, uno tiene una identidad y el otro vuelve explicito los deseos de su voluntad. En cambio, las similitudes en cómo terminan los personajes y su intervención en el mundo desde la pasividad vuelven una serie compleja de hechos a un no-pertenecer a las ficciones. Ambos niegan la “ley universal”, las expectativas que el ser impone sobre el ser. Uno y otro se movían entre el absurdo con o sin un camino.
Referencias
Benítez, L. M. (2018). Benítez Luis, M. (2018). El sentimiento de lo absurdo en Albert Camus: una revisión desde El Mito de Sísifo y El extranjero. Universidad de La Laguna.
Camus, A. (1942). El extranjero. Ciudad de México: Mirlo.
Cántaro, S. (1952). El absurdismo o filosofía del absurdo. Sistemas y puntos de vista filosóficos, 157–184.
Estrada, A. C. (2013). Bartleby o la política del caos. Hallazgos, 91–107.
Meville, H. (1856). Bartleby, el escribiente. ámbar cooperativa editorial.
Sánchez, O. V. (2015). El extranjero de Camus: algo más que el absurdo. Sincronía, 74–92.
Soberanis, H. (2010). La filosofía del absurdo de Albert Camus. A Parte Rei, 1–3.
Valle Vázquez , A. M., & Jiménez García, M. A. (2014). Bartleby, educador. Reflexiones sobre el nihilismo. revista de Filosofía (universidad iberoamericana), 13–27.
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