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Antes del texto 100

He escrito más que nunca y no he publicado casi nada.

BH%EXM%PE · 2026-03-21 19:20 · 0 claps · 5.8 min read
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Antes del texto 100

He escrito más que nunca y no he publicado casi nada.

No ha sido por miedo. No ha sido por flojera. No ha sido por falta de palabras.

Ha sido porque todavía no era tiempo.

Durante casi dos años este proyecto de escritura no ha sido una serie de textos sueltos. Ha sido otra cosa: una acumulación, un archivo vivo, una zona de pruebas, un lugar donde me he ido encontrando con cosas que no sabía que pensaba, con ideas que no sabía que estaba construyendo, con versiones de mí que todavía no estaban listas para salir al mundo.

He escrito muchos posibles textos 99. Demasiados. Como si el final no terminara de acomodarse. Como si algo siguiera moviéndose por dentro. Como si todavía faltara un golpe más de conciencia para dejar de ensayar y empezar de verdad.

Por eso este Texto 99 no es solo un número más. Es un umbral.

Porque el Texto 100 no será simplemente el siguiente texto.

El Texto 100 será el inicio del primer libro de EXCMO NOVACHRONO

Y quiero dejar esto claro desde ahora: todo lo anterior ha sido proceso, fractura, formación, ensayo, desfase.

No un error. No una pérdida de tiempo. No una confusión.

Un desfase.

El desfase entre vivir algo y entenderlo. Entre pensar algo y poder nombrarlo. Entre crear desde la herida y crear desde la estructura. Entre ser alguien que escribe y convertirse en alguien que ya sabe qué está escribiendo.

Este texto queda aquí como una marca de ese punto.

Porque si algo he descubierto en estos dos años es que no basta con tener intensidad. No basta con tener ideas. No basta con que otros te digan que eres inteligente. No basta con sentir que traes algo distinto por dentro.

Hay que entender qué hacer con eso.

Y quizá una de las cosas más duras que he entendido es esta: que una parte de mi vida no estuvo marcada solo por la falta de recursos, sino por algo más profundo y más violento: la falta de visión para comprender para qué servía aprender.

Eso es lo que deja plantado este Texto 99.

No como conclusión, sino como advertencia.

Porque después del 100 ya no quiero seguir escribiendo desde el mismo lugar. Después del 100 quiero empezar a mostrar otra versión de EXCMO. No necesariamente la final. No necesariamente la perfecta. Pero sí una versión con más tiempo encima, más estructura, más conciencia de sí misma y más claridad sobre por qué escribe lo que escribe.

Tal vez mi vida, comparada con la de otros, apenas está empezando.

Y precisamente por eso, esto apenas empieza.

Texto 99

La trampa del pobre no es no tener. Es no entender para qué sirve aprender.

Voy a decir algo que durante muchos años no habría podido decir sin sentirme menos.

Yo no entendía para qué servía estudiar.

No lo entendía.

No porque fuera tonto. No porque me faltara curiosidad. No porque no pudiera aprender.

No lo entendía porque una cosa es tener cabeza, y otra muy distinta haber nacido dentro de una realidad que te enseñe qué hacer con ella.

Ese es uno de los engaños más silenciosos de la pobreza.

La gente cree que la pobreza solo te quita dinero.

No.

La pobreza también te quita marco. Te quita contexto. Te quita lenguaje. Te quita la posibilidad de ver con claridad para qué sirve aprender algo que no produce dinero inmediato, defensa inmediata o supervivencia inmediata.

Entonces uno crece resolviendo. Improvisando. Adivinando. Trabajando. Inventándose funciones. Nombrando el mundo con las uñas.

Y a veces eso genera algo peligroso: la ilusión de que ya entiendes suficiente.

No porque realmente entiendas. Sino porque no te queda otra más que operar con lo que tienes.

Yo crecí así.

Con ideas. Con intuición. Con potencia. Con una manera intensa de mirar las cosas. Con la capacidad de hacer, resolver, crear, conectar puntos, lanzar proyectos, imaginar mundos, pensar distinto.

Y aun así, durante mucho tiempo, no entendí para qué servía estudiar.

Eso es durísimo de aceptar, sobre todo cuando los demás te consideran inteligente.

Porque ahí está la trampa: que te digan inteligente no te da estructura. No te da método. No te da profundidad. No te da orden. No te da visión.

