Gravedad
Todo un misterio.
Gravedad
Todo un misterio.
Calificada como fuerza débil, pero mucha energía se requiere para lanzar un objeto al espacio.
Una epifanía me despertó noches recientes. A pesar de que disfruto de la observación del cielo, la cosmología no es parte de mi formación académica. No sé por qué extraña razón me sacudió la mente el término “velocidad”. ¿Será la “velocidad” a la que se mueven los cuerpos celestes, una de las piezas del rompecabezas gravitacional?
La evolución del conocimiento del universo ha pasado por la ubicación del observador. Antes de Copérnico, lo que podríamos llamar la era Ptolomeica, la tierra estaba fija y todo se movía a nuestro alrededor. A decir de Santo Tomás, ver es creer. A todos les parecía obvio que todo lo demás era lo que se movía. Pero a la hora de las matemáticas, había una pequeña peculiaridad que no encajaba, los movimientos planetarios retrógrados. La solución empírica que encontraron fue, que algunos los planetas además de girar alrededor de la tierra, también giraban alrededor de un punto dentro de su órbita.
Luego vino una gran mente, que se salió de la caja y encontró una solución más plausible. Copérnico, tuvo la claridad para teorizar que, si se coloca el observador en el sol, todas las piezas calzaban en su lugar. También tuvo la prudencia de declararlo en su lecho de muerte, pero eso, es otra cosa.
Galileo apareció en escena. El más reciente invento de la época, el telescopio, incorporando mejoras de su propia cosecha, le permitió confirmar la nueva teoría, con evidencia producto de la observación directa. Todos contentos, menos Galileo y la iglesia católica, que demoraron en aceptar los hechos. Pero al revisar las piezas del rompecabezas de nuevo, quedó una pequeña pieza suelta, el pequeñito Mercurio, cuya órbita presentaba variaciones con modelo de Copernicano.
Otras grandes mentes aparecieron, profundizando el conocimiento astronómico y ampliando las herramientas matemáticas. Newton, Kepler y pare de contar, le dieron a la astronomía una base sólida. Hasta que llegó el rey de todos, Albert Einstein, conocido en Maracaibo cariñosamente como Beto el Alemán, el que le puso la guinda a la torta. Beto se fumó la lumpia de colocar al observador (él mismo) en un tren que se marchaba a una velocidad cercana a la luz, quien observaba el reloj de la estación y su reloj de bolsillo. El observador en el tren imaginario veía que su reloj marchaba normalmente, pero cuando miraba el reloj de la estación, este marchaba más lento. Esto es debido a que, la imagen proveniente del reloj de la estación avanza hacia el observador a una velocidad igual a la de la luz menos la del tren. Es decir, que el tiempo fuera del tren transcurre más lento para el observador dentro del mismo, por ende, el tiempo depende de la ubicación del observador. Einstein presentó su idea en muchos foros, mientras desarrollaba la base matemática de su teoría (que no era su fuerte), y por un pelo, un matemático que participó en una de sus conferencias no se le adelantó en la presentación de la ecuación final. El nuevo modelo fue probado durante la observación de un eclipse solar, donde se comprobó que el campo gravitacional del sol, desvió la luz de una estrella en correspondencia al valor teórico. Las nuevas ecuaciones permitieron determinar con precisión la trayectoria de Mercurio, nuestro viejo enigma Newtoniano.
Otra vez, todos contentos, peeero, siempre pero, ahora la nueva teoría no cuadra con el mundo cuántico, el mundo de lo chiquitico. Esta brecha impide la obtención de la ecuación que integre todas las fuerzas conocidas y nos muestre el funcionamiento del universo, la ecuación de Dios.
Dentro de las predicciones que trajo la relatividad, fue el inicio del universo, el tan famoso Big-Bang, en el cual, un gran huevo cósmico, que contuvo toda la sustancia existente, una mezcla de energía y un caldo subatómico, que estalló y las metrallas de esa explosión, corresponden al universo, tal y como lo conocemos hoy.
La epifanía que me despertó fue, ¿Qué pasaría si colocamos al observador en ese huevo cósmico? ¿Qué sería lo que vería? ¿vería que toda la materia se repartiría de manera radial? ¿Vería si la metralla se distribuye en forma homogénea o no? ¿Cómo sería la trayectoria de las esquirlas?
La visión que me apareció fue la que todo el universo está en movimiento, nada está en reposo. Me vino a la mente una definición de reposo en la cual el evento viaja a la misma velocidad que el observador. Después una imagen del sistema solar se asomó mostrando que solamente la gravedad existe en los cuerpos en movimiento, y que mientras que los cuerpos de mayor masa (mayor gravedad) se mueven a mayor velocidad que los más pequeños. También vi la constante de gravitación universal como una función de la velocidad de los cuerpos.
Nuevos avances, nuevas mentes resolverán el acertijo. El telescopio James Webb, con su gran capacidad para procesar el espectro infrarrojo, nos está mostrando una ventana al pasado, que permitirá una mejor compresión del cosmos. Otro gran aporte es la nueva unidad de tiempo, el Attosegundo (as), que es igual a diez elevado a la menos dieciocho segundos, que acrecentará el conocimiento sobre el mundo cuántico, donde quizás desaparezca el principio de incertidumbre de Heisenberg, una de las diferencias entre lo micro y lo macro.
Sabemos que el universo se expande, y también sobre los agujeros negros. ¿Terminará el universo en tumulto de ellos? Al final, ¿Colisionaran entre sí regenerando un nuevo universo? Quizás, de lo único seguro es que la humanidad no lo verá, pero sí lo podrá anticipar con la ecuación de Dios. Muchas gracias por su atención.
메타데이터
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