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Vos sos

No quiero escribir esto cuando no estés.

Nacho Cangas · 2026-05-16 14:19 · 0 claps · 3.3 min read
#amor #dolor #relato #perros
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Vos sos

No quiero escribir esto cuando no estés.

Pero tampoco quiero hacerlo ahora porque me adelanto a cosas que, si bien es obvio que van a pasar, todavía no pasaron. El futuro todavía no tocó la puerta, sino que seguimos estáticos y expectantes en este presente maldito en el cual nos refugiamos. Nos ataca y nos refugia al mismo tiempo, como la vida misma.

Además, en mi interior hay un odio que dedico a mí mismo por hacer esto: por buscar la tranquilidad en las palabras y no ir a abrazarte, a disfrutar de tu tiempo. Del que te queda. Me siento un egoísta que intenta dar lástima porque es lo que mejor le sale hacer. Pero después me tranquilizo, suelto el latigo y me lamo las heridas. Intento no insultarme, no lastimarme. Y así, en este preciso segundo, me doy cuenta que ese no es el debate al que me debo enfrentar — aunque tampoco debo enfrentarme a uno — : no es cuestión de si escribir o no escribir sobre vos. Ya que al entrar en esa inútil discusión conmigo mismo, esa pelea acalorada entre mi alma y mi mente, empiezo a hablar de otra cosa, de mí, y no de lo importante, de vos. Ahora quiero dedicarme exclusivamente a lo importante: a vos y a tu tiempo. Al que te queda.

El leve recuerdo de cuándo me enteré de todo se me aparece de pronto. Creo que estaba en la cocina charlando con mi vieja, o con mi viejo. No sé, no me acuerdo y odio no recordar esas cosas. No me puedo permitir olvidar momentos así.

Seis meses. De esas palabras sí que me acuerdo bien. Si bien hubo más oraciones en el momento, que me transmitieron tranquilidad luego de escuchar ese “seis meses”, por un motivo claro mi mente eligió quedarse con eso en particular: con lo que más golpea y lastima.

Hay días que te veo y me preocupo mucho, otros en los que te veo cansado y me asusto, te tiemblan las piernas y me alarmo, suspirás y me entristezco, me ves y me angustio. Lloro por dentro cada una de esas veces, y eso es lo que más me duele: la forma en la que yo proceso todo. Me encantaría que me salgan lágrimas, ser una viuda en un funeral y que no me alcanzen los pañuelos, a que el desahogo se quede a medio camino, a que se me forme el nudo en la garganta. Me encantaría que llores conmigo, pero sé que eso es imposible. Creo. No sé.

(por Steve Sanderson)

(por Steve Sanderson)

Una vez leí que, a vos y a los de tu especie, los abrazos les daban ansiedad — al igual que los “seis meses”, esas son otras palabras que me quedaron para siempre — . Así que cada vez que voy hacia vos con la intención de regalarte ese afecto humano, esa contención tanto para vos como para mí, repienso segundos antes de hacerlo. Entonces intento la manera de abrazarte sin abrazarte. De apoyar mi cabeza sobre tu panza y sentir toda tu respiración, de apoyar mi brazo entero sobre tu espalda y acariciarte, de que tus ojos se queden fijos en los míos y que ambos nos reflejemos en los del otro. Esos son los modos que encuentro.

Me pregunto, con una bien escondida intención masoquista, cómo será todo cuando ya no pueda abrazarte. Cómo será cuando abra la puerta y no me recibas vos, esperando un mimo o caricia; cuando tenga que salir a caminar todas las mañanas por el parque en soledad, y no bendecido con tu compañía; cuando tenga que seguir viviendo, pero con la muerte en cada esquina recordandome que me sacó una parte importante de vida. Me pregunto cosas que no vale la pena preguntarse, que se responden solas con el tiempo, que solo sirven para lastimarse a uno mismo, para exprimir mis sentimientos y convertirlas en este depresivo texto como si fuera un mercenario de mis propias emociones. Sin embargo, yo esas cosas me las pregunto igual.

También me preguntó cómo hiciste: cómo hiciste para no pronunciar nunca en la vida una sola palabra y aún así ser un refugio tan pero tan efectivo; cómo hiciste para aprender a hacer todas las cosas que nunca te enseñé a hacer, sino que las aprendiste vos solo; cómo hiciste para llegar en el momento justo y cambiar todo; cómo hiciste para escaparte y volver a tu hogar vos solo. Decime cómo.

También me preguntó por qué usé el pasado en ese último párrafo, por más que esté bien utilizado. Por más que todas estas palabras constituyan preguntas, hay una certeza absoluta: vos no le perteneces al pasado. Vos sos la perfecta representación del presente, como también de la sabiduría, de la calma, del juego y del amor. Tu recuerdo aún no existe, y eso me alegra demasiado. No fuiste; sos. Vos sos, y vas a ser siempre.


메타데이터
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