Solo te da una especie de mito alrededor.

Y el mito no construye nada.

A mí me tomó tiempo aceptar algo que hoy me parece fundamental: yo era ignorante.

Y decirlo no me humilla. Me afila.

Porque no estoy hablando de una ignorancia ridícula, sino de una ignorancia real, estructural, profunda: la de alguien que puede pensar mucho, pero que no termina de entender cómo convertir ese pensamiento en sistema; la de alguien que puede imaginar demasiado, pero no siempre sabe cómo sostener lo que imagina; la de alguien que tiene hambre de hacer, pero no necesariamente tiene todavía el andamiaje para que eso se vuelva una fuerza acumulable.

Por eso empecé a certificarme.

No porque de pronto me volviera obediente. No porque me arrodillara ante la institución. No porque creyera que un papel me vuelve más valioso.

Empecé porque entendí algo que antes no veía: que hay estructuras que sí sirven.

Que hay conocimientos que no te domestican, sino que te afilan. Que hay formas de estudiar que no te apagan, sino que te ordenan. Que hay rutas que no te quitan identidad, sino que te permiten sostener lo que eres con más precisión.

Y desde que entendí eso, me dieron ganas de estudiar más.

Más. Más. Más.

No por ansiedad académica. No por prestigio. No por quedar bien. No por cumplirle a nadie.

Por hambre de comprensión.

Porque una vez que aceptas tu ignorancia de verdad, ya no puedes volver a fingir que con intuición basta.

Y ahí está una de las cosas más pesadas que he descubierto: hay gente que entra a la universidad porque puede. Porque sus padres la pagan. Porque su entorno ya la empujó a eso. Porque el camino estaba trazado desde antes. Porque estudiar nunca fue una pregunta existencial, sino parte del trayecto normal de su clase, de su contexto, de su casa, de su estructura.

No los culpo.

Pero tampoco puedo fingir que todos vivimos igual el conocimiento.

Hay quienes estudian porque siempre supieron que eso tocaba.

Y hay quienes llegamos tarde a entender para qué demonios servía estudiar.

Llegamos después de trabajar. Después de improvisar media vida. Después de construir sin plano. Después de darnos cuenta de que sí, podíamos lograr cosas, pero también de que estábamos levantando demasiado con herramientas incompletas.

Eso cambia todo.

Porque entonces estudiar deja de ser obediencia y se vuelve estrategia.

La escuela no me salvó. La universidad no me va a salvar. Ningún programa educativo me va a regalar una identidad.

Pero sería absurdo negar que estudiar sí puede darte algo brutal: estructura.

Y cuando vienes de una vida donde gran parte de lo que hiciste fue abrirte paso a golpes, la estructura no se siente como lujo intelectual.

Se siente como poder.

Poder para pensar mejor. Poder para ejecutar mejor. Poder para no desperdiciar tantas ideas. Poder para sostener una visión sin que se desarme por dentro. Poder para dejar de confundir intensidad con claridad.

Porque ese es otro problema: muchos de nosotros fuimos intensos antes de ser estructurados. Profundos antes de ser precisos. Creativos antes de ser consistentes. Visionarios antes de tener herramientas para sostener la visión.

Y luego la realidad te cobra eso.

Por eso hoy estudiar tiene otro sentido para mí.

No estoy estudiando para “ser alguien”. No estoy estudiando para que una institución me autorice a existir. No estoy estudiando para obedecer mejor. No estoy estudiando para volverme correcto.

Estoy estudiando para dejar de perder fuerza por no tener estructura.

Estoy estudiando porque entendí tarde algo que me habría cambiado mucho haber entendido antes: que aprender no solo sirve para saber más.

Sirve para volverte capaz de hacer existir mejor lo que piensas.

Y eso, cuando vienes desde abajo, no siempre te lo enseña nadie.

Porque la pobreza no solo consiste en no tener cosas.

También consiste en no saber cuáles valía la pena perseguir.

Hacia el texto 100

Si este Texto 99 deja algo claro, es que comprender tarde no significa comprender menos.

A veces significa comprender de verdad.

El 100 ya no será solo un texto. Será la primera apertura formal de Filosofías de EXCMO NOVACHRONO, Tomo 1.

Y después de todo este desfase, después de todos estos intentos, después de todos estos bordes, por fin empieza lo que tenía que empezar.


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